Historia por PPV

Fernando Villela Aranda


Parece que los siglos nos llegan diez años tarde. Como si nos tardáramos una década en acostumbrarnos a la nueva época o en que las causas del siglo anterior tengan sus efectos en el nuevo. Quizá el paso de un siglo a otro no es sino un cambio en la numeración y los cambios de etapas históricas, poco o nada, tengan que ver con la numeración. Ya sea coincidencia, designio divino, o sugestión psicológica popular; en México cuando llega la década de los 10´s los hechos decisivos inician.

Es por esto que desde los cartones de leche hasta los comerciales del gobierno, pasando por los torneos deportivos, todos conmemoran el bicentenario y centenario del inicio de la guerra de Independencia y Revolución mexicana. No discutiré, al menos ahora, la validez de la celebración, del término para los eventos históricos, de la unidad de los distintos movimientos, o sus resultados y repercusiones. Por ahora me interesa cuestionar la respuesta de History Channel al bicentenario del inicio de las guerras de independencia, no sólo de México sino de toda Hispanoamérica.

Unidos por la Historia es una exclusiva serie de 10 capítulos conducida por el historiador argentino Felipe Pigna y el escritor mexicano Pedro Palou. En ella se aprovechan algunos rasgos en común en la historia de países americanos para defender un Panlatinoamericanismo, que tiene como premisa básica que los estados latinoamericanos formamos un mismo pueblo. Más allá de las diferencias regionales, Latinoamérica puede ser considerada como una identidad común válida para todos los nacidos al sur del Río Bravo.

Me permito oponerme al Panlatinoamericanismo de dicho programa. Quizás sea posible sostener un Pansudamericanismo (cosa que encuentro difícil de sostener), pero los rasgos comunes entre México y las naciones del Cono Sur no alcanzan a formar una misma identidad. Además, considero que la historia de México estaría más ligada a su vecino del norte.

La primera diferencia es el origen étnico. Influidos por Vasconcelos y su “raza cósmica”, solemos creer que Latinoamérica constituye un mismo pueblo formado por la mezcla de los europeos y los indígenas. Niego dicha premisa por dos razones. En primer lugar, los términos “europeos” y sobretodo “indígenas” son muy amplios. Son radicalmente distintos los indígenas de Sudamérica que los presentes en México. Es más, los pueblos precuautémicos en Mesoamérica eran étnicamente distintos: mayas, masahuas, tolteas y náhuatls tienen los mismos rasgos comunes que tendrían sajones, germanos, eslavos y lombardos. Al mismo tiempo los europeos que llegaron a América son distintos; la presencia italiana en Argentina es mucho más fuerte que en Bolivia o Guatemala.

Por otro lado, la mezcla cultural no se dio igual en todos los lugares. En Bolivia el 70 por ciento de la población es indígena, en Uruguay casi no hay presencia indígena en comparación, y en Paraguay la mezcla se dio de modo tan natural y pacífico que no se usa el término “mestizo”. A esto hay que agregarle la presencia de los esclavos traídos desde África.

En resumen, la supuesta mezcla que se dio en lugares distintos, varía en sus elementos y  en la densidad de dichos elementos a mezclar. De ese modo no se puede hablar de un mismo pueblo como tal.

En cuanto a la historia, las coincidencias e influencia entre México y Sudamérica son menores a las presentadas entre México y Estados Unidos.

Es verdad que las luchas por la independencia de España iniciaron en el mismo año. Pero existen grandes diferencias:

En México no podemos hablar de un único movimiento de independencia.
En un inicio, Hidalgo no buscaba una independencia sino una autonomía respecto de Francia y regresar a la Nueva España a sus estatus de Virreinato, dejando su estado de Colonia. Como ocurría antes de la llegada de la familia Borbón a la corona española.
México no se vio realmente influido por las acciones de Simón Bolívar y el Congreso de Anáhuac sólo reunía y pretendía legislar a la Nueva España..
México es el único país donde fue el partido conservador quién logró la independencia.

A partir de ese momento la historia de México y Sudamérica se divide completamente. El siglo XIX y XX marcaron en Sudamérica la repartición del territorio entre los distintos Estados y dictaduras personales. Mientras que México sufrió el choque con EUA, el enfrentamiento entre liberales y conservadores y la dictadura de un Partido Único.

Un claro ejemplo de cómo no hay relación entre México y el Cono Sur se da en el siglo XX:mientras que los países del Sur enfrentaron al comunismo con dictaduras militares personales, a México su Revolución le dio un Partido Único que ha evitado el surgimiento de dictaduras personales.

No pretendo negar las similitudes entre los países de la América Española, sino negar un Panlatioamericanismo creciente. México tendrá, por su proximidad geográfica y la influencia que toda nación desarrollada infunde sobre sus Estados Satélites, más rasgos en común con los Estados Unidos que con Latinoamérica.

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