Da Vinci nos enseña buenos modales


“Estos son los hábitos indecorosos que un invitado a la mesa de mi señor no debe cultivar (y baso esta relación en mis observaciones de aquellos que frecuentaron la mesa de mi señor el pasado año):

  • Ningún invitado ha de sentarse sobre la mesa, ni de espaldas a ella, ni sobre el regazo de cualquier otro invitado.
  • Tampoco ha de poner la pierna sobre la mesa.
  • Tampoco ha de sentarse bajo la mesa en ningún momento.
  • No debe poner la cabeza en el plato para comer.
  • No ha de tomar comida del plato de su vecino de mesa a menos que antes haya pedido su consentimiento.
  • No ha de poner trozos de su propia comida de aspecto desagradable o a medio masticar sobre el plato de sus vecinos sin antes preguntárselo.
  • No ha de enjugar su cuchillo en las vestiduras de su vecino de mesa.
  • Ni utilizar su cuchillo para hacer dibujos sobre la mesa.
  • No ha de limpiar su armadura en la mesa.
  • No ha de tomar la comida de la mesa y ponerla en su bolso o faltriquera para comerla más tarde.
  • No ha de morder la fruta de la fuente de frutas y después retornar la fruta mordida a esa misma fuente.
  • No ha de escupir frente a él.
  • Ni tampoco de lado.
  • No ha de pellizcar ni golpear a su vecino de mesa.
  • No ha de hacer ruidos ni bufidos ni se permitirá dar codazos.
  • No ha de poner los ojos en blanco ni hacer caras horribles.
  • No ha de poner el dedo en la nariz o en la oreja mientras está conversando.
  • No ha de hacer figuras moldeadas, ni prender fuegos, ni adiestrarse en hacer nudos en la mesa (a menos que mi señor así se lo pida).
  • No ha de dejar sueltas sus aves en la mesa.
  • Ni tampoco serpientes ni escarabajos.
  • No ha de tocar el laúd o cualquier otro instrumento que pueda ir en perjuicio de su vecino de mesa (a menos que mi señor así lo requiera).
  • No ha de cantar, ni hacer discursos, ni vociferar improperios ni tampoco proponer acertijos obscenos si se está sentado junto a una dama.
  • No ha de conspirar en la mesa (a menos que lo haga con mi señor).
  • No ha de hacer insinuaciones impúdicas a los pajes de mi señor ni juguetear con sus cuerpos.
  • Tampoco ha de prender fuego a su compañero mientras permanezca en la mesa.
  • No ha de golpear a los sirvientes (a menos que sea en defensa propia)
  • Y si ha de vomitar, entonces debe abandonar la mesa.”

Texto tomado de: Routh, Shelagh y Jonathan; Notas de Cocina de Leonardo da Vinci, La afición desconocida de un genio, Buenos Aires, Planeta; p. 175-77

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