Música que entra por los ojos

Por: María Emilia Kiehnle

Hace unos días escuché a un señor mayor decir que le sorprendía cómo se llenan ahora las salas de concierto, dado que cuando él fue a su primer concierto de orquesta sinfónica había más personas en la orquesta que en la audiencia.

Siempre escuchamos que en México no se le da apoyo y difusión a la cultura y esperamos que cosas como los museos, las exposiciones de arte y la música clásica estén menospreciadas. Yo misma crecí acostumbrada a que los CDs de música “culta” eran los más baratos. Recuerdo haber comprado un disco con una selección de varias obras de Beethoven a tan sólo $20 pesos. Sin embargo, como bien apuntaba el señor que cité, las cosas han cambiado mucho, al menos en el ámbito de la música.

Ya me ha pasado que llego confiadamente a la taquilla de una sala de conciertos y me quedo afuera porque los boletos se acabaron. También me he dado cuenta de que ahora hay una mayor variedad discográfica de música clásica en México (y no muy barata, por cierto).

¿Será que de pronto los mexicanos decidieron interesarse por la música? ¿Tenemos ahora una población más preparada y culta? Sinceramente, no sabría decir si la estadística de melómanos mexicanos es mayor que hace unos años, pero lo que sí me queda claro es que hay algo que está comenzando a atraer la atención hacia la música antes considerada “de culto”.

Mi hermana, gran esteta y apasionada cinéfila, tiene la teoría de que este renovado interés por la música clásica se debe al cine. La cultura del soundtrack ha llevado a la gente, de un modo ameno y accesible, la música de grandes compositores. Es el caso de Rachmaninov en “Pide al tiempo que vuelva” o en “Claroscuro”, de Mahler en “Muerte en Venecia” y de Beethoven en “Monstruo Inmortal”, por mencionar tan sólo algunos ejemplos.

Sea esta teoría verdadera o no, lo cierto es que a las personas se les facilita escuchar una pieza musical cuando está acompañada de algo que se pueda ver. Y tiene su lógica, pues la vista es el sentido más inmediato que tenemos y el que nos abre (o cierra) el acceso a otras experiencias sensibles. Por eso nos gusta más comer un platillo que se ve bien a uno que no se ve del todo agradable, a pesar de que sepan igual. Del mismo modo, es mucho más vívida la experiencia musical cuando se ve tocada en vivo que cuando se escucha en el radio o en un reproductor.

Invito a los lectores de este blog que se animen algún día a escuchar y ver un concierto de orquesta sinfónica, y, a los que ya lo han hecho, que inviten a alguien más a tener esta experiencia.

Les dejo esta reflexión con un video de la película de Disney “Fantasía 2000” que, como su predecesora “Fantasía”, tiene el objetivo de traducir algunas piezas de música clásica en imágenes. ¡Que lo disfruten!

3 comentarios en “Música que entra por los ojos

  1. Tal vez una de las razones por las que la música culta se ha vuelto más cara, es porque compite contra la piratería. Este tipo de música no es parte del mercado pirata (su nicho es más pequeño ó selecto) y por tanto, las buenas selecciones son manejadas por la tradicional industria disquera que tiene una infraestructura más cara.

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