Festejos para el centenario… ¿y para nuestra realidad?

Por: Antonio Briseño

Violencia, violencia, ¡violencia! Es lo común en casi cualquier noticia que vemos, escuchamos o  leemos en los medios de comunicación.  Ejecuciones, narcotráfico, policía, militares, enfrentamientos, muertos, descuartizados y lo nuevo: políticos asesinados. Estas palabras suelen aparecer casi diario en los encabezados de las noticias. A pesar de que muchas personas todavía se sientan ajenas a estos problemas que se dan en “otros estados”, es algo que debería preocuparnos a todos. Después de todo, es nuestro país, y es algo que termina afectándonos por igual.

Hay tres temas que me parecen relevantes para abordar en este post: la “guerra contra el narcotráfico”, el asesinato de Rodolfo Torres (candidato a la gubernatura de Tamaulipas), y un tema que parecía haber iniciado hace ya casi 100 años y supuestamente terminado hace 93: me refiero a la Revolución. ¿Será que estamos viviendo una segunda revolución en el país, o será que nunca se terminó?

Sin afán de ser alarmista, me gustaría señalar ciertas similitudes que encuentro entre los sucesos que desataron el movimiento revolucionario de 1910 y lo que estamos viviendo en el México de 2010.

Déjenme explicar más y mejor todo esto. Por lo que muestra la historia, todas las revoluciones han tenido estas dos cosas en común: guerras intestinas en un país, y asesinatos de políticos. Con respecto a lo último, se ha comparado a Rodolfo Torres con Luis Donaldo Colosio, porque eran candidatos, porque eran del mismo partido y porque era seguro que ganarían, entre otras cosas. Me parece que en este momento se podría hacer una comparación, guardando las diferencias, claro está, entre Rodolfo Torres y Francisco I. Madero, o con Venustiano Carranza. Incluso, posiblemente, con Cuauhtémoc, último emperador azteca. Personajes que pertenecieron a la clase política, a la clase gobernante, y que murieron asesinados dentro de movimientos armados revolucionarios que marcaron un cambio de poder y de sociedades.

En las guerras intestinas es el pueblo el que se pelea contra gobierno. Se quiere un cambio de vida, un cambio de rumbo del país, y es tanta la tensión que el único medio que se considera posible para lograrlo es el asesinato de quien está en el poder, o de quien va a llegar. Si a esto se le suman guerras internas, como la que se vive actualmente en el país contra el narco, me parece que sin exagerar, se podría hablar de una nueva revolución (o tal vez es la continuación de la que no se consumó del todo hace 100 años).

Surge una nueva pregunta: ¿Qué es lo que falta para nombrar a esto una revolución? ¿Serán las revoluciones cambios provenientes del pueblo y de la inconformidad social o de luchas de poder y de intereses particulares?

Faltan escasos cuatro meses para conmemorar los cien años del inicio de la Revolución Mexicana. Ahora deberíamos preguntarnos, ¿qué clase de revolución estamos festejando?

4 comentarios en “Festejos para el centenario… ¿y para nuestra realidad?

  1. Ayer escuché en las noticias que la senadora norteamericana Hillary Clinton dijo que México se parecía a Colombia hace veinte años. Además ella dijo que los cárteles de la droga, para ella eran insurrectos, los nuevos insurgentes. Cada vez hay más señales de que ya estamos en una segunda revolución Mexicana.

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  2. Yo creo que tu propuesta podría resultar un gran avance para México. Es algo que he pensado muchas veces.

    La gran característica de la democracia es que deja decisiones en manos del pueblo. Pero eso puede ser una enorme debilidad, como en nuestra nación, si la mayor parte del mismo no tiene ni la más mínima educación y sólo lucha por su supervivencia en un ambiente muy competido y hostil. El pueblo mexicano no está capacitado para tomar decisiones valiosas.

    Aunque hay que considerar que este problema se puede (y se ha) presentado también en otras formas de gobierno… Lo crucial es que quienes tomen las decisiones tengan las herramientas necesarias para hacerlo acertadamente y en beneficio de todos.

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  3. Beto, sinceramente no sé que fue la Revolución Mexicana, si retroceso o avance. Creo que sí hubo un cambio significativo, se pasó de una dictadura de persona, a una dictadura de partido.

    Tienes razón, hay inconformidad por parte del pueblo, pero no hay propuestas, ni soluciones, y eso es raro en un régimen democrático como en el que vivimos, donde es el gobierno del pueblo, ¿no lo crees? Personalmente, creo que si no hay propuestas, ni interés por parte del pueblo en solucionar sus inconformidades, y sólo estiran la mano, como dices, hay un problema, y es que nos estamos adjudicando un “thymos”, un carácter que no nos corresponde, el carácter de cuidadanos, en el sentido que no somos capaces ni de exigir nuestros derechos, ni de cumplir nuestras obligaciones. Creo que cuando el pueblo no tiene propuestas, ni soluciones, las debe tener el gobierno, pero eso ya no es democracia, sino monarquía (el gobierno del más virtuoso), o aristocracia (gobierno de pocos, pero virtuosos). Está mal estirar la mano en una democracia, en una monarquía tal vez no.

    Un asesinato de un político más, no cambia nada, pero creo que sí sirve de referencia, y cuando se mezcla con otras cosas más, a mi parecer, puede marcar el inicio de una nueva revolución, que tal vez no se llame así ahora, pero que a lo mejor, la historia más tarde bautizará con ese nombre, y dentro de otros 100 años festejaremos un tricentenario, un bicentenario, y un centenario.

    Tal vez, valdría la pena intentarlo ahora de ese modo, y que la revolución, o la efectividad de la revolución, sea que el estirar la mano no sea algo malo o nocivo, sino algo conveniente a nuestro “thymos”. Las revoluciones casi siempre buscan mayor libertad, aquí eso no ha funcionado, porque no probar lo contrario, y buscar menos libertad.

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  4. A mí me parece que no hay nada que celebrar. Nuestro pueblo tiene razones para estar inconforme pero no tiene ninguna solución a sus quejas. Ni siquiera propuestas. Sólo estiran la mano, despechando (incluso despachando) a quienes no les dan de comer en la misma.

    No soy experto en términos históricos pero creo que una “revolución” es un cambio significativo en la situación polícia, social o económica de una nación. En ese sentido, el asesinato de un político más realmente no cambia nada.

    Y creo que para darle un poquito de valor al término “revolución” deberíamos evaluar los cambios no por quién los provoca, o de dónde provienen, sino por su efectividad en hacer un cambio nacional positivo.

    Por eso no festejo nada. La “célebre” Revolución Mexicana fue más bien un Retroceso Mexicano, ¿no?

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