Quinientas libras al año y un cuarto propio

un cuarto propio

“La persona es una complejidad que requiere satisfacer necesidades básicas físicas y necesidades espirituales. Si crecemos como personas, crece nuestra capacidad laboral. Por eso es tan importante invertir en la constante formación intelectual y cultural de los empleados, pues para desarrollar la creatividad y ser capaz aportar cosas nuevas, es necesario abrirse a recibir aportaciones externas.”

Por Emilia Kiehnle

Google+

 

“¿Quieres saber si una empresa es socialmente responsable de verdad? Entra al baño de sus empleados”, me dijo alguna vez un empresario conocido mío, y con mucha razón. Cuando escuchamos hablar de “responsabilidad social en la empresa” casi siempre el tema se reduce a cuestiones ambientales, de sustentabilidad o de impacto en las comunidades a través de obras sociales. Sin embargo, se nos ha olvidado que esta responsabilidad inicia principalmente en casa, es decir, dentro de la misma empresa con las personas que la conforman.

El problema de la responsabilidad social se ha manejado de tal modo que muchas veces parece ir en contra de los intereses propios de las empresas, cuando en realidad debería ser al revés. La empresa tiene una finalidad principal: producir ganancias. De ésta se deriva una responsabilidad para con el entorno y la sociedad. Dicha responsabilidad es inmanente a la empresa y, por lo tanto, ineludible. Es más, si se ignora, a la larga la empresa no es capaz de realizar su fin satisfactoriamente (o incluso puede terminar en la quiebra).

La responsabilidad social debe verse como una inversión, no como un gasto. Por lo tanto, debe responder a su finalidad y generar ganancias al largo o mediano plazo.

Una forma de inversión socialmente responsable interna a la empresa puede resumirse en lo que la escritora Virginia Woolf llamaba “quinientas libras al año y un cuarto propio”. Con esto ella se refería a que, para que una persona pueda producir obras literarias valiosas, es necesario que tenga una cantidad suficiente de dinero para mantenerse y un espacio adecuado para escribir. Si aplicamos esta idea al ambiente laboral contemporáneo, podríamos decir que para que un empleado pueda responder de la mejor manera a lo que se requiere de él, necesita gozar de una remuneración digna y un lugar con las condiciones óptimas para su desempeño. Es aquí en donde entra la preocupación por mantener unas buenas oficinas o unos baños decentes, como apuntaba el empresario. Sin embargo, con “un cuarto propio” no solamente me refiero a unas instalaciones o a un espacio físico digno, sino también a un ambiente laboral agradable y estimulante. La gente se puede enfocar verdaderamente en su trabajo cuando no tiene presente la preocupación por el dinero y cuando se siente libre y enriquecida por lo que hace. Una persona que no recibe ninguna clase de crecimiento personal por su trabajo suele ser un mal empleado.

La persona es una complejidad que requiere satisfacer necesidades básicas físicas y necesidades espirituales. Si crecemos como personas, crece nuestra capacidad laboral. Por eso es tan importante invertir en la constante formación intelectual y cultural de los empleados, pues para desarrollar la creatividad y ser capaz aportar cosas nuevas, es necesario abrirse a recibir aportaciones externas.

“¿Pero de qué me sirve que mi empleado aprenda a escuchar a Beethoven?”, me preguntó un amigo una vez. Y yo le contesté: “Pues para lo mismo que a ti te sirve leer una buena novela o entender una obra de arte. Para abrirte y estimularte a cosas nuevas”. Las personas retienen mejor los aprendizajes de su experiencia laboral y ponen mejor en práctica lo aprendido cuando reciben estímulos constantes en todos los aspectos posibles, es decir, cuando reciben una formación integral. Y, a la larga, un empleado inteligente, culto, sociable y feliz, resulta en mayores ganancias.

Pero, más allá de todos los beneficios que puede tener para una empresa el dedicar un poco de recursos a la formación de su gente, estas acciones trascienden el ámbito laboral y también benefician a la sociedad en general. Un desarrollo integral de la persona repercute en una mejor calidad de vida y en mayores oportunidades para el empleado y su familia y, por tanto, puede haber una mejora considerable en la población, pues se favorecen las condiciones para evitar la pobreza, la delincuencia, etc. Es un círculo virtuoso que inicia con pequeñas acciones al interior y que tiene consecuencias a gran escala.

Es por todo esto que en la vida empresarial también aplica ese dicho que dice: “Para cambiar al mundo empieza cambiándote a ti mismo”.

Emilia

5 comentarios en “Quinientas libras al año y un cuarto propio

  1. El gran problema es mover a las masas a tener iniciativa… Porque si no el cambio nunca será gradual, sino simplemente una minoría aislada.

    Me gusta

  2. Euduardo, gracias por tu comentario. Estoy de acuerdo contigo en que recibir un buen trato y remuneración en el trabajo ayuda al desempeño que tenemos y que si esto falta, es más difícil sacar las ganas para hacer las cosas bien. Es triste que en muchas empresas (y no solamente de nuestro país) el sistema está hecho sin tomar en cuenta a los empleados o considerándolos como meros peones. Sin embargo, no todos los ambientes laborales son así. Yo he tenido la agradable experiencia de trabajar en un lugar con un trato digno y también conozco a empresarios verdaderamente interesados en mejorar la calidad de vida de sus empleados.

    Sinceramente creo que sí puede haber un cambio en el sistema, aunque gradual. Y es un cambio en el que, como bien dices, cada quien tiene que actuar por su propia iniciativa.

    Me gusta

  3. Realmente existe mucho de razón en sus puntos de vista. Ahora, con las influencias norteamericanas que se aplican indiscriminadamente a lo largo del mundo se habla de responsabilidad social como una forma hipócrita y eufemista de cubrir la extrema explotación del “asociado”. El grueso de la población (yo incluido) estamos trabajando para sobrevivir y muchas veces se cae en la mediocridad y el conformismo por el tipo de circunstancias que encaramos: maltato, mal pago, no se reconoce nuestra labor, favoritismos, etc. No es justificación lo anterior; por mi parte, trato de hacer las cosas mejor que bien a pesar de esas circunstancias, pues mi verdadero patrón soy yo. En México el sistema económico no ha cambiado de ser feudalista estilo hacienda pulquera y no veo que vaya a cambiar. Mientras, deberemos seguir actuando por nuestra propia iniciativa para crecer como trabajadores y personas.

    Me gusta

  4. Prescindiré de toda formalidad en mi comentario sólo porque aprecio mucho tanto al autor de la página como a la escritora. Excelente artículo Emilia!!!! Me gustó mucho!!! Enhorabuena!

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s