Cultura y pensamiento para la paz

Por: Emilia Kiehnle

“Esta será nuestra respuesta a la violencia: hacer música más intensa, más bella y más fervientemente que nunca antes.”

Estas palabras las pronunció el compositor y director de orquesta Leonard Bernstein en el marco de la Segunda Guerra Mundial. Y tienen mucho sentido, pues, cuando el hombre se ve sometido a un estado de violencia y miedo permanentes, necesita de una base que lo sostenga y lo saque adelante. En varios casos es la cultura, a la cual entendemos como el conjunto de manifestaciones del ser humano que encaminan su desarrollo, tanto corporal como espiritual.

Bernstein eligió la música, pero la cultura tiene muchas otras vertientes. Hay quienes han encontrado su motivación en las artes visuales, las letras, el pensamiento, o en su formación y sus valores familiares y sociales.

Otro que comprendió la importancia de la cultura para combatir la violencia fue el joven Karol Wojtyla, quien luchó contra la ocupación nazi de Polonia participando en un grupo clandestino que se dedicaba a leer poesía, recitar teatro y cantar canciones populares. La idea era mantener la cultura polaca que los nazis despreciaban y consideraban inferior. De este modo, los jóvenes estudiantes reafirmaban sus tradiciones, sus valores y su identidad frente a la guerra que padecían. Sin embargo, la cultura no solamente funciona como defensa ante la violencia, sino que también la previene.

Ciertamente la cultura de un pueblo o de una sociedad es moldeada por su entorno: se forma de acuerdo a las expectativas y necesidades de las personas que la crean. Pero, al mismo tiempo, las manifestaciones culturales tienen la capacidad de configurar su propio contexto y de transformar su ámbito social.

La cultura es moldeadora de actitudes, tradiciones y formas de pensar. Por lo tanto, se podría decir que la cultura tiene también una capacidad formativa importante que puede llevar a una sociedad hacia la paz. Y una nación estable permite el bienestar y progreso de sus individuos en todos sentidos, por lo que también permite la mejora de la sociedad en general.

Pensando en el caso concreto de México, la violencia causada por la delincuencia y el narcotráfico no se va a terminar únicamente con una respuesta armada, la cual es completamente legítima, pero insuficiente. A la par de la defensa armada hace falta una defensa cultural: educar a la población para crear consciencia y general una cultura en contra de la violencia; una cultura de vida, paz y progreso personal.

En una nación democrática esto se consigue solamente cuando la sociedad en conjunto (y no solamente las instituciones gubernamentales) damos soluciones y oportunidades de vida para los individuos. Habrá que pensar, entonces, qué puede hacer cada quien desde su propia trinchera. En Eudoxa consideramos que la formación y educación constantes son indispensables para promover la paz social. Por eso es importante cultivar a las personas en todos los niveles: desde lo que aportamos a los hijos, a los colegas, a los empleados e, incluso, a nosotros mismos.

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