Entrevista Bicentenaria

Por: Antonio Briseño

Maestra, yo sé que la tarea era escribir un ensayo sobre qué le voy a regalar a México este 16 de septiembre que cumple 200 años, pero, sinceramente, estoy algo confundido, pues quise investigar lo que contestarían otras personas para darme una idea y terminé más revuelto. Al primero que le pregunté fue a un señor que vi en la calle. Me acerqué y le dije:

-Hola, buenos días, mire, estoy haciendo una pequeña investigación, y me sería de gran ayuda hacerle a usted algunas preguntas, ¿me permitiría?
-Claro que sí, puedo ayudarte, pero antes de comenzar, ¿no sabías que no debes verme a los ojos? En otros tiempos hubiera bastado esa gran ofensa que estás cometiendo para perder la vida. Baja la vista por favor, mira mis sandalias.
-Oh, disculpe, está bien. ¿Cuál es su nombre?
-Me llamo Cuauhtémoc, Águila que cae.
-Mucho gusto señor Cuauhtémoc. ¿Cuál es su profesión?
-Soy político, tuve el honor de ser el último Tlatoani de la Gran México Tenochtitlán.
-Vaya. La pregunta que le quiero hacer es: ¿Y usted que le regalaría a México en su cumpleaños doscientos?
-¿Qué pregunta es esa? —me dijo entre confundido y molesto—. México murió en 1521. Ni siquiera alcanzó los doscientos años, sólo vivió 196. Era un gran imperio, el Ombligo de la Luna, hasta que llegó ese terrible monstruo desde el mar, con sus soldados de piel de metal, y lo mataron, nos despojaron de lo que era nuestro. Tristemente ya no hay un México. No puedo regalarle nada porque ya está muerto. ¡Por Quetzalcóatl! ¡Qué preguntas hace usted! Si por la primera ofensa le perdoné la vida, por esta segunda ofensa que me causó con su pregunta no sé si deba perdonarle de nuevo. Hágame usted favor de retirarse inmediatamente de aquí antes de que me arrepienta y lo condene.

Me dio un poco de miedo el señor, así es que mejor me fui. El siguiente con el que me topé era un señor que estaba vestido muy elegante, hasta espada y todo traía. Lo saludé:

-Buenos días señor. ¿Puedo pedirle un favor?
-Buenos días, mozo. Claro que sí, pero hágame favor de decirme primero si demorará mucho, que yo he salido del campamento y mi tropa me espera.
-No, claro que no me tardo, es algo muy rápido, son tres preguntas.
-Bien chaval, pues nada, hazme las preguntas que con gusto te he de ayudar.
-Sí. La primera de ellas: ¿Cuál es su nombre?
-Pues mira que me llamo Hernán Cortés, no soy de aquí, soy de Medellín, en España.
-Bien. ¿Cuál es su profesión?
-Mi profesión. Pues cuál ha de ser, que yo sé algo de leyes, de derecho pues, para que me entiendas, pero a lo que me dediqué prácticamente toda mi vida laboral, fue la milicia. Que he sido soldado. Más que soldado, he sido conquistador.
-La pregunta que le quiero hacer, don Hernán, es: ahora que México cumple doscientos años, ¿qué le regalaría usted?
-Bueno chaval, ¿que tú no sabes hacer las cuentas? Que Méjico no tiene doscientos años. Mira, Méjico nació en 1521, cuando yo conquisté esa majestuosa ciudad llena de mezquitas, esa ciudad que estaba situada en medio del lago, aquella ciudad a cuyas espaldas descansan dos grandes volcanes. Estamos en el año 2010, 2010 menos 1521 es igual a 489. Lo vez chaval, que Méjico no ha de tener doscientos años, que Méjico es más adulto, y tiene cuatrocientos ochenta y nueve años. Aún lo recuerdo todo, aquel día entré con mis hombres a la ciudad, tomé posesión de ella y allí comenzó Méjico, este Méjico en el que vivimos chaval, allí fue cuando las razas se mezclaron, cuando la sangre azul de los indios se mezclo con la sangre española. Fue el 13 de agosto de 1521 cuando Nació Méjico, una joven nación que conforme fue creciendo, fue dando muestras de su gran belleza, de su gran esplendor. Yo la hice bella. No es por presumir, pero se puede decir que yo soy su padre. Y mi regalo ya está hecho, que le he traído como obsequio una nueva religión, que le traje la verdadera religión desde Occidente. Le traje cultura, le traje civilización. ¿Qué más he de regalarle?

No supe qué contestarle, así es que mejor fui a preguntarle a alguien más.

-Buenas tardes, estoy realizando una entrevista para aclarar algunas dudas, ¿sería tan amable de ayudarme respondiendo algunas preguntas?
-Claro que sí, hijo.
-Gracias. ¿Cuál es su nombre?
– Bueno, mi nombre completo es Miguel Hidalgo y Costilla.
-¿Cuál es su profesión?
-Soy cura.
-¿Y qué le va a regalar a México en su cumpleaños doscientos?
-¿Méjico? ¿Quién es Méjico?
-México es el país donde vivimos, señor Hidalgo.
-Mmm, me parece que estás confundido, muchachito. Nosotros vivimos en la Nueva España. Yo le juré lealtad a Fernando VII, ¿acaso no lo recuerdas?: “¡Muera el mal gobierno, viva Fernando VII!” Eso fue lo que grité aquél día en el pueblo de Dolores.

Estuve a punto de decirle que a mí me habían enseñado en la escuela que el grito de Dolores había sido “¡Viva México!”, pero es de mala educación corregir a los mayores, así es que mejor le di las gracias y me fui con otra persona.

-Buenas tardes, me llamo Toño y estoy realizando una breve investigación, ¿podría ayudarme?
-Claro que sí puedo ayudarte, aunque es descortés de tu parte, jovencito, no saludarme con propiedad, como se debe saludar a las personas como yo.
-Perdone, la verdad es que no sé quién es usted. No sigo mucho el mundo de los espectáculos.
-¡Pero jovenzuelo! ¡Por amor de Dios! ¿Qué cosas dice usted? Lo dejaré muy claro, y que no vuelva a suceder esto. Soy Agustín de Iturbide, el consumador de la Independencia de Méjico, y el primer y legítimo emperador de esta nación. Exijo el respeto que merezco por ser el primer emperador.
-Ah, disculpe Majestad. Bueno, yo nada más le quería preguntar unas cosas. Su nombre ya lo sé, y supongo que su profesión es la de ser emperador…
-Bueno, en una primera etapa fui militar, después, tras la consumación de la Independencia, fui político, tan bueno que me eligieron como primer monarca de Méjico.
-Una última pregunta majestad. ¿Usted que le regalaría a México en su doscientos aniversario?
-Bueno jovencito, primero que nada, déjame decirte que Méjico no va a cumplir doscientos años. Méjico está por cumplir apenas ciento ochenta y nueve años. El dominio de España en estas tierras se terminó el 27 de septiembre de 1821, gracias a la entrada del ejército Trigarante a la ciudad de Méjico, conmigo a la cabeza, claro está. Así se consumó la Independencia, naciendo Méjico como una nueva nación. Dicho esto jovencito, creo que ya tienes la respuesta a tu pregunta: el regalo que le di a Méjico fue darle vida, gracias a mí  y a mi gente nació este país libre e independiente.

Después le dije a un señor chaparrito:

-Buenos días, ¿me permite 3 minutos?
-Sí claro, ¿por qué no? Dígame, ¿en qué le puedo ayudar?
-Bueno, mire, lo que pasa es que estoy haciendo una investigación, y parte de ella es una encuesta, son tres preguntas, y si usted puede respondérmelas, quedaré muy agradecido.
-Sí, me gusta responder preguntas…
-Bueno, ¿cuál es su nombre?
– Soy el licenciado Benito Pablo Juárez García, oaxaqueño, orgullosamente zapoteca.
-Bien. ¿Cuál es su profesión?
-Soy abogado y político. Presidente de la República Mejicana durante 15 años.
-Una pregunta más, la importante: ahora, en el Bicentenario de México, ¿qué le regalaría usted a la Nación?
-Bueno, es una pregunta sumamente interesante. Aunque si hablamos de México, creo que es un país más joven de lo que usted dice. En realidad yo diría que México nació allá por 1860, con las Leyes de Reforma, con la separación de la Iglesia y el Estado, cuando precisamente yo era presidente. Allí surgió el Méjico moderno, el Méjico que realmente comenzó a progresar en política, en pensamiento, debido a que pudimos desligar lo social-político de lo religioso. Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. Eso fue lo que pasó en esta tierra durante mi gobierno. Mi regalo hecho está ya, le di unas Leyes de Reforma y un gobierno republicano y liberal, que es lo que merece este país cuya historia es grandiosa. Si esto responde a tu pregunta mi querido amigo, no tengo más que decir.

Me cayó bien don Pablo. Pero todavía no estaba muy seguro de qué iba a poner en mi tarea, así es que le pregunté a una última persona, un señor serio y bigotón.

-Buenos días. Soy estudiante y me gustaría hacerle unas preguntas, para una investigación que estoy haciendo. ¿Me permitiría?
-Claro que sí, con gusto; pero dime, ¿es una investigación para la escuela? ¿Un proyecto científico? ¿Con tu proyecto ayudarás al orden y al progreso del país?
-Bueno, es un proyecto personal, tengo algunos conflictos de identidad y quisiera ver si a través de preguntar a mis paisanos puedo resolver estos conflictos. No es un proyecto científico, y no creo aportar nada que reditúe en orden y progreso para el país. Sin embargo quedaría infinitamente agradecido con su ayuda… ¿general? -agregué al ver sus insignias.
-Jaja… Sí, general hace ya mucho tiempo, en defensa del país bajo el gobierno de Benito Juárez. Mi nombre es Porfirio Díaz.
-Un placer Don Porfirio. Entonces su profesión es militar.
-No hijo, lo fue hace tiempo ya. Comencé siendo militar, y terminé siendo político. Dictador me llamaban algunos, que no entienden ni entenderán nunca mi papel en la historia de México. En fin, ¿qué más necesitas saber?
-¿Usted que le va a regalar a México en el Bicentenario?
-Bueno, esa es una pregunta difícil, a ciencia cierta no sabría qué regalarle. Hace cien años le regalé una victoria alada, que ha sobrevivido a desastres como terremotos, contaminación, y eufóricos aficionados al fútbol que van a festejar bajo ella las victorias de la selección nacional. Le regalé 30 años de paz, sin guerras internas, le regalé vías de comunicación, varios kilómetros de vías ferroviarias; a la capital le regalé hermosos edificios afrancesados, como el palacio de Bellas Artes, o el Palacio de Correos. En fin, ya mi regalo fue de centenario, durante mi gobierno, y se puede resumir en dos palabras: orden y progreso.
-Muchas gracias señor Porfirio Díaz, me han sido de gran ayuda sus respuestas.
-No tienes porque agradecer, estoy al servicio de la Nación.

Después de estas entrevistas, llegué a la conclusión de que no sé aún que le voy a regalar a México, pero eso no es lo peor: ahora, a ciencia cierta, ni siquiera puedo saber qué es México, comienzo a sospechar que hay muchos Méxicos, y eso me pone nervioso, pues no sé si debo hacerle regalos a todos, o a ninguno, o sólo a alguno de ellos. ¿Usted qué opina, maestra?

2 comentarios en “Entrevista Bicentenaria

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