Entre Turcos, Trompas y Greñas

Por: Fernando Villela

Pasada la cruda centenaria y bicentenaria, ante la duda si a los historiadores nos recordarán el año siguiente, y mientras los gobiernos federal y local sacan cuentas de sus despilfarros y preferencias políticas, la coyuntura política nos exige reinterpretar la guerra que hace 100 refundó México. Para bien y mal los movimientos revolucionarios marcaron la vida nacional, sus prejuicios, ideales, mitología y telarañas mentales.

El llamado del Plan de San Luis a derrocar al dictador, que traicionó el plan juarista de nación, fue más allá de restaurar la República Liberal Juarista para reinterpretar el pacto social mexicano. Madero no llegaría, ni en su más extraño sueño, a imaginar los resultados que la Revolución traería.

El final del siglo XIX e inicios del XX fueron marcados por la represión del General Díaz que mantuvo dormido al país y acallada a las múltiples voces que formaban al, ya multicultural, México. Díaz y la oligarquía que lo mantenía en el poder intentaron imponer su visión en todos los aspectos de la vida nacional. Economía, política, sociedad, cultura, academia debían seguir las premisas del positivismo (en su versión porfirista) para justificar la dictadura que lo patrocinaba.

Una vez que un grupo social logró alzar la voz e imponerse sobre el viejo discurso todas las voces acalladas quisieron gritar y ser escuchadas. De allí lo complicado del movimiento revolucionario. La violencia, sangre, traiciones y levantamientos fueron el resultado por llenar el vacío de poder que dejo la caída del porfirismo.

Los únicos momentos en que las distintas voces se reunieron en un fin común fue cuando el grito de guerra fue ambiguo. Bajo el “sufragio efectivo, no reelección” o vengar el asesinato de Madero a manos de la Contrarrevolución, se unieron grupos que años después se enfrentarían.

El resultado de la guerra, que inició para quitar a una oligarquía en el poder, término (después de millones de muertos y destruir al país) con la imposición de una nueva oligarquía. Tan tiránica, poco democrática y lejana al proyecto liberal juarista como el porfirismo. Pero como resultado de tantas voces y discursos, los nuevos lideres debían reinterpretar México. Darle nuevos iconos, símbolos, discurso, héroes y mitos que justificaran al nuevos sistema político. La oligarquía revolucionaria creó la dictadura perfecta que duró hasta que el discurso se volvió obsoleto y carente de significado.

A 100 años de la Revolución, México se enfrenta al volver a reconstruir el discurso que lo constituye como país. Desafortunadamente los grupos de las oligarquías políticas y económicas se han adueñado de los cambios y detenido el proceso democráticos. Nuevos y viejos monopolios se niegan a perder los privilegios que los han mantenido en el poder. Y al igual que en la revolución, lo que empezó como una lucha democrática y de ciudadanos se ha convertido en una lucha por el poder entre partidos políticos lejanos a principios y acciones democráticas. Que podría traer otra dictadura de 100 años, ya no de un solo partido sino de una partidocracia plutocrática, separada de la gente y el ciudadano.

Las esferas del poder se han de convertir en un gremio celoso de su actividad, una casta que se apropio para ella la dirección de la nación, linaje de burócratas que monopolizan el poder… arpías que succionan hasta la última gota de sangre de su presa (México) y que la defienden con los mismo mecanismos del poder.

La democracia no llegará en verdad a México mientras su discurso no provenga del pueblo y ciudadano común y su mensaje no deje lugar a ambigüedades. La voz de libertad, legalidad y oportunidades deberá forjar la vida pública de México si quiere ser una verdadera democracia y no caer, como hace 100 años, en otra dictadura sectaria.

5 comentarios en “Entre Turcos, Trompas y Greñas

  1. Sí, Antonio, pero toma en cuenta que lo que Aristóteles entendía por democracia no tiene nada que ver con el sistema contemporáneo, pues Aristóteles partía de una diferencia radical entre las personas: había griegos civilizados y bárbaros esclavos por naturaleza; las mujeres eran inferiores, etc. Lo que hoy entendemos por democracia se basa en la idea de que todos los seres humanos tenemos la misma dignidad y, por lo tanto, el mismo poder y derecho de autogobernarnos. Son dos cosas muy diferentes. Y si me lo preguntas, Aristóteles era un genio, pero esa parte de la desigualdad no se la compro.

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    1. Concuerdo con Emilia. La sociedad en la que vivía Aristóteles era completamente diferente a la nuestra… Yo sigo sin apoyar a la democracia, pero creo que usar lo que Aristóteles dijo acerca de ella hace chorrocientos mil años hoy en día es muy riesgoso.

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  2. ¿Estariamos mejor con López Obrador? Tal vez las oligarquías no sean tan malas, lo malo es no aceptarlas. Desde mi punto de vista, que siempre la política Mejicana tienda a oligarquías, no es casualidad. Las ríos naturalmente tienden a volver a su cauce, y es lo que pasa, por más que se desvié el cauce hacia la democracia, la política mejicana, buscará su cauce natural. Tenemos un gobierno conservador, de castas, autoritatio, pero que suele funcionar mejor así. Somos un pueblo conservador, sólo que no lo aceptamos.
    De los males, el menor, la oligarquía es una corrupción menos mala que la democracia. Tal vez Méjico está como está por perseguir un fin tan indigno, o menos digno que la olgarquía.

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      1. Beto:
        Existen 3 tipos de gobierno según Aristóteles: la monarquia, la aristocracia y la politeia. La mejor la monarquía, donde gobierna uno solo, pero el más virtuoso. La aristocracia no es tan buena, no es tan mala; es el goberno de pocos, pero virtuosos. La politeia es el gobierno de muchos, la menos buena forma de gobierno. Las corrupcioneso degeneraciones de estas 3 formas, son: de la monarquía, la tiranía, no es el gobierno del más virtuoso, sino del más poderoso. de la aristocracia, la oligarquía, no es el gobierno de pocos vistuosos, sino de pocos ricos. Finalmente, la democracia, es la degeneración de la politeia. Así, nos regimos por la democracia, la corrupción o degeneración de la menos buena forma de gobierno.

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