La ética del empresario a vista de pájaro

Por Juan José Díaz

 

En febrero de 2008 publiqué un artículo en la revista Entorno, publicación de la Coparmex, donde entonces trabajaba. Esta semana me reencontré con él: el artículo trata sobre una revisión de la ética de los empresarios. Para este viernes de RSE quiero compartirlo con ustedes. Aunque no trata directamente del tema, me parece que pone un buen horizonte de lo que implica, en el terreno personal, aceptar ser empresarios socialmente responsables.

Día a día el hombre se encuentra frente a dilemas que debe responder. ¿Es esto bueno para mi empresa?, ¿debo hacer esta transacción o no? No hay empresario que se salve de las decisiones. Así estamos hechos.

Por eso mismo debemos plantearnos, en aras de elevarnos como una generación de empresarios socialmente responsables, cómo hemos de resolver aquellas cuestiones. Pero entiéndase: el buen empresario no es el santo que le salva la vida a los ciudadanos de un México que no sabe prosperar por sí mismo. No. El buen empresario es el que sabe decidir bien para que sus acciones lo orienten a conseguir una vida plena.

El buen empresario es el que se levanta sobre la amorfa masa de la mediocridad y toma una postura definida: la de hacer lo correcto. Esta postura es una decisión radical, una opción de vida que nos obliga a aceptar la evidente valoración de nuestro alrededor. Cada acción se nos presenta, siempre, con algún valor: nos parece buena, mala, conveniente, incómoda, etcétera. Del mismo modo, cada decisión que tomamos se refleja valorativamente en el mundo. La idea de la postura radical del empresario consiste en encontrar el modo de identificar sus acciones con una valoración positiva.

Las disposiciones necesarias para que la vida plena se alcance, las disposiciones que guían la proa visionaria del empresario, se dibujan como preclaras sentencias de la ética. En este sentido, el hombre ético (el empresario ético) es aquel que conoce aquello que más bien le alcanza y que decida coherentemente. No es sencillo, pero el empresario —el verdadero— no se arredra ante el yugo inminente de una vida guiada por la virtud. Y no se acobarda porque sabe la verdad que brilla sobre el hacer lo correcto: sólo el empresario ético es exitoso. Los demás pueden ser ricos, monopólicos magnates del capital, pero nada más: su vida está corrupta por la sombría e ilusoria felicidad de quien sacrificó su humanidad, su virtud.

Lo primero que un empresario debe considerar para alcanzar su cualidad de ético es entender quién es él. Y esta no es una pregunta fútil, pues sólo mediante una idea verdadera de lo que implica ser hombre se pueden buscar los beneficios que más le acercan a su bien.

El empresario ético entiende que el hombre es un ser inteligente de naturaleza social (sujeto a normativas), organizable, continuamente inacabado, insustituible y de constitución digna por sí mismo.

Esto tiene especial relevancia para el empresario porque muchas veces se tiende a ver al empleado como un medio para la consecución de las metas de la empresa. Y de hecho no es así: la empresa, en cambio, es el medio para la realización de las metas del empresario y del empleado. Ninguna persona es jamás medio, siempre es fin.

¿Hay, acaso, alguien que pueda soportar ser visto como objeto? Todos los hombres compartimos la naturaleza de hombres, y no es perogrullada. Si yo soy hombre (y no hay alma en sus cabales que se precie de lo contrario) entonces lo que pido para mí he de pedirlo para aquellos que me rodean. ¿Quiero comer? Que mis empleados coman. ¿Quiero vivir bien? Que mis empleados vivan bien. ¿Quiero que me respeten? Que mis empleados reciban respeto.

El empresario —el ético, el bueno, el verdadero empresario— es un hombre que se planta frente a las injusticias y con fortaleza lacónica trabaja por el completo y buen desarrollo de sí y de los hombres con los que se relaciona; el verdadero empresario es quien trabaja por el bien común, sustentando su camino en la justicia, que es dar a cada otro lo que es suyo y mantener para sí lo propio por derecho y en la benevolente búsqueda de beneficiar a cada otro y a sí.

Para ayudar en la deliberación de este camino, nuestra Coparmex ha levantado su voz con atino y ha propuesto una serie de valores que pensamos nos deben importar primordialmente: familia, educación, desarrollo, estado de derecho y bien común, entre otros.

La decisión es propia. Cada empresario debe pararse frente al abismo de su existencia y tomar la decisión de lanzarse a una vida arriesgada de virtud y coherencia moral o mantenerse seguro en el estatismo suicida del mediocre hijo del camino fácil. El empresario de verdad ha de ser aquél que se arriesgue a ser virtuoso y galante soldado de la eticidad.

Si quieren tener el texto original, editado por Entorno, pueden descargarlo de esta liga: http://www.coparmex.org.mx/upload/bibVirtualDocs/10_entorno_feb_08.pdf

Para saber más de Coparmex: www.coparmex.org.mx

 

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