¿Por qué comer con las manos se siente bien?

Por: Alberto De Legarreta

twitter @albertotensai

 

“¡No metas la mano a la comida!”, insisten muchos padres, tías, abuelos y demás involucrados en la educación de un niño. Es una regla de etiqueta básica en la mesa que el niño debe aprender desde pequeño. Pero, ¿por qué meter las manos está mal?

La costumbre de usar utensilios para comer nos llegó desde Europa, donde el refinamiento de las altas clases y de los mismos alimentos condujo a la creación de los cubiertos que conocemos. No pretendo ilustrar toda la historia de dichos utensilios en este escrito, sino resaltar lo que su aparición nos ha intentado robar: el placer de comer con las manos. El tema de la higiene no es justificación, pues hace siglos que podemos lavarnos las manos y comer con ellas sin ningún peligro para nuestra salud.

A pesar de las reglas sociales que pretenden evitar que nos ensuciemos las manos al comer, seguimos siendo fans de alimentos como el pollo rostizado o los sopes y gorditas, que inevitablemente mancharán nuestras manos dejándolas grasosas y pegajosas, por mucha servilleta que se nos ofrezca. Además existe una gran variedad de alimentos de origen extranjero que han encontrado un hogar perfecto con los mexicanos, en gran parte por estar diseñados para comerse con las manos: Tortas, hamburguesas, hot dogs, pizzas, pan dulce o salado, caramelos y otras golosinas; incluso el sushi, que se sigue comiendo con las manos en las barras de su natal Japón.

Pero esto no se debe a que seamos unos salvajes sin educación ni refinamiento. Antes de conocer los cubiertos, nuestros antepasados prehispánicos comían con las manos. La tortilla, nuestro “cubierto” universal, se manipulaba a gusto y también se comía. Desde aquellos tiempos, a los mexicanos nos gusta la sensualidad de los alimentos. La comida mexicana busca explotar en todos nuestros sentidos, desde su colorida vista, sus fuertes aromas, sus sabores barrocos, saturados; sus crujientes, siseantes y burbujeantes sonidos y, desde luego, su tentadora tendencia al contacto con nuestras manos.

¿Quién puede negarlo? Comer con las manos se siente bien. Nuestro infalible taco no nos llenaría con la misma satisfacción si tuviéramos que comerlo con cubiertos.

Lo siento por aquellos que comen hasta la pizza con tenedor y cuchillo.

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