RSE en la semana del DIM

Por: Juan José Díaz

Twitter: @zoonromanticon

 

Uno de los temas importantes de la Responsabilidad Social Empresarial es, sin duda, la obligada conciliación que debería existir entre la vida familiar y la vida laboral. Esta semana, durante el Día Internacional de la Mujer, un señalamiento se volvió particularmente importante, según me parece: ser socialmente responsables implica velar por el futuro de nuestra sociedad, es decir, implica velar por nuestras familias.

No podemos esperar, como empresarios, tener una sociedad sana si no somos “familiarmente responsables”. En la familia se desarrollan los valores y fortalezas que harán de nuestras empresas instituciones benignas para la comunidad. No podemos esperar que de un núcleo familiar desunido, enrarecido, incluso vacuo, surjan líderes que velarán por el bienestar de sus bases sociales y que construirán lazos fuertes que llevarán  de modo seguro ningún proyecto a través de un mar de peligros inconmensurables, como lo es la vida cotidiana.

Es labor de la empresa, pues, impulsar el fortalecimiento de las familias de sus bases sociales. No como un organismo filantrópico ni moralista, evidentemente, sino desde la perspectiva de una administración estratégica: facilita la incorporación del talento femenino a las filas empresariales, aumenta la lealtad de los empleados que se saben procurados y, por lo tanto, la productividad, entre otras cosas.

Ahora, bien, esta vinculación de la vida familiar con la laboral no puede darse de manera automática ni espontánea. Requiere de esfuerzo tanto de los líderes empresariales (dueños, directivos, equipo gerencial) como de los trabajadores en mandos medios y operativos: programas de acompañamiento para empleados en paternidad, flexibilidad laboral y de horarios, impulso de actividades y eventos que de cohesión, impulso de un esquema de logros de largo plazo y no de metas de corto plazo, entre otros.

Este año, el Día Internacional de la Mujer, a la luz de la RSE, no debe ser un motivo más para componer hermosos e inútiles “Elogios a Helenas”. Un verdadero encomio no es un discurso que nos recuerde lo que ya sabemos: las mujeres son importantes y son tan ciudadanas como los hombres. No. El verdadero elogio es poner las condiciones que están en nuestras manos para que el desarrollo laboral y familiar sea una realidad y no sólo un objetivo que, como efecto secundario, nos llene los asilos de unhappy winners.

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