Interrogar a la ciudad

Por: Elizabeth Gutiérrez

Twitter: @elinauta

 

Recorrer una ciudad no es solamente desplazarse a través de ella. Al transitar por sus calles y avenidas, pasar por sus parques, contemplar sus monumentos o penetrar en sus edificios, nos volvemos parte de ella, la configuramos y dejamos que ella nos configure; labramos la ciudad y permitimos que deje huella en nosotros. El modo en que está distribuida una urbe es un reflejo de sus habitantes, de su modo de pensar y actuar. Cada pueblo tiene un modo peculiar de habitar una ciudad. Y ésta, a través de sus construcciones, de sus símbolos y sus estatuas, narra su historia a quien la visita, le comunica la identidad y los valores de quienes la habitan. Transitar por una ciudad es dialogar con ella.

No obstante, la selección de ciertos monumentos, sitios históricos o construcciones relevantes de una ciudad, protegiéndolos y promoviéndolos, es un mecanismo de producción de una identidad y una memoria homogéneas e indiscutidas. Al establecer como correcto un único modo de rememorar el pasado, al designar héroes sin un ápice de maldad y villanos sin una sola virtud, la ciudad impone una tiranía ideológica en la mente de quienes la habitan o la visitan sin cuestionarla. Se dice que el pensamiento crítico expresa la voluntad de no ser gobernados: quizá la esclavitud más grave sea la del pensamiento y no la del cuerpo. Los pueblos árabes luchan en este momento por su libertad. Los mexicanos los miramos asumiéndonos libres; sin embargo, ¿son autónomas nuestras ideas, es libre nuestro criterio?

Cuando no son interrogados, los monumentos de una ciudad tienden a invisibilizarse, pasando a ser poco más que el punto perfecto para tomar una foto cliché para turistas. Al recordarlos, recitamos la cantaleta memorizada de la historia oficial, aprendida en los libros de texto. Pero debemos tener en mente que los monumentos, al privilegiar ciertos personajes o valores, forzosamente dejan en el olvido a otros; los hitos de una ciudad no solamente producen memoria, sino también olvido. Además, al encumbrarlos en una construcción bella y, a menudo, gigantesca, hiperbolizan el sentido, obligándonos a alzar la mirada y reverenciar eso que representan. Por último, excluyen las condiciones particulares de un hecho histórico o un personaje, aquellas que lo hacían humano y mortal, sus pequeños defectos, sus desaciertos y sus penas.

Una ciudadanía activa nos exige, además de conocer nuestra historia y nuestro patrimonio, acercarnos críticamente a él y ser capaces de reinterpretarlo. Cuando estés frente a una construcción importante, pregúntate qué valores o qué hechos enaltece, por qué aplaude ésos y no otros, cuáles fueron excluidos, quién lo decidió así, cuáles eran las circunstancias específicas en las que ese hecho sucedió. Cuando un monumento conmemora, por ejemplo, la Revolución, la fija como una parte de nuestro pasado. ¿En verdad está consumada la Revolución, en verdad se alcanzaron sus objetivos? El aspecto de una estatua monumental sugiere que es perenne, eterna, indestructible.

¿Sabías que en el Archivo Histórico de la Ciudad se puede ver la cabeza original destruida del ángel de la Independencia? Estos monumentos también indican los miedos de un pueblo. Durante algún tiempo, la Diana Cazadora tuvo que ser cubierta con un taparrabos de bronce, por ejemplo.

La cultura de un pueblo no reside solamente en sus museos y salas de conciertos, sus libros de historia o sus grandes edificios antiguos. La cultura también se forja en la interacción con todo ello. Para no ser turistas pasivos de nuestra propia ciudad, debemos superar las interpretaciones unívocas, recuperar el asombro ante nuestra propia historia, moldear activamente nuestra identidad y nuestra herencia, elegir de forma autónoma cuáles son los valores que queremos aplaudir, cuáles los modelos de acción que queremos seguir y no someternos a los mecanismos impuestos de producción de memoria y sentido. Mirar con atención los fragmentos, las grietas, los detalles, los contrastes. Así podremos habitar una ciudad que, a cada paso, revele la grandeza de México.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s