Great Place To Work

Por: Juan José Díaz

Twitter: @zoonromanticon

 

No hablaré de los rankings, ni de la metodología que se usa para medir a las mejores empresas para trabajar. No me interesa eso. Mucho menos me interesa reflexionar o analizar si los resultados son correctos o incorrectos, si aportan algo o simplemente son un premio más para el cuadro de honor alojado en la egoteca empresarial.

Lo que me interesa es el concepto, el contenido, que emerge al leer con calma las cuatro palabras que titulan este articulito. “Great Place To Work”, es decir: “Gran Lugar Para Trabajar” o “[El] Mejor Lugar Para Trabajar”. ¿Qué nos dice esto como empleados, como empleadores, como ciudadanos? Primero, nos indica una realidad irrefutable: el hombre trabaja en algún lugar que, aunque no queramos, siempre está en constante comparación con otros lugares. El hombre jerarquiza, ordena, mide y califica casi todo en su vida, y el trabajo no es la excepción. Sabemos dónde trabajamos y somos capaces de poner un valor a ese hecho y juzgar desde ahí.

Después, la frase nos señala un ideal. No habla de un buen lugar para trabajar, ni de uno más o menos decente. Expresa, sin lugar a dudas, el mejor lugar para hacerlo. La cúspide de las aspiraciones del hombre que trabaja; insisto: el ideal. Y que sea un ideal nos obliga a preguntarnos qué es lo que hace a ese gran lugar que sea tan grande. ¿Qué factores son los que otorgan un valor positivo a nuestro lugar de trabajo? ¿Qué elementos no pueden faltar para ser un gran lugar de trabajo? ¿Ecología, ambiente de trabajo, prestaciones, horarios bien definidos, fiestas…? La pregunta no es ociosa: no cualquier oferta a las personas en el trabajo nos acerca al ideal del “mejor lugar de trabajo”. Hay que identificar, objetivamente, cuáles son esos elementos y su jerarquía, de lo contrario cualquier esfuerzo corre el riesgo de ser contraproducente.

Por ejemplo, un programa de reciclaje y reutilización del papel en una oficina -muy socialmenteresponsable, sin duda- impuesto a una secretaria a la que se le exige entregar todo en hojas nuevas, no es en absoluto un elemento positivo para ser un gran lugar de trabajo.

La misma frase nos indica la finalidad que rige este concepto. Un gran lugar puede serlo por múltiples motivos, pero aquí importa que sea un gran lugar para trabajar. Si una empresa es un gran lugar para hacer amigos, para conseguir esposa, para generar ideas, pero no para trabajar (es decir, no para realizar un esfuerzo direccionado a un resultado concreto en un tiempo determinado), entonces no es un gran lugar para trabajar. Y aquí es donde muchas empresas y organizaciones entran en problemas reales y que les pueden salir muy caros: con la gran ola de RSE que nos inunda, muchas veces volteamos los ojos a los efectos que queremos conseguir, a las herramientas que deberíamos tener y no a las causas que debemos controlar o a los resultados que debemos construir. Nos enfocamos tanto en tener buenas instalaciones, en cuidar el ambiente de trabajo, en ofrecer prestaciones monumentales, etcétera, que nos olvidamos del para qué más esencial: el “…para trabajar”.

¿Qué necesidades (básicas, secundarias, complejas) existen en mi empresa para poder trabajar? Si resolvemos esta pregunta, lo demás, casi automáticamente, se dará.

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