La evolución del universo

Por: Antonio Briseño

Si los caballos tuvieran dios, éste seguramente tendría faz de caballo. Algo así decía Jenófanes. Sirva esta cita para hablar un poco del antropocentrismo que reina en los comentarios que se escuchan últimamente, y que de un modo u otro, remiten a la profecía maya de 2012, cuando, según esta cultura, deberá terminar el mundo.

En los últimos días han ocurrido “desastres” naturales que alarman a la humanidad y que nos hacen ver que, aunque nuestro pensamiento está muy evolucionado, seguimos sometidos a las fuerzas y a los caprichos de la madre naturaleza. El terremoto en Japón, luego el tsunami, desastres que se suman al terremoto ocurrido hace poco más de un año en Haití, y que se juntan a la inestabilidad socio-política de muchos países en el mundo.

De esto quiero reflexionar en este pequeño espacio, pues, nosotros humanos, llamamos “desastres” a toda esta serie de acontecimientos, ya sean naturales o culturales, que de distintas formas afectan al ser humano como especie. Sin embargo, lo que creo personalmente es que los llamamos desastres por la carga antropocéntrica que nuestras palabras portan al hablar de ellos, y es que, según las enseñanzas de algunos de mis queridos profesores de la universidad y de grandes filósofos, esto es un paso más en el crecimiento del universo, en la evolución del cosmos y de la vida. Dentro de la naturaleza también hay mecanismos para regular la población, ésta se puede mermar o aumentar según las necesidades del medio ambiente y la capacidad de adaptación de plantas y animales. Así es como muchas especies hemos llegado hasta este momento de la evolución y como muchas otras se han quedado en el camino, se han extinguido por no ser capaces de adaptarse a los cambios, a los eventos que hoy nosotros, desde nuestra perspectiva, llamamos “desastres”.

Como ya dije, se tienen mecanismos para regular las poblaciones de las especies. Algunos mecanismos muy simples, otros más elaborados, esto dependerá de la complejidad de las especies. Si para el resto de las plantas y los animales existen estos mecanismos, ¿por qué no habría de haberlos para nosotros, los animales racionales?

Se dice que la especie humana ya logró escapar de muchas reglas de la naturaleza y que  ha modificado otras, yo no lo creo así. Nuestros instintos subsisten, los más primitivos, quizá, por ser los más cercanos a nuestra supervivencia; saciar la sed, el hambre, el sentimiento de perpetuar la especie, son instintos de los cuales no podemos huir. Como decía, a mayor complejidad de un problema, mayor complejidad de la solución. De ahí viene la opinión de algunos de que hechos, como la guerra, no son uno de esos mecanismos por los cuales la naturaleza regula la población de la especie humana, pero es un mecanismo cultural que nosotros, muy ingenuamente, pensamos que lo llevamos a cabo libremente.

Por tanto, sólo podemos decir, que más que desastres, o tragedias, el cambio es otro paso más en la evolución. No pasará nada malo, miles de especies se han extinguido y la vida sigue. ¿Por qué habría de preocuparnos una crisis que afecte a la  especie humana? La mayoría de nosotros creemos en algo: Dios, un plan, un diseño, el destino… Y podríamos pensar, que todo lo que está pasando ahora está pensado por ese Dios, que ya está planeado, o que, dentro del diseño esto tiene que pasar para  que el universo pueda llegar a lograr su finalidad. Así, que en lugar de entristecernos, nuestros corazones deben alegrarse porque, aunque no necesariamente somos la finalidad de ese plan, somos una parte necesaria para la conclusión de éste.

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