La educación y la salud empiezan en la mesa

Por: Alberto De Legarreta

Twitter: @albertotensai

Este mes, la revista Dónde Ir publicó una pequeña columna titulada “Comer con niños”. En ella, se describe el salir a comer con los hijos como “una problemática permanente” y una “decisión temeraria que requiere de un temple de acero”. Comparando a los niños con animales indomesticables, que se alimentan solamente de frituras y pizza, la columna es un ejemplo de la mala paternidad.

El problema de la obesidad infantil en México no es para reírse, ya que ocupa el primer lugar en el mundo, venciendo incluso a los Estados Unidos. La obesidad conlleva inevitablemente a un deterioro serio en la salud y a una cascada de enfermedades crónico-degenerativas como la diabetes y problemas cardiovasculares.

Por supuesto, el público en general e incluso el gobierno federal se han ido en contra de la comida chatarra, denominándola como primer culpable del problema. Pero la verdad es que los culpables son los padres de los niños, que no saben o no están interesados en enseñar a sus niños a alimentarse adecuadamente, pésele a quien le pese. Y la irresponsable forma de pensar de Andrea Bernal (escritora de la columna mencionada) es un agravante serio para este problema.

Aquí dos verdades de a peso que a muchos les cuesta creer: los niños son personas y comen de todo. En serio. Es culpa de los padres cuando su hijo no come nada más que chatarra. Es un signo inequívoco de que el niño no ha tenido en su platillo más que alimentos con alto contenido calórico (lo que el niño aprecia, pues gasta mucha energía en jugar) y pocos o ningún otro nutrimento.

Algunos restaurantes contribuyen a la ignorancia de los padres con la propia: los menús infantiles tienden a ser de baja calidad, de alimentos generalmente reconocidos como “comida rápida” y abundantes en hidratos de carbono (azúcares o almidones). Entiéndase: papitas, hot-dogs, hot-cakes, tacos fritos, hamburguesas, montañas de catsup, helado, chocolate, churros, etc. ¿Por qué será que los niños no saben comer otra cosa, si éstas son las únicas opciones que se les ofrecen? Hay un nicho de oportunidad allí mismo, esperando menús deliciosos y saludables para niños sanos.

Pero la alimentación no lo es todo. La comensalidad (la manera de conducirse en una mesa) es parte importante de la educación también. La convivencia se aprende en torno a los alimentos y, como señala Alejandro Arribas en El Laberinto del Comensal, “con gran frecuencia se estima a los otros por lo que comen o por su manera de comer”. ¿Porqué excluir a los niños de este momento tan importante en su educación? La sociedad culpa a las nuevas tecnologías de alienar a los niños de la convivencia pero, eso sí, los manda en cuanto puede al área de juegos. Y si tienen niñera, ¡qué mejor!

La columna de Bernal resalta en negritas (como señalando la idea principal del escrito) que “no puedes recoger a tus hijos hasta la semana siguiente” si los dejas con una niñera de restaurante. También sugiere que varios padres de familia deberían designar a un “sacrificado” individuo para que se lleve “a todos los escuincles al McDonald’s, mientas el resto de los adultos acude agradecido a un restaurante decente”.

¿Culpa de los niños? No lo creo. Culpa de los padres que, si no querían educar o convivir con sus hijos, ¿para qué los tuvieron?

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