El caso del CEO que cobraba mucho

Por: Juan José Díaz Enríquez

twitter: @zoonromanticon

“[…] las circunstancias son el dilema sobre el cual tenemos que decidirnos. Pero el que decide es nuestro carácter” –José Ortega y Gasset

Leí un artículo en algún mailing list sobre RSE, que acusaba, indirectamente, a varios directivos de empresa por cobrar al rededor de 30 veces más que los demás empleados. El artículo señalaba el abuso que esa desproporción salarial: ¿cómo es posible que un CEO pueda cobrar tantas veces más que otros trabajadores al interior de una empresa?

Es un buen artículo, sin embargo no estoy de acuerdo con su preocupación. Aunque de primera impresión parezca una injusticia tal desproporción, podría no serlo. Al menos, no en todos los casos.

El primer punto a considerar es que el conjunto de “empleados” o “trabajadores” es muy amplio y muy dispar de una empresa a otra. Definitivamente no es lo mismo que un CEO gane 30 veces más que otros trabajadores en una empresa de 4 ó 5 personas que en una de 25 o 35 mil.

El segundo punto consiste en las condiciones o circunstancias de la labor que realicen dichos “trabajadores” y los mentados CEOs. Supongamos que tan sólo un factor importa: el tiempo. Un trabajador se emplea durante 10 horas al mes y gana $30. Su director general trabaja 30 horas al mes y gana $900. Tan sólo con el factor del tiempo parece ser un poco más justa la desproporción. Aumentemos otras características como la disponibilidad de horarios que exige un puesto directivo, la demanda de resolución de conflictos, el procesamiento y análisis de información relevante, la gestión del capital y del personal, etcétera… Los $3 por hora que gana un empleado se vuelven irrisorios para la naturaleza del trabajo de nuestro CEO, mientras que sus $30 por hora parecen ser mucho más justos.

Por último, el punto que considero más importante es la naturaleza del trabajo de un directivo y, en especial, del director general. Este tipo de puestos exigen una labor muy particular: la buena toma de decisiones. En palabras de Alberto Calva, de Acus Consultores, “una empresa le paga a un directivo por su acertada toma de decisiones”.

Ello significa que un CEO tiene como responsabilidad decidir correctamente al respecto de circunstancias siempre cambiantes para el bien de la empresa para la que trabaja. La empresa deposita en el CEO la confianza de que sabrá ponderar todos o la mayoría de los elementos cruciales para una decisión sensata y, sobre todo, prudente. Ésta, la prudencia, era la virtud más estimada por los antiguos griegos. El mismo Platón, Aristóteles y otros muchos reconocían el enorme mérito que tenía el hombre prudente: no cualquiera era capaz de ello y  por ende, merecía un respeto especial.

Dicho respeto se traduce, en el ámbito empresarial, en una mayor gratificación económica.

Por ello es que no estoy de acuerdo en acusar de injusta la desproporción salarial entre los directivos y los trabajadores. Lo injusto es hacerla de manera irresponsable: una proporción de 1:30 es completamente justa (y responsable) si las decisiones del director son tan atinadas y prudentes como para lograr que la empresa esté sana y con la posibilidad de cumplir su misión primordial: ofrecer un bien a la sociedad a cambio de cierta unidad de riqueza preestablecida.

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