Bibliofilia: de libros y otras obsesiones


Por: Elizabeth Gutiérrez

Twitter: @elinauta

“Hay personas que sólo aprendieron a reconocer letras; otras saben descifrar
el lenguaje formal de un tomo: el equilibrio o la osadía del trazo de sus caracteres,
la sobriedad o la opulencia de sus materiales, la generosidad de sus superficies.”

Alfonso Alfaro, en el prólogo a Ex libris mexicanos. Artistas del siglo XX

Quienes consideran la lectura como un ejercicio puramente intelectual, olvidan que el libro es también un objeto y que, como tal, es capaz de desencadenar pasiones y deseos que poco tienen que ver con las virtudes del intelecto y que, muy probablemente, los lectores de este blog  han experimentado ya. Un libro no es un mero soporte de textos, o al menos no debería serlo. El papel en el que está impreso, las cubiertas que lo enmarcan, la tinta y la tipografía que dan cuerpo a las palabras son el resultado de una cuidada selección y jamás (idealmente) producto del azar. Incluso los espacios en blanco, los márgenes y las páginas vacías, son parte fundamental del libro, quizá un merecido respiro para el lector. Y qué decir del olor de un volumen recién desenvuelto o de la textura de sus páginas: no hacen más que reafirmar que, lejos de ser un placer únicamente para la mente, un libro nos invita a experimentarlo con todos los sentidos.

Detrás de un libro bello podemos atisbar la atención cuidadosa de algún bibliófilo empeñado en que el valor del contenido del libro pueda adivinarse ya al ver su lomo o su portada, en no someter la calidad de sus ediciones a los mandatos del comercio o de lo más aceptado por las mayorías. Al no ser ésta una empresa sencilla, sabemos que la realiza un verdadero amante de los libros. Y el amor a un objeto, como se ha repetido incansablemente, nos convierte, de alguna manera, en esclavos suyos. ¿Quién sostiene entonces que un lector busque únicamente sabiduría y verdad? El gusto por los libros es también una obsesión, incluso un vicio. Implica el afán de poseerlos, de guardarlos para uno mismo. Por ello es que, a menudo, los marcamos en las primeras páginas con nuestro nombre o, en el mejor de los casos, con un pequeño gráfico que condense nuestra identidad (o lo intente): un ex libris. “Para compensar su servidumbre, el coleccionista intenta, como cualquier amante, atar con una sortija el cuerpo amado: “proclamarlo propio, irrevocablemente suyo” -continúa diciendo Alfonso Alfaro en el prólogo citado al inicio- “No mira, sin embargo, la trampa del destino (ars longa, vita brevis). El libro llegará tal vez a amar a su señor y siervo, y lo acompañará quizá por todo el lapso de una vida. Pero no puede renunciar al impulso de su propia naturaleza, que lo hace superior a esos esclavos que lo han marcado con su hierro. Durante todos los siglos que su cuerpo exista continuará haciendo caer a otros incautos en el mismo juego.” Vano intento, el de perdurar marcando así con nuestro nombre un volumen. Irónico, además, el aferrarse de ese modo a un objeto querido, con el deseo intenso de quien conoce bien sus aficiones y en ellas olvida, por momentos, su propia fugacidad.

Pero esta tradición entera llegará a su fin pronto, sostienen muchos, pues los libros serán ahora digitales y las bibliotecas, electrónicas. Quedarán atrás, según dicen, el papel, las tintas, las pastas, el olor de sus páginas. No lo creo. No es que pretenda aferrarme a los formatos tradicionales y cerrar los ojos ante la tecnología. Pero tampoco sería adecuado dejarnos arrastrar ciegamente por lo novedoso.  Los cambios que se avecinan deberían significar un enriquecimiento, y no el final, de los libros impresos y del mundo editorial. Entre tanto, los lectores y amantes, podremos seguir disfrutando del placer antiquísimo de sostener un libro entre las manos.

3 comentarios en “Bibliofilia: de libros y otras obsesiones

  1. Hola, Vane! Gracias por tu comentario y perdona la demora en responder. Yo tampoco creo que los libros desaparezcan, y menos los que están hechos con tanto cuidado y atención. Aunque claro que habrá que seguir abriendo caminos para competir con las grandes cadenas y luchar (también como consumidores) para que las editoriales pequeñas tengan mejores oportunidades de distribución, exhibición y producción. Hay que recordar todo esto cuando pensamos que el precio de un libro es alto! Hay publicaciones que serán mucho más prácticas en formato digital (libros de texto y manuales o libros técnicos, por ejemplo). Eso, en un escenario ideal, permitiría que la oferta de libros impresos fuera menor en cantidad, pero mucho mejor en calidad. En fin! Muchos saludos!

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  2. Yo soy declarada bibliófila y como tal veo muy poco probable que los libros desaparezcan del todo. Si bien es cierto que la tecnología parece “estar entrando con todo” conozco a muchos que, como yo, prefieren las sensaciones que brinda el tener el libro en la mano ¡de entrada es menos cansado leer en papel que en pantalla!

    Me gustó mucho este post, particularmente tu forma de cerrar “Los cambios que se avecinan deberían significar un enriquecimiento, y no el final, de los libros impresos y del mundo editorial.” Es un tema de mucho debate, en realidad: los que decimos que no se irán los libros sin importar lo que venga, los que dicen que sí morirán. De mientras, como dices, sigamos disfrutando del libro entre nuestras manos. ¡Saludos!

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