Ser vegetariano sin dejar de ser mexicano

Por: Alberto De Legarreta

Twitter: @albertotensai

Hace poco que en este espacio Margot Castañeda publicó un artículo sobre vegetarianismo. En él, Margot propone un nuevo significado para la palabra vegetariano, aunque creo que ni ella misma se dio cuenta de lo atinada que fue su propuesta.

Cuando uno piensa en vegetarianismo, lo primero que viene a la mente es la renuncia. Los mexicanos estamos acostumbrados a una dieta rica en productos cárnicos. Renunciar a ella es un gran pesar para muchos, pero no es sólo por que los mexicanos seamos grandes sibaritas, sino por que renunciar a tus hábitos alimenticios es renunciar, también, a gran parte de tu cultura gastronómica, tu identidad como mexicano y tu herencia histórica. Algo que no muchos están dispuestos a hacer.

¿Suena muy teórico o alejado de la realidad? Pensemos en una cena navideña. El pavo, los romeritos con camarón, el bacalao. ¡Adiós a todo ello! ¿Y el Día de la Candelaria? Puro tamal de rajas, nada de cerdo, nada de rojo, ni de verde. ¿Una taquiza en un festejo? Olvídense de las carnitas, la barbacoa, el ximbo, la cochinita pibil, el cerdo en pipián, las papas con chorizo, el pollo en mole poblano… Claro, nos quedan el huitlacoche y la flor de calabaza, pero su presencia en las reuniones sociales suele ser escasa, si es que las hay. ¿Y si vamos a cenar a los tacos? Ah, no, que Zutanito no come carne…

La renuncia, insisto, no es sólo a sabores en el paladar. Es a la convivencia, a la comensalidad, a la integración social. Como bien señala Michael Pollan, el vegetarianismo nos aliena de los demás y de nuestras tradiciones. Además, exige atención especial en un evento y una presión extra al anfitrión (“tengo que preparar unos nopales para Fulanito, porque si no, no come nada”): te convierte en un invitado incómodo, un detalle más a considerar y trabajo extra.

Y viceversa: ofrecer un festín vegetariano en una fiesta tradicional como un bautizo, una boda e incluso en Cuaresma podría ser interpretado por los convidados como una desatención, como pobreza o falta de seriedad en el festejo. ¿Qué clase de fiesta es la que no tiene carne? Los alimentos de origen animal para los mexicanos siguen siendo una muestra de riqueza, un alimento de celebración, de ocasión especial.

La desintegración social no es un precio bajo a pagar por un vegetarianismo radical. Al perder uno de los momentos de unión más importantes con sus círculos sociales, la persona puede sufrir graves consecuencias: desde perder un empleo por rechazar una oferta a comer de su jefe, hasta ser víctima de fuertes críticas en su propia familia.

Es por esto que la propuesta de Margot me parece tan prudente y atinada: si ser vegetariano implica sólo una preferencia por los alimentos provenientes de las plantas, pero no una renuncia completa a los provenientes de los animales, los beneficios en la salud y -quizás- en la consciencia para la persona que adopte esta dieta no tendrán que ser a costa de su identidad cultural y, por lo tanto, de su integración social.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s