En el calabozo o en la oficina

 

Por: Juan José Díaz Enríquez

Twitter: @zoonromanticon

 

No hay nada peor que una oficina fea. Puede estar bien cuidada, limpia y con todo lo mínimo indispensable para poder trabajar, pero si es fea uno siente una aversión a estar ahí. Y eso es poco deseable, teniendo en cuenta que será ahí donde pasaremos, al menos, ocho horas diarias.

Y con feo quiero decir carente de cualquier sentido de estética. Ésta (la estética) es muy importante para el ser humano. Baste ver cómo uno acondiciona su lugar de trabajo según su agrado: una plantita por allí, un arenero zen, el cuadro de la familia… para sentirnos en un ambiente agradable. Como seres humanos necesitamos de lo agradable para sentirnos cómodos. Y la comodidad es una condición necesaria para la productividad empresarial.

Si no fuera así, las sillas ejecutivas serían de madera, el aire acondicionado estaría en la lista de artículos de lujo y la preocupación por el “clima laboral” sería una pérdida de tiempo. Pero no lo es. Sabemos que necesitamos cierta temperatura para trabajar y por eso invertimos en aparatos e instalaciones nada baratos; sabemos que una persona con lumbalgia rinde menos, por lo que procuramos que las sillas sean algo ergonómicas.

Sin embargo, la comodidad queda constreñida al ámbito físico y considerando el desarrollo humano que sucede dentro de las empresas, esto es un grave error. La empresa debe facilitar el agrado no físico a sus trabajadores: momentos y espacios de esparcimiento y, lo que nos importa ahora, una oficina estéticamente agradable. Es decir: un lugar que se disfrute.

Para ello hay muchos caminos que uno puede seguir. Comprar una colección de cuadros en Liverpool o El Palacio de Hierro (El corte inglés, Harrod’s, lo mismo da), tener todo un programa de jardinería para los jardines, invertir cantidades ingentes de dinero en remodelaciones para estar al último grito de la moda arquitectónica y del diseño de interiores. O, simplemente, embellecer el lugar con un cuadro bien colocado o un jardín bien cuidado, los pequeños detalles son los que hacen la diferencia y no implican un desembolso grande.

Con estas pequeñas mejoras el lugar de trabajo será mucho más agradable y, por lo tanto, le permitirá a los empleados de la empresa gozar su estancia en las instalaciones. ¿Y por qué esto es RSE? Parece, podrían objetarme, una simple propuesta sin beneficios reales y, mucho menos, un sustento de responsabilidad social.

Nada más falso. La empresa responsable da cuentas del ambiente de trabajo o del clima laboral y éste no sólo implica las relaciones interpersonales e inter-departamentales. Implica el reconocimiento de las personas al interior del negocio como seres humanos: seres con necesidades físicas y emocionales. Es tan importante tener un comedor para los empleados como la estética y comodidad del mismo: es en esos espacios (pasillos, salas de juntas, cubículos, comedores, etcétera) donde nuestra gente vive todos los días, donde habita. No sólo está ahí, como lo están las piedras y los muebles. Habita. Es decir, convive, crece, y se desarrolla entre las paredes del negocio. Paredes que pueden ser o un calabozo o una oficina.

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