Pop-up restaurants: montajes temporales con ideas perdurables

Por: Margot Castañeda

Twitter: @martxie

“La gastronomía se transmite por contacto cultural y se propaga a una velocidad marcada por el hambre y los ritmos sociales”

Paz Merino

Hace dos semanas tuve la oportunidad de experimentar de cerca el primer montaje de pop-up restaurant o restaurante itinerante en la ciudad de México. “El mar llega a la ciudad” fue su título, pero junto con el mar llegó toda una excitante idea.

Un pop-up restaurant es un restaurante montado de manera temporal en un espacio determinado que cuenta con la infraestructura necesaria para ofrecer los servicios de un restaurante normal. Se dice que es una tendencia gastronómica que estará muy presente en 2011 tanto en Estados Unidos como en Inglaterra, donde comenzaron a llevarse a cabo hace algunos años, pero al parecer en México también tiene grandes posibilidades de ser una iniciativa exitosa. Podemos abordar sus posibilidades de éxito desde diferentes perspectivas: como una potencia comercial muy valiosa, como plataforma mercadológica para jóvenes y talentosos chefs y como un tema social que trata de llevar alta cocina a grupos de comensales cada vez más diversos. Sin embargo, existe otra posibilidad con gran potencial: crear una experiencia cultural, incluso artística, a través de estos montajes temporales.

Sabemos que un pop-up restaurant tiene como propósito principal el de sorprender a los comensales, ofreciéndoles talento y creatividad culinaria plasmada en un gran menú a precios accesibles. Generalmente su propuesta culinaria se presenta como “libre de ataduras y etiquetas”, no tienen una definición concreta para clasificar el tipo de cocina que ofrecen y si la tienen la pueden cambiar fácilmente. Además, la emoción de asistir a un pop-up restaurant no se limita al acto de probar platillos novedosos, sino de experimentar una convivencia directa con los creadores.

Podemos encontrar tres valiosas condiciones que se pueden explotar al máximo. Primero es que su público objetivo está ansioso por conocer más sobre la Gastronomía Contemporánea y probar nuevas experiencias. El segundo es que los cocineros y organizadores tiene libertad de creación, expresión y comunicación. Por último, descubrimos que el canal de comunicación entre creadores y espectadores (cocineros y comensales) es directo, lo cuál permite un mejor entendimiento del discurso gastronómico que cada autor pretende transmitir a través de sus platillos.

Realmente creo que un pop-up restaurant es la oportunidad ideal para crear experiencias culturales muy completas y enriquecedoras. Es como montar una obra de teatro o una exposición temporal de arte. Cocinar con una finalidad no sólo estética, sino comunicativa; para manifestar ideas bien fundamentadas.

La forma de lograrlo es con una buena planeación estratégica. Comenzando por elaborar un buen discurso y transmitirlo con ayuda de los elementos que conforman la experiencia: ubicación, ambientación, menú, cocineros, comensales, servicio, etc. Así, aunque el restaurante no permanezca físicamente, su mensaje será recordado por todos.

Los restaurantes itinerantes son efímeros, pero creo que su ideología podría no serlo. Me gustaría ver que un pop-up restaurant sea una producción intelectual plasmada en comida. Una comida que es un hecho sensorial cocinado con intencionalidad comunicativa y de expresión cultural. Así es como creo que un montaje de pop-up restaurant adquirirá una significación trascendente. Estoy ansiosa por visitar el siguiente pop-up en la ciudad de México, cuya planeación ya se está cocinando.

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