Amaos los unos sobre los otros

Por: Fernando Villela

Twitter: @Featum

“Sex was the most fun I ever had without laughing”

Annie Hall

Jóvenes ya están en edad para que tengamos La Plática. Es momento de relajarnos un poco y hablar de sexo. Tranquilos no les voy a contar mis perversiones ni cuestionar las suyas, ni pretendo bajar el nivel de la discusión de nuestro blog con bajezas. Verán, en Eudoxa hemos decidido tratar todo aquello que determina y constituye nuestra cultura: política, cocina, artes, costumbres, etc.,  y pocas cosas son tan determinantes para la constitución de la sociedad que el sexo.

Lo encontramos en la televisión, música, comerciales, literatura, comedia, religión… Existe toda una cultura alrededor, sobre y para el sexo. Es peculiar, y afortunado, el interés que han puesto las culturas en ello. Una extraña combinación de necesidad biológica, morbosidad y poesía ha construido toda una estructura cultural y moral sumamente peculiar. Es el único deseo animal que ha merecido toda una serie de instituciones sociales, que lo colocan naturalmente entra la máxima intimidad y la apertura de la vida pública.

Junto a sus ritos, mitos, usos y costumbres la sexualidad tiene sus orígenes en nuestra postura antropológica e incluso cosmológica. Me explico; los occidentales somos el resultado de la cultura clásica cristianizada, pero en muchos elementos ambas tradiciones son contradictorias, entre ellas la moral sexual. Es morbosamente conocida la ligereza sexual de los griegos y latinos, con sus famosas orgias, su erótica mitología y (como en Pompeya) sus frigios que hoy llamaríamos pornográficos. Por el otro lado, el cristianismo heredero de la ética judía, tiene una ética muy estricta e incluso ha restringido al sexo a una institución sacramental.

¿De dónde viene tal diferencia? Creo que las diferencias radican en la cosmología de ambos pueblos.

Los grecolatinos, al igual que la mayoría de los pueblos paganos, veían a la tierra como una deidad, madre de todas las cosas. La diosa tierra engendraba la creación gracias a la participación del dios cielo. En última instancia la tierra y el cielo eran el origen de todo, incluso los dioses, en una analógica del acto sexual.

En contra parte en la religión judía, Dios es el creador. Él solo sin la ayuda de nadie, Dios es el origen de todas las cosas. Es Dios en muchos sentidos el verdadero y único Padre Soltero del Universo. A ello hay que agregarle que al considerar al hombre hijo de Dios, las culturas semitas ven al sexo como algo casi divino (no hay que confundirse con la religión Hindu). Ya que es el medio para crear a un nuevo hijo de Dios, de allí la importancia de la sexualidad humana.

Actualmente  vivimos las consecuencias de la revolución sexual de los 60´s, que ha cimbrado las bases de nuestra sexualidad. Una nueva moral regula el comportamiento erótico lejana a las exigencias de la sexualidad semita. Y así como la adopción del cristianismo en Europa significó un cambio radical en la cosmovisión, la nueva sexualidad es resultado de un nuevo entendimiento del hombre. Estamos frente a una etapa postcristiana o neopagana; que no implica un regreso absoluto al paganismo ni una renuncia a los valores cristianos. Lo siento jóvenes las orgías públicas dionisiacas no van a regresar.

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