El valor agregado de la Responsabilidad Estratégica

Por: Juan José Díaz

Twitter: @zoonromanticon

Hay momentos en que, para que la discusión siga un cauce adecuado, es necesario detenernos y regresar a los conceptos fundamentales que la sostienen. En el caso de la Responsabilidad Social Empresarial hay un concepto que tiende a esconderse, quizá por ser demasiado original: la estrategia.

Se hablan de procesos, normas, distintivos y otras cosas. Eso está bien, al final la RSE tiene un cariz pragmático que no podemos evitar si queremos tomarla en serio. La autoevaluación, el levantamiento de evidencias (pruebas de que nuestra empresa es responsable), gestiones de mejora continua y similares son los andamiajes que nos permiten ser una empresa socialmente responsable.

Pero, en todos estos andamios, hay un elemento que les permite mantenerse unidos, incluso cuando las circunstancias no son óptimas. Este elemento es la estrategia.

Cuando un negocio piensa en estrategia por lo general se remite al Plan de Negocio o al Plan Estratégico. Y dentro de ellos se enfoca en las áreas de mayor impacto para el desarrollo empresarial y el fortalecimiento financiero. Sin embargo, pocas veces la estrategia abarca también a la RSE.

¿Por qué? No tengo una respuesta definitiva, pero me atrevo a intentar una que sea preliminar: la RSE en tanto moda y en tanto serie advenediza de procesos no ha sido asumida por las empresas como un parte indispensable de su ser cotidiano. Sigue siendo considerada un añadido que da status y que, en el mejor de los casos, implica un ROI nada despreciable para la organización.

La Responsabilidad Social Empresarial, empero, puede y debe ser considerada estratégicamente. Así como desde un inicio la empresa exige que se tengan bien definidas las políticas de producción y ventas, o los estándares de calidad, o la táctica para ganar un mercado, igualmente se debe exigir que todas las actividades estén normadas por principios de responsabilidad social.

Es cierto que, quizás, este inicio sea más sencillo para las PyMES que están comenzando su carrera mercantil. No están llenas de estructuras y procesos que complican la aplicación de una RSE estratégica. Pero no por ello las grandes empresas pueden lavarse las manos y conformarse con lo (poco o mucho) que ya hacen. Siempre se puede tomar el catálogo de actividades responsables y estandarizarse, ordenarse hacia una meta definida y ponerse en relación con objetivos medibles y mejorables.

¿Qué ventaja aporta una RSE estratégica y no sólo anecdótica o accidental? La primera ventaja es la información y la medición: sólo así podemos saber realmente qué se está haciendo en terreno de la responsabilidad social. La segunda ventaja es que al estandarizarla se puede usar como una herramienta más para alcanzar la misión de la empresa: un valor agregado nada despreciable si se tiene en cuenta que la RSE mal gestionada es un enorme gasto de recursos que la empresa tiene que asumir.

Por último, y quizá la ventaja más clara e importante, es que sólo cuandola RSE es considerada estratégicamente puede manifestarse en toda su capacidad. La Responsabilidad Estratégica permite que la RSE en verdad cumpla con su mandato de asumir las consecuencias de los efectos sociales que, naturalmente, cualquier empresa provoca.

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