El fin está cerca

Por: Juan José Díaz Enríquez

Twitter: @zoonromanticon

 

“Mahler no se escucha no porque sea un autor difícil, sino porque no se conoce, casi no se toca en México”, dijo hace poco el director Carlos Miguel Prieto. Ahora, en este verano, tendremos la oportunidad de escuchar y conocer mejor a este autor incomprendido y tachado de “pesado” y “difícil”.

Cuando desde la obscuridad de la sala de conciertos emergen los acordes iniciales de la Sexta Sinfonía de Mahler el mensaje nos es claro: “el fin está cerca”. Y en esta ocasión ese fin tiene doble significado, pues (además de las tragedias ocultas en las notas y escalas del oriundo de Iglau) nos enfrentamos a la recta final del ciclo integral de las sinfonías de Gustav Mahler, que desde hace un año nos presenta la Orquesta Sinfónica de Minería.

El año pasado, el ciclo cerró con la Quinta. Con su último movimiento, un radiante finale, nos dejaron en suspenso hasta este 30 de junio. Un momento de paz antes de la tormenta que traen consigo las últimas sinfonías mahlerianas.

La Sexta -que sonará este fin de semana- comienza con una marcha militar que se va acercando peligrosamente al público, amenazante. Dentro del terror de la guerra, del ejército que camina en staccato hacia el público, Mahler nos regala un momento de efímera paz: un tema amoroso, como un aliento atrapado entre las filas de un escuadrón dispuesto a destruir todo a su paso. Ese aliento amoroso pugnará durante el Primer Movimiento por  vencer al terror.

El primer movimiento, de casi media hora, da paso a un enérgico Scherzo en el segundo movimiento: podemos imaginar una caminata burlesca o un vals maldito. ¿Qué camino estará tomando Mahler? La sinfonía, su Sexta, se desgrana en burlas y monstruos que marchan hacia el público. Aquel “destino” de la Quinta de Beethoven deja de atacar al pobre sordo y se voltea, rabioso, contra el público, contra los escuchas, y los ataca a ellos. Mahler nos lo grita: ¡el fin está cerca! El destino es el General del ejército del primer movimiento. Aún no lo vemos, no podemos verlo. No imaginamos que es ese destino lleno de dolor y odio quien se esconde detrás de la marcha y del vals. ¿Cómo podríamos? Pero ya sentimos miedo.

La Sexta es un thriller que oculta muy bien al gran antagonista hasta el final. No llama la atención que tras su estreno, en 1906, la crítica y el público la haya acusado de “satánica”. En lo personal no me parece que sea una queja, sino más bien una descripción.

Al final, durante el último movimiento, Mahler deja que el destino alcance al público. El mal se libera y da rienda a su ejército: todo el movimiento son oleadas cada vez más espeluznantes. A diferencia de la Quinta que culmina llena de luz, la Sexta se destruye conforme va avanzando. Casi me atrevería a afirmar que es una profecía completa del siglo XX: el mal que surgió a finales del siglo XIX avanzó durante el XX autoconsumiéndose en horrores y pesadillas. ¡El fin está cerca!

La Orquesta Sinfónica de Minería arranca su Ciclo 2011 el próximo 30 de junio. En el año en que celebramos el centenario luctuoso de Gustav Mahler tendremos el privilegio de enfrentarnos a las reflexiones de uno de los grandes músicos del siglo pasado. Por si ello fuera poco, además de las piezas de Mahler, escucharemos a su contemporáneo y a ratos amigo, Richard Strauss. Dos titanes que moldearon con sus batallas el mundo musical que ahora habitamos, desde Star Wars hasta Bjork, Sting o los Rolling Stones.

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