Es trabajo de todos

Por: Emilia Kiehnle

Twitter: @e_kiehnlem

 

En este espacio ya hemos hablado mucho sobre la responsabilidad social empresarial. Hemos dicho que el término aún no es valorado con seriedad en varios sectores por ser un nombre demasiado utilizado y que la mayor parte de las  veces carece de profundidad. Hay muchos que todavía piensan que el término se refiere a las relaciones públicas, a la filantropía y que es un tema de imagen. Sin embargo, en las diferentes publicaciones dedicadas a este tema, siempre hemos insistido en que la responsabilidad social no es solamente una moda, sino una herramienta real para el desarrollo, pues reconoce el poder que tienen los mercados y las empresas para incidir positivamente en su entorno.

Otro mito con el que nos hemos peleado es que la responsabilidad social se traduce solamente en filantropía o en políticas para cuidar el medio ambiente. Por supuesto, una empresa realmente responsable se va a preocupar por la sociedad en la que está inmersa y por la ecología, pero no se va a limitar a hacer eventos de caridad o a plantar árboles, también se va a preocupar por mejorar la calidad de vida de sus empleados, por proteger los intereses de la sociedad con atención en el servicio, por establecer acciones verdaderamente efectivas para cuidar el medio ambiente y por ser transparente en su operación. Además, es importante recordar la importancia de la honestidad y la eliminación de la corrupción en los todos los niveles de la empresa como Juan José recalcó en el post pasado.

Después de haber escrito tanto sobre las formas de ser socialmente responsable queda claro que esto es un trabajo de cada día, en donde todos tenemos que poner nuestro granito de arena. No sólo el dueño de la empresa o los directivos son los responsables, sino toda la empresa. La idea es que todos colaboren y así se logre poco a poco influenciar también a los proveedores, clientes y entorno para que piensen de esta manera.

Aunque todavía queda mucho por pensar y escribir del tema, ya hemos hablado a grandes rasgos sobre el papel de los empleados en la responsabilidad social empresarial, pero me parece que aún no hemos tocado el tema de los clientes.

Uno de los grandes retos que tenemos en América Latina para la implementación de programas de responsabilidad social y de sustentabilidad son precisamente los consumidores. A diferencia de los consumidores europeos, por ejemplo, que prefieren productos desarrollados de modo sustentable, donde no haya trabajo infantil ni esclavitud de ningún tipo, los latinos no nos fijamos mucho en estas cosas. A veces porque ni siquiera estamos informados al respecto.

Otro término que se usa mucho en estos tiempos, y que por lo mismo tiende a ser tachado de moda frívola, es el “comercio justo”. Para los que no estén familiarizados con el nombre, el comercio justo es, a grandes rasgos, un tipo de comercio que promueve una relación voluntaria y justa entre los productores y los consumidores. Implica una serie de principios, como el rechazo a la explotación infantil, la igualdad entre hombres y mujeres y el respeto a la dignidad humana en el trabajo. También se busca que el precio que se paga a los productores permita condiciones de vida dignas y se valora la calidad y la producción sustentable de lo que se vende, para cuidar del medio ambiente y la salud de los compradores.

El comercio justo no es sólo una moda más ni una estrategia de mercadotecnia, como consumir productos con la estampa de “orgánicos” o ligth, sino que es algo que ha probado ser necesario en la sociedad. La idea es buscar maneras de evitar tantos intermediarios entre productores y consumidores para que éstos últimos puedan estar bien informados sobre el origen del producto que están comprando.

Por lo tanto, es una manera de responsabilidad social el que las empresas se preocupen por informar a sus clientes sobre los orígenes y atributos de sus productos para lograr decisiones de compra más pensadas. Pero no son sólo las empresas las que deben profundizar en el término, sino el mercado mismo, incluyendo a los consumidores y a los accionistas y prestamistas, que también deben decidir en dónde quieren invertir su dinero.

Como ya lo hemos mencionado, es un trabajo que se hace en conjunto y todos los días.

 

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