“Pero, ¿qué esperaban?”

Por: Emilia Kiehnle

Twitter: @e_kiehnlem

 

Hace una semana tuve la oportunidad de asistir a la presentación del primer programa de la Orquesta Sinfónica de Minería, en donde tocaron la Sexta Sinfonía de Mahler. La interpretación fue increíble y al acercarse el final del último movimiento me invadió un sentimiento sublime. En el momento culmen de la obra, antes de terminar, el director levantó las manos para mantener un brevísimo instante de silencio antes de tocar la última nota. Yo contuve el aliento, expectante, pero antes de que pudieran concluir se escuchó una voz emocionada que gritó “¡bravo!” e inmediatamente varios de los oyentes prorrumpieron en aplausos. Faltaba tan sólo una nota, la sinfonía no había terminado, pero gran parte del público no se había dado cuenta de la interrupción y aplaudía sonoramente.

El pobre director, rojo por el coraje, bajó las manos, agradeció a la orquesta y se salió de la sala sin dirigirse al público. Poco a poco los aplausos languidecieron y la situación se tornó un tanto incómoda conforme los presentes se fueron dando cuenta de lo que había pasado.

Quizás a muchos de ustedes les parezca una exageración. “Es tan sólo una nota”, pensarán, pero esa pequeña interrupción es suficiente para afectar toda la experiencia artística. Es como si en el teatro la gente empezara a aplaudir antes de que el actor dijera el último diálogo. Además de dejar la obra inconclusa, constituiría una falta de respeto para los actores.

Días después, comentando esto con un amigo, me dijo: “pero ¿qué esperaban?, el público mexicano no está educado para comportarse en un concierto.” Por lo general esta clase de comentario me molestarían mucho, pero en esta ocasión no me lo tomé a mal. Efectivamente, la mayoría de la gente en México no sabe comportarse en una sala de conciertos, pero tampoco es su culpa. Es algo que no se nos enseña, a menos de que tengamos unos padres melómanos que nos lleven desde chiquitos. Yo no tuve esa suerte, y la primera vez que fui a un concierto de música clásica aplaudí emocionada a penas terminó el primer movimiento, pero de inmediato el público “culto” me cayó con molestia. Me sentí fatal y avergonzada de mi ignorancia, pero la realidad es que nadie se había tomado la molestia de explicarme qué era un movimiento y por qué la pieza todavía no había terminado. ¿Cómo se supone que debía saberlo?

El día de la interrupción de la Sexta Sinfonía de Mahler me molesté por no haber podido escuchar el final y entendí el enojo del director, pero también me sentí mal por el público, pues más de uno se ha de haber avergonzado.

¿Por qué no se nos enseña esto en las escuelas desde niños? Si se tomaban la molestia de llevarnos a museos y de excursiones, ¿por qué no a un concierto de orquesta sinfónica? No me parece una idea descabellada.

Este incidente me hizo pensar mucho y haciendo memoria recordé que de niña mis clases de música fueron bastante buenas. Tuve la fortuna de estudiar en una primaria europea en donde se le daba mucha importancia a la educación artística. Pero en cuanto me cambié a una secundaria con el sistema nacional, mis clases pasaron de tocar instrumentos, bailar, cantar y aprender a reconocer diferentes sonidos y piezas musicales a memorizar la definición del pentagrama, nombres de autores y fechas y cantar el himno nacional. En lugar de lograr que apreciara la música clásica me hicieron aborrecerla e identificarla con cosas aburridas y polvorientas. Desde entonces, no volví a tener contacto con la música de orquesta sinfónica hasta la Universidad.

Siempre he defendido que el arte es para todos y que no hace falta ser un gran conocedor para poder disfrutarlo. Sigo pensando así, pero también creo que no nos hace daño aprender y cultivarnos, pues las experiencias artísticas son más completas y profundas cuando las entendemos.

Tengo la esperanza de que algún día logremos superar la mentalidad positivista y que el sistema educativo comience a darle importancia a la educación artística. Mientras tanto, ¿no sería conveniente que antes de los conciertos se le diera a los asistentes unas breves instrucciones de comportamiento? Se los dejo para que lo consulten con la almohada. Yo haré lo propio.

 

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