Recetas literarias para cocinar libros

Por: Margot Castañeda

Twitter:  @martxi

Bien decía Hoffman que “los buenos libros de cocina son bellos trozos de literatura, presentando la inmensa ventaja de acomodarse al alcance de todos, de lisonjear cuantos gustos hay y de producir tal interés, que sin excepción se renueva dos o tres veces al día. ¿de qué poema, tragedia o discurso académico pueden hacerse elogios tan grandes?”.

Hoffman nos está dando un consejo muy valioso: la palabra “gastronomía” por sí sola excita la atención general, el tema está de moda y los escritores son tan gastrónomos como todo el mundo. Así que podemos decir que la literatura y la gastronomía pueden maridar extraordinariamente, porque la perfección de uno depende de la delicadeza del otro.

En México el tema gastronómico está en boca de todos y ya existen intentos de poner cierto orden a todo el conocimiento disperso que se ha producido al respecto. Sé que ya hay diccionarios gastronómicos muy bien hechos, manuales  ideados para explicar la cocina mexicana de la A a la Z. También sé que la oferta de recetarios es tan amplia que si quisiera saber cómo alimentar a una persona diabética con platillos novedosos y deliciosos, puedo acudir a mi librería favorita y comprar un colorido recetario especializado.

Sinceramente, creo que el potencial literario de la gastronomía en México puede ir mucho más allá de lo que se ofrece actualmente.

Por ejemplo, en España los afamados chefs comenzaron a saltar de los fogones a las plumas para compartir con el mundo sus secretos. No sólo sus recetas, sino sus investigaciones. Además, se pueden encontrar numerosos ejemplares valiosos que hablan sobre cultura gastronómica europea. No sólo hay obras que traten estos temas desde un punto de vista histórico, sino también actual. El caso es que la gastronomía española hoy va camino a convertirse en un género literario con sección propia en las librerías. Me gustaría ver que este fenómeno ocurriera en México.

La popularidad alcanzada por los chefs mexicanos ha facilitado en gran medida el ascenso de la gastronomía en las librerías, pero queremos más. ¡Queremos más ensayos, investigaciones, poemas, novelas, tratados! Y sobretodo, ¡queremos más intercambio de conocimientos!

Estoy segura de que talento no falta. En verdad que conozco varias personas cercanas con el talento necesario para publicar un buen libro gastronómico y no necesariamente son especialistas gastrónomos, ni poetas. Además de todos los bloggeros, tuiteros y escritores de la web que publican constantemente sus ideas inquietas e investigaciones constantes. Así que quisiera abrir una invitación pública a todos ustedes para que hagamos del concepto “gastronomía literaria” o “literatura gastronómica” una formalidad que abra fronteras y difunda nuestra cultura.

Comer pasa, termina. Pero el hecho de que comer sea una experiencia cultural le brinda la oportunidad de que trascienda en papel. Las sopas no quedan pero las obras literarias sí.

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