The scar had not pained for nineteen years

Por: Fernando Villela

Twitter: @Featum

El tema para el post de hoy es obvio: Harry Potter. Hoy se estrena en nuestro país la última película sobre las aventuras del joven mago contra aquel-que-no-debe-ser-mencionado, con lo que se cierra uno de los ciclos más importantes en los últimos quince años. Lo que inició como una pequeña novela para niños hoy es un fenómeno cultural mundial que trascendió las letras.

He de aceptar que soy fan de esta franquicia. Leí todos los libros, he visto todas las películas (hoy cerraré el ciclo), además de tener un par de souvenirs, y he respondido las preguntas que todo fan se enfrenta: ¿cuál sería tu casa? (Ravenclaw), ¿si te enfrentaras a un Boggat, qué aspecto tomaría? (pájaro enorme), ¿qué animal es tu Expecto Patronum? (cuervo).

La primera ocasión que me enfrenté con este mágico mundo fue en mi lejano 3º de secundaria. Se estrenaba la primera película de la serie y mis amigos y yo iríamos a verla en viernes, pero yo tenía la política de no ver una película cuyo libro no hubiera leído. Así que un miércoles me prestaron Harry Potter y la Piedra Filosofal que para el viernes, momentos antes del estreno, estaba totalmente leído. No tengo registro de lo pasado en clases los siguientes dos meses, pues no hacía más que leer los restantes cuatro libros disponibles y, conforme iban saliendo las siguientes entregas, leía las cuitas del Harry. El último libro lo terminé de leer en mi primer trabajo, (notable diferencia cuando tomé el primer libro).

Mucho se puede escribir sobre el Mago de la Cicatriz, desde el absurdo debate religioso hasta las características literarias que lo hace un libro ideal para que los niños adquieran el gusto por la lectura. Unos argumentan que la serie se fue corrompiendo conforme se iba comercializando para pasar de libros que tienen películas a libros para hacer películas. Pero cada quien lleva agua para su molino, y, para efectos de este post, me interesa hablar de un aspecto muy particular de esta historia.

J.K. Rowling crea todo un mundo paralelo en sus libros, sumamente completo en todos los aspectos. Uno de los más maravillosos es la sociedad que forman los magos y las mentalidades que ella imperan, porque son un claro reflejo de la sociedad muggle.

La sociedad mágica se puede dividir según tres categorías (de menos para las intenciones de nuestro post). La primera es la económica, hay brujos ricos (de alcurnia o nuevos ricos), brujos de clase media y brujos de clases bajas o pobres. Por otro lado está el origen étnico-mágico del brujo: tenemos Sangres Limpia (descendientes de mago), Sangre Mestiza (hijo de mago y muggle), Squib (hijo de magos sin magia) y Muggle (persona no mágica). Por último, los podemos clasificar según su postura sobre la categoría anterior: los racistas o conservadores (quienes discriminan e incluso quieren eliminar o esclavizar a los Sangre Mestiza y Muggles) y los liberales (quienes sostienen que el origen del mago no lo determina y buscan una coexistencia con los Muggles).

Tomando estos tres aspectos, Rowling nos presenta una sociedad encontrada por aspectos étnico-mágicos. El racismo mágico no depende del origen del mago sino de aspectos económicos; se presenta sobretodo en las clases altas, en las antiguas familias con apellidos de abolengo, mientras que los magos liberales se encuentran en las clases medias, medias bajas y bajas. Dos de las principales familias que apoyan a Lord Voldermont son los Malfoy y los Black, que todos sabemos que son de las más acomodadas en el mundo mágico. Y familias como Weasley, Potter, Longbottom son magos común y corrientes, que al tener que trabajar todos los días se mezclan con distintos tipos de magos, lo que los vuelve más tolerantes. Fueron estas familias, junto con los académicos y magos más preparados, quienes formaron la resistencia contra los Mortífagos.

Los buenos de la historia, son tan liberales, que incluso en su régimen se permite la coexistencia de las posturas conservadoras moderadas, por eso sigue existiendo la Casa de Slytherin.

Muchos de los elementos de la segunda guerra de los magos (evento que narran los libros) tiene muchas similitudes con la Segunda Guerra Mundial. Con la excepción de la intervención americana, los eventos y situaciones nos recuerdan la ideología totalitaria nazi, sus métodos para hacerse del poder y la resistencia de los pueblos libres.

La literatura fantástica nos permite hablar de temas que de otro modo sería complicado y políticamente incorrecto tratar. Rowling nos dice que las clases acomodadas son más propensas a apoyar movimientos totalitarios, que tienden a discriminar y a apoyar posturas ideológicas que justifican sus recursos, mientras que las clases medias y trabajadoras son resguardo de la libertad.

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