Un paseo por el Prado

Por: Santiago Piñeirúa

Twitter: @spineiruaz

 

Un vuelo de doce horas de regreso a México me ha dado tiempo de reflexionar sobre el tema de este post y como hace 48 horas visité el museo del Prado en Madrid quiero compartir con ustedes una idea curiosa que se me viene a la mente. Me gustaría pues comparar dos artes: la pintura y la música.

Infinidad de escritos y estudios se han publicado comparando estas dos bellas artes que a lo largo de la historia han sido directamente relacionadas. Pinturas han sido inspiradas por obras musicales y viceversa, el desarrollo de la historia del arte ha ido llevando una de la mano de la otra. Pero quiero describir a ustedes la  diferencia que existe entre contemplar una pintura, como las Meninas del gran pintor español Diego de Velázquez, y escuchar una pieza musical.

Aunque ya me ha tocado verlas en varias ocasiones fue esta última vez que hice realmente consciente la idea de estar viendo directamente la mano del autor y no una interpretación de su obra; es decir, la colección de pinturas que tuve el privilegio de contemplar en el museo son obras que muestran directamente la genialidad del artista. Uno es capaz de observar el trazo real impreso por los pintores.

Por obvia que esta idea parezca obliga a la reflexión, pues al escuchar una pieza musical uno está sujeto a que se nos ofrezcan distintas cosas, desde la interpretación que da un músico o grupo de músicos  con toda la formación artística, hasta la limitada información que un compositor puede plasmar en un papel. Y aunque el manuscrito de un compositor que ha trascendido sea un tesoro invaluable y pueda llegar a provocar la misma emoción que una obra pictórica, el arte de un músico sigue siendo primordialmente auditivo y el papel no deja de albergar símbolos atrapados necesitados de una fuerza externa para adquirir vida.

Sin embargo en la pintura no sucede esto. Debo admitir que sentí gran emoción al caminar por las salas de este museo y sentir en cada cuadro la imborrable y directa huella de genios que han vivido hace muchos años y que han contribuido al concepto que hoy tenemos del hombre como ser sensible, racional y espiritual.  Si además comentamos el hecho de que en la zona en la que se encuentra el museo del Prado se encuentran también el museo Thyssen y el Reina Sofía, convirtiéndola en el área que alberga la colección más grande de pintura en el mundo, la idea me hace la piel chinita.  

Otras artes como la escultura y la literatura dejan huella de manera similar, pues uno es capaz de conectarse directamente con los autores sin necesidad del dinamismo de un tercero.

No es mi intención con este texto hacer menos de las artes escénicas, ¡al contrario! De hecho, algunos de ustedes ya saben que soy músico, pero solo quiero puntualizar que ésta semana la pintura de Velázquez y otros me hicieron vivir algo distinto a lo experimentado con la música, algo que sólo cierto tipo de disciplinas (no dinámicas, o escénicas) ha podido ofrecerme.

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