Operación renacimiento

Por: Fernando Villela

Twitter: @Featum

Doesn’t matter what the press says. Doesn’t matter what the politicians or the mobs say. Doesn’t matter if the whole country decides that something wrong is something right. This nation was founded on one principle above all else: the requirement that we stand up for what we believe, no matter the odds or the consequences. When the mob and the press and the whole world tell you to move, your job is to plant yourself like a tree beside the river of truth, and tell the whole world – “No, you move.”

Capitán America

Si usted es de mis contados fans, se habrá dado cuenta de mis pecados y defectos a la hora de escribir. Suelo apresurar el final de mis textos, procuro ser económico en el uso del lenguaje y gusto de construcciones gramaticales poco convencionales. Al mismo tiempo jamás he escondido mi liberalismo radical, mi proyankeesmo y postmodernidad en mi pensamiento. Creo firmemente en la supremacía de la libertad del individuo sobre los intereses comunitarios, que la democracia es el único tipo de gobierno legítimo y que en lo que respecta a expresiones culturales no hay criterios fijos, absolutos e inmutables para jerarquizar.

Por último, mis queridos lectores saben que mi herramienta favorita para transmitir mis ideas es la hermenéutica sobre la cultura popular. Tomo elementos de la cultura Pop para lograr reflexiones. Acepto sin pena que prefiero leer a Stephen King que a cualquier novelista ruso. Esto tiene una razón más allá de mis propias perversiones, déjenme poner un ejemplo: si usted quiere estudiar la naturaleza tiene dos caminos; vaya a los libros académicos y desde  su escritorio de madera procesada lea tranquilo, o salga al campo, observe a los animales y ensucie sus manos. En lo que a mi respecta, ya tengo las botas de excursión y los binoculares. Lo mismo pasa al estudiar al hombre actual, podemos perdernos en complicados discursos que parecen trabalenguas germanos o ver aquellas expresiones que mueven a la mayoría de las personas.

Así que si combinan los elementos anteriores sabrán de qué les voy a escribir, del Capitán América. Al igual que con el post de Superman si no está dispuesto a soportar mi proyankeesmo es su problema. Sólo déjeme adelantar que los cambios que ha sufrido el enfoque de las historias de Steve Rogers es uno de los paradigmas de nuestra cultura y percepción del gobierno y poderosos.

Cuando fue publicado por primera vez, en el lejano 1941, el Capitán América era un comic de propaganda. Sólo con ver una de sus primeras portadas sabíamos todo lo que el Capitán representaba: un súper atleta vestido con la bandera americana, protegido con un escudo a rayas y estrellas, golpeando en a cara a Hitler que tenía en su escritorio planes y mapas para invadir los Estados Unidos. A partir de allí las historias se centraron en el esfuerzo norteamericano por derrotar a los Estados totalitarios europeos como paladín de la democracia.

Cuando la Guerra terminó lo mismo pasó con el interés del público por el Capitán América. Ya fuera la censura impuesta después de “La Corrupción de los Inocentes” o porque la gente se cansó de la guerra, las historias dejaron de publicarse ante el fracaso de volver a nuestro héroe en un cazador de comunistas.

Fue hasta 1964 que Stan Lee rescató al personaje transformándolo, de un símbolo nacionalista a la conciencia de unos Estados Unidos más sencillos y cercanos a los Padres Fundadores,  en los decadentes 70s. Siempre se mantuvo leal a sus ideales al grado que abandonó el traje de barras y estrellas por no estar desacuerdo con el desempeño, nada democrático, de Johnson, Nixon y Ford, en lo que respecta a derechos civiles y la guerra de Vietnam.

La llegada del nuevo milenio trajo una de las mejores colecciones que jamás se han escrito para el comic, y el Capitán América tiene un papel fundamental en La Guerra Civil. En esta colección que duró un año y afectó a todos los personajes de la casa editorial Marvel. En ella el Gobierno de los EUA pide a la comunidad de superhéroes que se registren y trabajen directamente para el gobierno americano, lo cual desata controversia y violencia entre los superhéroes. Y tenemos como líder de la resistencia al Capitán quien se niega a trabajar para un gobierno que, según sus propias palabras, se ha vuelto en títere de las corporaciones que esclavizan al hombre común… ¡El ícono de la libertad y la democracia se ha vuelto a la izquierda!

Reflejando así uno de los detalles más particulares de la sociedad actual, nuestra desconfianza en las instituciones políticas. Lejos quedaron los años en que suponíamos y confiábamos que aquellos que nos gobernaban tenían información y conocimiento superior al del hombre común y que sus decisiones estaban basadas en esta información y siempre buscando nuestro bien. Hoy sabemos que los gobiernos se corrompen y se han corrompido, y la confianza ingenua en ellos es imprudente e idiota.

Si Superman es el ciudadano ideal de toda nación democrática por su absoluta obediencia a la ley por la ley misma, el Capitán América es el máximo defensor de la libertad, incluso cuando el gobierno es quien la amenaza… Stuart Mill estaría orgulloso.

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