Uso de las letras “X” y “J”: principales diferencias

Por: Antonio Briseño 

Twitter: @Antonio_Bri

 

Cómo todos nosotros los que hablamos castellano sabemos, la letra X toma el mismo sonido de la letra J en algunas palabras; por ejemplo en México.

México y Méjico suenan igual pero se escriben de un modo distinto, son palabras homófonas. El post de hoy tiene por objeto hacer notar que estas palabras no sólo se escriben diferente, sino que tienen una significación diferente. Todo esto, claro está, desde el punto de vista de éste quien hoy escribe.

México suena a luna, a ombligo (el significado etimológico de esta palabra es: en el ombligo de la Luna). Suena a aztecas, a guerreros ataviados con armaduras de tigre y águila, a pirámides, a maíz, a dioses, a Quetzalcóatl y a Huitzilopochtli, a imperio. Huele a copal, a sangre, suena a sacrificios. México recuerda el águila que cae, suena a conquistados, a vencidos, a ultrajados, a perdedores.

Méjico suena a castellano, a Hernán Cortés, a catolicismo, a mestizos, a criollos. Nos recuerda una nación, una independencia, a Agustín de Iturbide, a Guadalupe Victoria, a una virgen morena.

Cuando hablamos de México, es hablar de todo un pasado que envuelve un imperio majestuoso capaz de maravillar a aquellos españoles aventureros que venían procedentes de la isla de Cuba. Es hablar de una cultura avanzada, colonizadora y belicosa. Sin embargo creo yo, hablar de México es hablar siempre de un pasado, es excavar para encontrar pirámides e ídolos. Nuestra nación se llama México, y esto a mi parecer tiene un problema. Llamarnos México, ser mexicanos es vivir del pasado, de las glorias de una cultura que floreció hace más o menos 700 años en el mismo territorio. Usurpamos su nombre para hacer propios sus triunfos y su majestuosidad. El problema fue que también hicimos propios sus errores, fracasos, fantasmas y complejos. Quizá por llamarnos México y por ser mexicanos  tenemos una Visión de los vencidos, porque hicimos propia la visión de aquellos quienes pelearon contra los españoles y fueron derrotados. Para mí, hablar de México es hablar de una nación que se preocupa más por su pasado que por su porvenir, una nación con la mirada puesta hacia atrás y no hacia adelante. México es una nación acomplejada. Ser mexicano es sentirse despojado, ultrajado, vencido, conquistado por los españoles. Los complejos siguen allí. Todo esto engloba México.

Por otro lado, hablar de Méjico es hablar de una nación que surge por allá en 1821 con Agustín de Iturbide y demás gente importante. Méjico es un proyecto de nación, es mirar al futuro con la mirada hacia delante. Méjico es olvidar los complejos y reconocer la tradición, pero sólo eso, ya no aferrarse a ella, no vivir de ella. Cuando hablamos de Méjico no hablamos de españoles, hablamos del choque violento de dos culturas, la mexicana y la española, cuyo resultado somos nosotros: los mejicanos. Ya no hay vencido ni vencedor, hay fusión de razas, sólo eso.

Como escribí en párrafos anteriores, México suena a muchas cosas, pero todas ellas en pasado y ya consumadas en la historia. Méjico suena a menos cosas, porque es una nación más joven y que aún existe, que está creando su historia, que vive su presente y que por eso, suena a pocas cosas, porque está definiendo aún a lo que quiere sonar.

Quizá sea tiempo de borrar complejos y de abandonar aquella visión de los vencidos con la que afrontamos la vida. Quizá sea momento de ser Mejicanos y de vivir en otra nación: Méjico

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