Los “clásicos”

Por: Emilia Kiehnle

Twitter: @e_kiehnlem

Hace algunos años conocí a un señor grande que trabajaba en un Mixup. Estaba en la zona de “clásicos” y sabía mucho sobre música o, al menos, lo que él consideraba música. No sé si todavía sigue ahí, pero aún recuerdo perfectamente lo que platicamos. Yo estaba buscando un CD de Maksim, un intérprete de piano joven y, a mi juicio, muy talentoso. La señorita que me atendió me mandó con este señor, el cual me dio el disco que estaba buscando, pero me miró con una mezcla de desprecio y conmiseración. Francamente, me molestó mucho y, aunque en cualquier otra ocasión lo hubiera dejado pasar, decidí enfrentarme a esa mirada.

-¿Lo ha escuchado?-le pregunté.

El señor pareció complacido de que lo hubiera retado así. Sonrió con un toque de ironía en sus labios y me contestó.

-Sí, pero no vale la pena.

-¿No le parece un buen intérprete?

-No. Ni siquiera sé por qué debo tenerlo en esta sección. Ahorita están de moda los muchachos como Maksim. Hacen algunas modificaciones a la música que otros compusieron y se hacen famosos por eso. Pero para ustedes los jóvenes que todavía no tienen su oído musical desarrollado están bien: al menos por este medio se acercan un poco a los clásicos.

Definitivamente este viejito no tenía pelos en la lengua.

-¿Con qué criterio califica usted a los clásicos?-le pregunté.

-Un clásico sólo lo hace aquel que nació con una habilidad y una sensibilidad superior a las de los demás -dijo él. Los ojos le brillaban de emoción. -Un clásico es aquel que trasciende el tiempo. Por eso su música se sigue escuchando durante la historia de la humanidad. La música pop que oyen ustedes se pone de moda por un ratito, pero no dura ni un año completo.

El “ustedes” que empleó me dolió en lo más hondo de mi orgullo, pero no quise sacarlo de su error. Dejé que pensara que yo era uno de esos “jóvenes” a los que se refería tan despectivamente. La verdad me caía mal, pero no podía evitar seguir escuchándolo. Me molestó lo cerrado y prejuicioso que se mostró conmigo de entrada, pero decidí darle el beneficio de la duda porque me causaba mucha curiosidad.

El señor siguió hablando. Estaba encantado de poder darme una lección de música. Su actitud cambió un poco al ver que lo escuchaba y se dedicó a darme un tour por “su” sección. Me enseñó varios discos y me habló de sus compositores favoritos. Estaba muy orgulloso, como un niño de cinco años que me presumía su juguete preferido. Hubo un momento en el que me dio mucha ternura, pero, a pesar de todas las cosas que aprendí de él y de la pasión tan desbordante que me transmitía, había algo con lo que todavía no estaba de acuerdo.

-Oiga, ¿y no cree que uno de estos músicos jóvenes que experimentan con los clásicos podrían llegar a componer algo que también trascienda al tiempo?

-No.

De nuevo, tajante y franco.

-¿Por qué?

-Porque un genio se hace desde la cuna. Uno puede llegar a ser un excelente intérprete sin ser un genio, porque uno puede conocer al autor y entender su música, pero un Beethoven, por ejemplo, nace con un don. Es gente que ya es así y desde pequeños empiezan a desarrollar su talento.

Hablamos de muchas otras cosas y finalmente no compré el CD de Maksim, pero me quedé pensando en todo esto. Es cierto que hay genios, pero no me parece que por eso debamos descalificar a los que no lo son. Se puede ser un gran artista sin ser Beethoven, de la misma manera que se puede ser un buen físico sin ser Einstein. Además, el arte es tan versátil, tan cambiante y lleno de vida…

Puede ser que la historia del arte se resuma en los clásicos, pues son los que se recuerdan, pero hay algo que el señor olvidó: los clásicos trascienden el tiempo porque hubo gente que los admiró por hacer cosas nuevas y por romper esquemas. Estoy segura de que el mismo Beethoven experimentó con la música que ya había en su época: por más genios que sean, no pueden sacar sus obras ex nihilo. Deben tener una influencia previa.

Me dio gusto haber hablado con ese viejito, pero me parece que él no es un artista, a pesar de que reconoce y aprecia el arte. Si lo fuera, habría entendido que el arte es como un deporte de alto riesgo: uno tiene que atreverse a jugar y a experimentar. Estoy segura de que el mismo Beethoven habría hecho unas verdaderas maravillas con una guitarra eléctrica.

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