La dictadura de la razón

Por: Elizabeth Gutiérrez

Twitter: @elinauta

 

En México las humanidades y las artes han sido puestas en segundo término frente a las ciencias exactas por ser consideradas menos rigurosas o por no poder constatar sus beneficios prácticos inmediatos. Las matemáticas, la física y la medicina se consideran indispensables en la educación y en la industria, mientras que muchos titubean al tratar de responder de qué modo  la práctica de alguna disciplina artística podría contribuir al progreso y al desarrollo de nuestras sociedades. 

Sin embargo, esta dictadura de la razón científica no es permanente, puesto que es el reflejo de un modo específico de concebir la realidad. Un modo sencillo de comprenderlo es a partir de la idea de verdad. Decimos que un enunciado es verdadero cuando describe efectivamente algo (una situación) que existe en la realidad. Por ejemplo, si yo digo “en la mesa hay tres lápices” y al dirigir la mirada hacia la mesa encuentro en efecto tres lápices, nadie negará que el enunciado sea verdadero. Al admitirlo hablamos de una verdad teórica, pues depende de nuestra capacidad racional de formular un enunciado que describa la realidad y después comprobarlo. Utiliza un lenguaje preciso que incluye (¡entre tantos otros elementos!) una estructura gramatical y nombres acordados socialmente para cada cosa. Todo ello es posible gracias a la razón teórica. 

Pero si consideráramos otro modo de verdad, descubriríamos la amplitud y la heterogeneidad de nuestra racionalidad. Muchos autores han sostenido que toda experiencia de sentido tiene un carácter de verdad. Esto quiere decir que en cualquier acción o situación que resulte significativa, la manifestación misma de ese significado es un modo de la verdad, el más primario. Al comprender así la idea de verdad, podemos ampliar la noción de racionalidad más allá del ámbito de la teoría y de la ciencia, para alcanzar dominios como el de la razón práctica, la razón estética y la razón religiosa, es decir, a todas las posibles formas en que podemos experimentar el sentido. 

Aunque aún no estamos en condiciones de entender claramente las consecuencias que esta ampliación de la racionalidad tendría en el conocimiento, sí podemos afirmar que el aceptar la validez de la razón estética significaría reconocer a quien hace arte como un productor de conocimiento. Un artista al crear significado produce conocimiento, al igual que lo hace un científico. El arte es una forma válida de investigación de la realidad que no debe ser colocada en un nivel inferior a las disciplinas científicas. Aceptar la ampliación de la noción de racionalidad significa reconocerla como razón vital, múltiple y heterogénea. Los distintos modos de racionalidad no tienen por qué estar jerarquizados, sino que pueden revelarnos aspectos distintos de la realidad que, en conjunto, permitirían construir una visión más integral de la misma.

Al sostener que el arte es una forma de investigación, no me refiero a la teoría del arte que como su nombre lo indica es ya un conocimiento teórico. La actividad artística en sí misma es una forma de producción de conocimiento y no sólo producción de significado. Aunque es difícil concebirlo, es cada vez más frecuente el que los artistas documenten detalladamente su proceso creativo, con lo cual se vuelve más notorio de qué modo su hacer es, al mismo tiempo, investigación y creación. Por supuesto, es necesario generar formas más evidentes de que los artistas muestren qué temas exploran con sus obras y el conocimiento que resulta de ello. Se trata de hacer explícita la metodología que cada uno utiliza, el saber que obtiene de su proceso e incluso el conocimiento que los espectadores obtienen al acercarse a la obra. Es necesario trazar un perfil más claro de la actividad artística como investigación y forma de conocimiento para abrir espacios en la academia y en las instituciones. 

Entretanto, mantengamos la atención abierta a reconocer las manifestaciones de la razón estética, ya sea que escuchemos una sinfonía que dé razón de la tristeza de su autor, que miremos una pintura que nos dé razón un día soleado o de uno nublado, o que leamos un texto que dé razón, por decir algo, del sabor de algún licor. Si tales obras dan razón de la realidad en cuanto la percibimos, dicha razón es estética y es posible solamente si aceptamos una ampliación liberadora de la noción de racionalidad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s