Lograr una buena cosecha después de una lluvia de ideas

Por: Ana Belén Díaz

Twitter: @anabee2

 

“La forma de tener buenas ideas es tener muchas ideas

y poner las malas a un lado”

Linus Pauling, Premio Nobel

 

Hoy en día está de moda realizar lluvia de ideas en todas las empresas con el objetivo de generar proyectos, tener soluciones creativas e innovar constantemente para estar siempre delante de nuestra competencia. Este método ha dado grandes resultados pues las empresas salen de su zona de confort y se arriesgan hacia lo desconocido y novedoso que les da una ventaja competitiva.

Sin embargo, al igual que la lluvia natural, si no sabemos como encausarla, utilizarla y racionalizarla corremos el riesgo de perder sus beneficios e incluso podemos llegar al grado de que nos ahoguemos en ella.

En este post expongo algunos puntos que considero muy importantes para poder aprovechar al máximo la lluvia de ideas en nuestras empresas y al mismo tiempo espero abrir un espacio de diálogo en el que se animen a dar sus opiniones sobre cómo aprovechar mejor este método de acuerdo a sus experiencias y reflexiones.

Al empezar la lluvia de ideas debemos tener claro cuál es el propósito de la misma: solucionar un problema, sacar un nuevo producto o encontrar una forma novedosa para mejorar nuestros procesos y no perder este objetivo durante todo el procedimiento. Para lograrlo es bueno contar con un monitor que lleve la sesión y que anote todas las ideas.

Las personas involucradas deben tener diferentes puntos de vista, conocimientos y áreas de trabajo, con esto logramos que el tema se vea desde diferentes enfoques. Lo único que deben compartir es su interés por escuchar todas las ideas, por más descabelladas que parezcan, estar abiertos a lo absurdo y tratar de construir sobre las ideas de otro transformándolas en ideas más completas.

Una vez que las personas empiezan a exponer sus propuestas, la creatividad abre un gran número de posibilidades para explorar. Es necesario tener un tiempo límite para que el ejercicio sea realmente útil y podamos llevar las ideas a la práctica.

Habiendo terminado el ejercicio es cuando realmente empieza el trabajo sobre las ideas generadas. Primero tenemos que organizarlas, ver relaciones entre ellas, evaluar cuáles son buenas y cuáles no lo son, siempre bajo el principio de que una idea es buena hasta que se compruebe lo contrario. Para lograrlo hay que poner los pros y contras de cada una y ver cuáles son factibles y realistas, una buena propuesta para una empresa puede no serlo para otra.

Una vez seleccionada la idea o ideas que se van a llevar a la práctica debemos formar un equipo de trabajo que será el encargado de llevarla hasta conformar un proyecto real y redituable, manejando la idea como un proyecto empresarial o plan de negocios.

El éxito de la lluvia de ideas se podrá medir de acuerdo a los resultados, las mejoras y los proyectos nuevos que se logren generar y que representen una ganancia para la empresa, pues de todas las propuestas sólo contarán aquellas que se concreten, por eso la importancia de los pasos posteriores.

 

 

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