Un alegre afán de saber: ¿utopía?

Por: Elizabeth Gutiérrez

Twitter: @elinauta

 

Una profesora de la universidad solía decirnos mientras contestábamos los exámenes (que requerían extensos análisis y comparaciones) que ese tipo de ejercicio intelectual debería causarnos placer y no fastidio. Que debíamos disfrutar el poner en práctica nuestros conocimientos y complacernos en comprobar nuestra capacidad. Por supuesto, en ese momento sus comentarios no terminaban de convencernos, eran mayores la presión y el esfuerzo de escarbar en la memoria para encontrar la información necesaria para responder el examen. Sin embargo, cuando vuelvo a pensar en ello, pienso que las evaluaciones sí deberían ser un ejercicio de adquisición de conocimientos y que como tal debería resultar placentero.

Una de las afirmaciones de Aristóteles que han dejado mayor impacto en mí es aquella en la que sostiene que todos los hombres deseamos por naturaleza saber. El deseo de conocimiento es una actitud innata presente en todos los seres humanos: buscamos explorar nuestro entorno, obtener información de lo que nos rodea a través de nuestros sentidos y nuestra inteligencia. El gesto más primario que me viene a la mente es el de un bebé siguiendo con la mirada sorprendida algún objeto atractivo y alargando la mano para tratar de alcanzarlo e investigarlo. Esa búsqueda ansiosa no dista mucho de la actitud lúdica del juego que explora y experimenta. ¿En qué momento de la historia disociamos el placer del conocer? ¿En qué momento la investigación como actitud vital fue reemplazada por un sistema educativo estricto y en varios sentidos represor?

No quiero decir que la alegre avidez de conocimiento haya desaparecido; por el contrario, lo que quisiera recordar es que se encuentra en el origen de todas las ciencias y las artes. Con ello (disculpen la insistencia) retomo el argumento de un post reciente: los distintos saberes humanos no son contradictorios, sino que sólo asumiéndolos como partes complementarias de una misma búsqueda de conocimiento podremos obtener respuestas más satisfactorias.

Arte y ciencia no son modos contrarios de investigar, puesto que tienen el mismo origen basado en  el asombro ante el mundo y la curiosidad natural por conocer y explorar su complejidad. Cito una frase de Einstein: “Lo más hermoso que podemos experimentar es lo misterioso. Es la fuente de todo verdadero arte o ciencia.” Pese a que sus métodos o sus formas de acercarse a la realidad sean distintos, no significa que debamos elegir una u otra, ya que sería absurdo privarnos de alguna forma de comprensión del mundo en lugar de enriquecer nuestro entendimiento con perspectivas diversas. La ciencia también requiere de creatividad e innovación, mientras que el arte precisa de método, disciplina y pensamiento racional estricto. Ambas tienen etapas de exploración lúdica, de complacencia en la experimentación.

Lejos de caer en las dicotomías habituales entre razón y emoción, especulación e intuición, teoría y práctica, podríamos asumir todas estas formas humanas de indagación como el resultado de un mismo afán, de una misma curiosidad primaria de un ser que es capaz de maravillarse ante su entorno. Para Einstein, este sentimiento de asombro debía impulsar a la acción. La consecuencia inmediata de contemplar la complejidad del funcionamiento de la naturaleza debía ser el deseo de descifrarla. Un placer de contemplar que conduciría a un deseo natural de conocer e investigar. Es decir, aprender por placer y por consiguiente, trabajar por placer. ¿Suena utópico? En lo colectivo, quizá. Pero en lo individual es una meta mucho más cercana. Además, el que las utopías parezcan inalcanzables no las hace inútiles, pues indican el camino que debemos seguir para que en algún momento se vuelvan asequibles.

 

 

Un comentario en “Un alegre afán de saber: ¿utopía?

  1. Las ganas de saber siguen ahí, inherentes al ser humano, yo lo veo con mi pequeño que si bien ya está inserto en el sistema educativo, como aún no entra a primaria para él aprender sigue siendo un gusto que no va de la mano con exámenes. A ver qué tal nos va ya en primaria.

    Curiosamente yo empecé a leer un libro que habla de los planes educativos (los programas y demás “bellezas” del sistema educativo): es con Bobbit a principios del siglo XX y su libro “The Curriculum” que se cambia la idea de cómo debe ser la educación en cuanto a estrategia y se empiezan a diseñar los planes de estudio. Antes de eso, los profesores tenían una verdadera libertad de cátedra y los alumnos iban a ellos atraídos por el conocimiento y por el profesor en sí, no por un programa, no por una cantidad de créditos a conseguir.

    Nosotros no podemos imaginar el sistema educativo previo porque no nos tocó, ya estamos muy acostumbrado ¡y pensar que no tiene ni un siglo de impuesto! Una lucha desde la trinchera particular al final del día puede significar el cambio grupal. La verdad no me suena tan utópico porque alguna vez la educación estuvo ahí: lo atrayente era el conocimiento, el docente estaba recubierto por esta figura de intelectualidad y eso era lo importante. Se puede recuperar, al menos eso me gusta pensar 😉

    Me gustó mucho el post, la verdad ya no le sigo que si no les escribo uno completo acá, jeje. ¡Saludos!

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s