#CasinoRoyale

Por: Antonio Briseño

Twitter:@Antonio_Bri

 

Esta semana y parte de la pasada ha estado de moda hablar de casinos, en especial de uno que había en Monterrey: Casino Royale.

Quizá ya estemos un poco fastidiados de escuchar, ver y leer a todas horas sobre este lugar y lo que pasó allí. Sé que es triste lo sucedido, que no son dignos de llamarse personas o humanos  quienes llevaron a cabo tal obra, pero yo no soy periodista ni reportero y no pretendo serlo. Esto quiere decir que no hablaré sobre este tema en particular. Sirva sólo el hashtag para representar todo lo que nuestro país vive en la actualidad.

Hablemos de apuestas. ¿Usted cree en Dios? Si ha respondido que no, entonces tengo un buen argumento para convencerlo. Blaise Pascal (sí, ese que conocemos como físico, resulta que también fue filósofo) generó un argumento para creer en la existencia de Dios. Este argumento es tan de la vida cotidiana que se basa en lo que ocurre en los casinos.  Su razonamiento es el siguiente:

Si usted tuviera la oportunidad de invertir en una apuesta en la cual aun perdiéndola ganaría algo o una en la que  sólo existe la opción de ganar, ¿lo haría? Sensatamente cualquiera respondería  que sí. Sobre esta lógica se mueve el argumento de Pascal para convencernos de creer en Dios, ya que es como jugar una apuesta. Uno le pone su dinero a que Dios si existe con el pensamiento de ganar la vida eterna en el paraíso y entonces uno comienza a vivir con nuevos hábitos (ética). Actuamos de tal modo que cuando llegue la hora de la resurrección y el juicio final seamos dignos de ser elegidos para disfrutar de la vida eterna en el paraíso junto a Dios. Y esa es nuestra apuesta, invertimos los placeres desenfrenados, efímeros y terrenales con vistas a ganar algo eterno y celestial. Buena inversión en caso de ganar, ¿o no? Ahora bien, supongamos que nos equivoquemos al apostar y que Dios no exista. Invertimos nuestros hábitos pasados, dejamos a un lado los placeres y cambiamos de hábitos al asistir a misa, amar a nuestro prójimo, ayudar al necesitado y demás actos necesarios para entrar al reino de Dios. ¿No hemos ganado? Vivimos una vida buena, noble, virtuosa, comprometida con las demás personas que nos rodearon. Quizá logramos una vida más longeva y más sana al apartarnos de algunos placeres efímeros. Ganamos buenas y verdaderas amistades. En ambos casos, ganamos. Por otro lado, si ganamos creyendo o no creyendo, otorguemos a Dios el beneficio de la duda y creamos en su existencia. Así es a grandes rasgos el argumento de Pascal que justifica la existencia de Dios.

Hoy quiero proponerles otra apuesta similar, donde no hay nada que perder y por el contrario tenemos mucho que ganar:

Creo que todos nosotros como mexicanos estamos de acuerdo que no podemos seguir así, con tanta tristeza y con tanta violencia. Una nación fracturada y despedazada inevitablemente morirá. Todos nosotros como paisanos queremos ver un país que florece y no un país enfermo que poco a poco muere. Todos como ciudadanos queremos ver a nuestra ciudad viva, segura y nuestra. La apuesta que les propongo jugar tiene eso como recompensa, un país vivo, seguro y nuestro, sin tristezas y sin miedos. Tenemos mucho que ganar y creo que ya no tenemos nada que perder. Si te gustaba el futbol, lo hemos perdido a balazos. Si te gustaba Veracruz, lo hemos perdido a granadazos. ¿Crees qué puedes perder la vida? Tu vida ya tampoco te pertenece; basta con que a un grupo de inhumanos se les ocurra tirar una granada o incendiar el lugar donde tú estás para que la pierdas. Tenemos mucho que ganar y nada que perder.

La inversión que hay que hacer es dejarse de quejas, de echarnos la culpa unos a otros, ponernos a trabajar en lo que nos corresponde y hacerlo bien. Como ciudadanos (políticos), todos tenemos las mismas obligaciones. El país es de todos, no sólo de quienes lo gobiernan. El ser ciudadano involucra muchísimas responsabilidades y no sólo ir a votar. Por esto, debemos invertir nuestro trabajo, que sea realmente bien hecho, a conciencia y que sea honesto. Como ciudadanos debemos invertir nuestra bondad y ser buenos mexicanos. Si unos pocos invertimos no se logrará nada, pero si por el contrario invertimos todos, poco a poco veremos ganancias. Si eres profesor educa a conciencia. Si eres gobernador, gobierna para lo común y así todos sea cual sea nuestro trabajo hagámoslo como se debe. Si ganamos tendremos el premio ya mencionado, un país sin violencia, sin tristeza y sin resentimientos. Un país unido. El premio es una vida buena para México. Si perdemos y no logramos obtener el premio por el que apostamos, aún así, dimos el ejemplo a los pequeños, encontramos buenas amistades y nuestros hábitos cambiaron. Podremos decir que llevamos una vida esforzada y justa, pues dimos lo proporcional a lo que recibimos. En general, habremos vivido una vida de hombres virtuosos.

Así pues, la propuesta es esta. ¿Aceptan?

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