La historia detrás del mito (historias engarzadas)

Por: Antonio Briseño

Twitter: @Antonio_Bri

¡Viva Miguel Hidalgo! ¡Viva Morelos! ¡Viva La Corregidora! ¡Viva Allende! ¡Viva Aldama! ¡Vivan los héroes que nos dieron patria! Faltan algunas horas para que nuestro Presidente asome la cabeza desde el balcón presidencial y grite éstas y algunas otras frases, recordando aquella leyenda que se forjó hace 201 años, cuando el cura Hidalgo pidió al pueblo neo-español se manifestara en contra del mal gobierno. Luego, todo se le salió de las manos a Don Miguel, se hizo un borlote y toda la serie de problemas y sucesos inesperados derivó en un problema mayor: la independencia y fundación de un nuevo país; convirtiendo así al padre Hidalgo en el “Padre de la Patria”. Y es por eso que estamos aquí reunidos hoy, en este blog, para profundizar un poquito en todos aquellos sucesos previos a la Independencia de México, así como también en todos los derivados de aquel día en el que ocurrió el grito de Dolores.

Comencemos por aquel día. Muchos tenemos por cierto que las palabras de Miguel Hidalgo aquel 16 de septiembre fueron: “¡Viva Fernando VII, muera el mal gobierno!”. Sin embargo, no se tiene certeza de que Don Miguel haya gritado estas siete palabras. En 1823, Pedro García, un participante en la lucha de Independencia, para poder cobrar su pensión como soldado mexicano al servicio de la patria de 1810 a 1821, escribió sus Memoriales poniendo esas palabras en boca de Hidalgo, como la arenga que gritó para iniciar aquel movimiento. Así pues, las palabras que tenemos hoy de esa leyenda son de Pedro García y no del padre Miguel Hidalgo.

De estas palabras, más o menos parecidas a lo que gritó Hidalgo, podemos deducir que el cura no pensaba en la Independencia de la Nueva España y que no pensaba en fundar un nuevo país, ni en ser el Padre de la Patria. Entonces, ¿qué pretendía?

¡Viva Fernando VII!

En 1804, Carlos IV, rey de España, firmó una alianza con Napoleón I, emperador de Francia. La alianza fue firmada por los iberos principalmente por miedo a Napoleón y su fortísimo ejército. En 1808, Carlos IV se dio cuenta de que la alianza no sirvió de mucho, pues con el pretexto de la necesidad de pasar por España para atacar Portugal, Napoleón invadió España y tomó prisionero a Carlos IV, quien poco tiempo después abdicó y tras él tomó posesión del trono español “el deseado”: Fernando VII, a quien también tomó preso Napoleón. Después tomó posesión José Bonaparte, “Pepe botellas”, quien tal vez no se ganó este mote por alcohólico, pues se dice que no era un mal rey, pero los españoles no lo querían por haber llegado al trono de un modo ilegítimo (y por ser francés).

Así que la primera oración de la arenga pronunciada por el cura Hidalgo fue en defensa del rey legítimo de la corona española.

¡Muera el mal gobierno!

Se piensa generalmente que esta frase fue dicha en contra de Pepe Botellas y Napoleón. Ellos eran el mal gobierno. Pero parecer ser que esta frase tuvo otra dedicatoria. Sucede que la Nueva España no era una colonia, pues la corona española estaba formada por cuatro reinos: Navarra, Castilla, Aragón y Nueva España. El reino de la Nueva España era gobernado por un virrey sólo por su lejanía, ya que el rey no podía estar físicamente en éste. Organizando la posible defensa militar de la corona a la que pertenecía la Nueva España, se acordó que, como muestra de lealtad y fidelidad al rey legítimo, la Nueva España desobedecería las órdenes francesas provenientes de la metrópoli. Siendo así las cosas, en 1808, en la Nueva España se creó un ayuntamiento que gobernara interinamente hasta que Fernando VII recuperara el poder. La cabeza del ayuntamiento fue Iturrigaray, el virrey en turno de la Nueva España.

Esto generó una división en la Nueva España pues los peninsulares se opusieron al ayuntamiento, ya que éste, en su mayoría, estaba conformado por criollos. Así que el “Real Acuerdo”, un grupo formado por españoles peninsulares, determinó aprehender al virrey y a su familia y llevarlo preso a España. Con esto buscaron disolver el ayuntamiento. Después de esta acción, los peninsulares nombraron a otro virrey: Pedro de Garibay. Esto desató una serie de molestias y protestas pues el único autorizado a nombrar virreyes era el rey español; por lo tanto Garibay tomó el puesto de modo ilegítimo: era un virrey espurio.

Transcurrió así la vida en la Nueva España con el descontento de los criollos y surgieron conspiraciones en contra del gobierno ilegítimo. La más famosa fue aquella donde participaron Hidalgo, Allende, La Corregidora, entre otros, y que fue descubierta en septiembre de 1810 por el gobierno neo-español, obligando así a los conspiradores a adelantar el movimiento que tenían planeado para octubre. Dos días antes del grito, el 14 de septiembre de 1810, llegó Francisco Javier Venegas, el nuevo virrey, nombrado por Fernando VII (como anhelaban los criollos). Los insurgentes nunca se enteraron.

El movimiento planeado por esta conspiración era simple, mucho menos ambicioso que un movimiento revolucionario independentista. Consistía en recorrer el centro del país desde el pueblo de Dolores hasta la capital, tomando presos durante esta marcha a todos los peninsulares que se encontraran en el camino, sin importar que fueran hacendados, comerciantes o gobernantes. Sólo serían tomados presos como rehenes, no se les haría daño, pues serían la mercancía con la que este movimiento pensaba negociar: Se liberarían todos los rehenes peninsulares a cambio de la constitución de un ayuntamiento interino temporal, en lo que España recuperaba las riendas del imperio.

Así pues, “¡muera el mal gobierno!” hacía referencia al gobierno ilegítimo de la Nueva España y no al gobierno ilegítimo de España.

El Padre intelectual de la Patria

Por estos y otros motivos, se ha puesto en entredicho el título de “Padre de la Patria” que se le otorgó a Hidalgo. El cura murió en 1811 como un insurrecto con el ideal de servir a su rey y a su imperio. Hay quienes afirman que el verdadero padre de la patria es Morelos, pues fue el primero en visualizar a la Nueva España como una nación independiente. Otros creen que Iturbide es el padre de la patria, pues fue quien logró consumar la guerra y fundar un nuevo imperio independiente de España. Sin embargo, existen ciertos motivos para colocar a Hidalgo en este pedestal.

Sucede que antes de estallar la Guerra de Independencia, más o menos entre 1780 y 1790, Hidalgo escribió algunas Disertaciones donde sugirió que el modo de hacer teología podía ser diferente al clásico. Sugirió una revolución al pensamiento teológico católico, una clara muestra de que en la Nueva España ya no se sentían dependientes intelectualmente ni de España, ni de Europa. En la Nueva España se había aprendido ya a pensar de tal modo que se podían hacer propuestas y correcciones al pensamiento europeo. Estas obras de Hidalgo son reflejo de ello. Así pues Hidalgo, por ser el primero en ponerlo por escrito, se convierte en el padre de la Patria. Su logro es quizás el más importante.

Esto es México: una consecuencia causada por una cadena de acciones pensadas para otro fin.

¡Viva Méjico!

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