El dominio de lo hipotético

Por: Elizabeth G. Frías

Twitter: @elinauta

 

Conocí hace poco a un sueco que estudia una maestría en lengua española. Al preguntarle si había algún aspecto del idioma que llamara su atención o le revelara algún rasgo peculiar de nuestra cultura, me respondió que el modo subjuntivo le parece una de las características más hermosas del español por su capacidad de expresar no sólo lo actual, sino lo posible.

Mientras que los verbos en indicativo marcan acciones que de hecho se realizan, en subjuntivo los verbos nos permiten hablar de acciones hipotéticas (quizá pueda hacerlo), deseadas (quiero que llueva) o incluso temidas (temo que sea mentira). El subjuntivo es el dominio de lo virtual y, en muchas ocasiones, de lo subjetivo. ¿Acaso no nos suenan familiares expresiones como “si yo fuera…” o “si pudiera…”?

Por supuesto, no es que otros idiomas carezcan de subjuntivo. En castellano, se trata de un híbrido del subjuntivo y optativo heredados del latín, por lo que muchas lenguas romances lo conservan. Sin embargo, en varias se sustituye por el futuro simple (como en el francés). En las lenguas escandinavas (como el sueco), el subjuntivo ha caído en desuso. Otros idiomas, como el inglés, simplemente carecen de un equivalente exacto.

Evidentemente, sin importar el idioma todos los seres humanos tenemos la capacidad de pensar en hechos posibles o hipotéticos y expresarlos de forma más o menos precisa. Sin embargo, el que sea más sencillo o más natural expresarlos en algunos idiomas sin duda revela ciertos rasgos de nuestro pensamiento, aunque sea solamente una leve tendencia.

No es cuestión de discutir aquí si existe algo que podamos llamar “identidad nacional” o cosa parecida (y nótese que en esta frase estoy utilizando el subjuntivo) o si ésta tiene alguna relación con el lenguaje. No obstante, es innegable que el idioma establece ciertos límites dentro de los cuales podemos formular nuestros pensamientos y comunicarlos. El que el español nos brinde la posibilidad de expresar fácilmente situaciones hipotéticas debe haber dejado huellas en nuestra cultura: ¿seremos, tal vez, afectos a la imaginación, la esperanza o el deseo?

A menudo decimos que la lengua alemana ha sido propicia, por su precisión, para el desarrollo de la filosofía, o que el francés y el italiano son lenguas cercanas a la poesía. Quizá, entonces, el español nos abra las puertas del ámbito de lo posible; quizá nos permita alejarnos por unos momentos de la atadura de lo actual y nos permita rebasar sus fronteras o, ¿por qué no?, extenderlas: no en vano las hipótesis han sido el inicio de un sinnúmero de descubrimientos y teorías.

Entonces, la próxima vez que escuchemos aquella frase que dice: “el hubiera no existe”, podremos recordar que el hubiera, es decir, el verbo haber en imperfecto de subjuntivo, es una de las riquezas de nuestro idioma; una de las peculiaridades que si sabemos aprovechar puede dejar de ser reproche para transformarse en fortaleza y fuente de goce lingüístico.

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