Brevísima reflexión sobre los teules, relación de éstos con los sacrificios humanos y evolución de los Tzompantlis

Por: Antonio Briseño

Twitter: @Antonio_Bri

Corría el año de 1520 cuando unos hombres extraños, blancos, barbados, cubiertos de metal, apeados en caballos y con armas de fuego llegaron a México Tenochtitlan. Los teules habían llegado a entrevistarse con Moctezuma. Así fueron conocidos en el México prehispánico por algún tiempo los españoles que llegaron al mando de Cortés a conquistar la isla. Este sustantivo tiene un significado parecido a “semidioses” o a falsos dioses. Cortés y su ejército fueron conocidos así gracias a su apariencia física parecida a la del dios Quetzalcóatl y a sus hazañas realizadas contra los indios, pues en las batallas libradas por ellos en el territorio de lo que hoy es México (hasta antes de la noche triste), jamás habían sido derrotados pues eran uno con el caballo, además usaban “el trueno” para matar indios y lo más impactante, los indios no atinaban a matar uno solo. Eran inmortales, hasta antes de la noche triste, ni un español murió en batallas libradas contra los mexicanos.

Quaestio de los sacrificios es de sobra conocida por nosotros: la cosmovisión indígena necesitaba de sacrificios humanos para la supervivencia del universo. De este modo la muerte de indígenas en la piedra del sacrificio salvaba al cosmos, pues con su sangre alimentaban a los voraces dioses, quienes con sus estómagos satisfechos o quizá distraídos con los buenos banquetes, dejaban que el universo siguiera existiendo. Desde la mentalidad indígena no era una acción grotesca, era una acción heroica, pues con la muerte de una persona salvaban a toda la humanidad. El todo es anterior a la parte. El sacrificio pueda quizá ser un argumento a favor de la civilidad de los indígenas, ya que eran capaces de anteponer los intereses comunes a los propios.

Un Tzompantli era una especie de vitrina donde se mostraban los trofeos de guerra; un altar hecho a base de cráneos humanos. El más famoso es el que se hallaba en el Templo Mayor. Algunos sacrificados o algunos presos de guerra eran decapitados para luego “empalar” sus cráneos uno tras otro de modo horizontal. Se formaban varias filas de cráneos y el resultado era algo así como un enorme ábaco pero en lugar de cuentas cráneos tenía. Eso era un Tzompantli, un altar hecho a base de restos humanos.

Explicados los términos protagonistas de este post quiero guardando distancia, conservando las diferencias y respetando la religión mexicana, hacer una analogía entre lo que pasaba en aquella ciudad lacustre y lo que pasa hoy en México.

Un teul es aquél quien se hace pasar por dios. En la actualidad parece que hay de este tipo de personas. Existen aún los teules. Dios es el único ser capaz de dar vida y por tanto, capaz de quitarla. La violencia que azota a nuestro país hoy en día nos demuestra que los teules existen, pues hay gente que decide quien muere y quien vive. Hay gente que mata, que asesina por dinero, drogas o poder. Gente que juega a ser Dios tomándose atribuciones que no le corresponden. Los teules siguen vigentes.

Los sacrificios humanos siguen vigentes a pesar de que Tenochtitlan y su religión extintas se encuentran ya. A diario en este país desgarrado mueren personas que son sacrificadas por aquellos a quien hoy llamo teules. Algunos sacrificios sirven para levantar conciencias como el caso Sicilia, que tras ser sacrificado miles de personas movidas pasionalmente nos entregamos a un movimiento de protesta. Los teules sacrifican gente para seguir en su posición, para demostrar su poder,  sembrar miedo y  crear escarmiento. En la política me parece que hay algo parecido al sacrificio. Cuando ocurre algún hecho social relevante donde la gente exige justicia, donde se exige castigo y se buscan responsables; sale a la luz el sacrificio. Ruedan cabezas, así de sencillo. La máxima autoridad culpa a alguno de sus colaboradores o a alguno de sus secretarios y lo corren. Lo sacrifican por el bien del gobierno en turno o por el bien del partido.

Y qué decir de los Tzompantlis que ya aparecen muy descaradamente a cualquier hora del día y en cualquier lugar. La autoridad no para de encontrar restos humanos de sacrificados: cabezas, brazos y cuerpos mutilados. Tzompantlis modernos que quizá no son altares, pero que al igual que éstos, tienen un significado muy definido.

El mundo cambia, las costumbres a veces no. A casi quinientos años el país parece regirse por las mismas costumbres y por la misma religión de quienes habitaron antiguamente estas tierras. ¿Quién es más bárbaro, quienes sacrificaban por salvar a la humanidad, o quienes sacrifican por dinero, poder, por salvarse a sí mismo?

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