Contra los valores en la empresa

Values

Por: Juan José Díaz

twitter: @zoonromanticon

 La visión axiológica de la empresa, es decir aquella que descubre una serie de valores a los cuales la organización debe alinearse, es errada. Supone que los valores pueden guiar las decisiones de los miembros de la empresa y orientarla hacia un desarrollo más pleno, más humano y, por lo tanto, más responsable.

Con esto en mente, las empresas hacen códigos y listas de valores que van desde las más inverosímiles (como las que consideran la “rentabilidad” como un valor) hasta las más cursis y melosas que hablan de amor, amistad y cosas peores. No me malinterpreten, no estoy (tan) amargado. Creo que la amistad y el amor son importantes dentro de una empresa. De hecho, comparto con Llano la visión amistosa de la relación empresarial.

Sin embargo, estos listados de valores no son otra cosa que un compendio de buenas intenciones que alguien plasma en un papel y que supone que deben ayudar en algo. En el mejor de los casos las empresas logran transmitir cierta afinidad a esas buenas intenciones y crean una cultura de respeto y promoción de las mismas. Un ejemplo: conozco una empresa donde la falta de honestidad no es percibida como una falta contra la institución, sino contra cada uno de sus miembros y ellos, realmente, se sienten ofendidos y desprecian a quien falta a la honestidad.

Pero estos son los menos casos. ¿Cuántos de ustedes, en la empresa, realmente entienden lo que debería otorgarnos una lista de valores? No preguntemos ya qué diablos son estos.

Estas complicaciones, contra lo que defienden muchos consultores, no es culpa de la falta de conocimiento de las definiciones y sutilezas de los valores. No es una cuestión de falta de coherencia, ni de problemas morales. Es un problema de los valores, en ellos mismos.

Un valor no es una actitud, ni una intención, ni una meta. Es un mero modificador, algo así como los signos en matemáticas. Todos los valores son valores de algo. Por ejemplo, cuando hablamos de verdad hay dos valores: verdadero y falso. Cuando decimos que la frase “el cielo es amarillo” es falsa, la palabra “falsa” funciona como un modificador que afecta a la frase entera. Es una función, en este caso, una función de verdad.

Al respecto de los llamados valores empresariales nos encontramos ante una función de bondad. En este sentido, así como al respecto de la verdad hay dos valores (verdadero y falso) al respecto de la bondad hay dos valores: bueno y malo.

Las declaraciones de valores son un catálogo de ideas que la empresa descubre como buenas, como deseables. Su valor de bondad es bueno. Sin embargo, ni la honestidad, ni el compañerismo, ni la austeridad son valores.

¿Qué son?

Son acciones que esperamos que todos al interior de la empresa realicen. Y como acciones pueden ser buenas o malas. En el caso del catálogo de “valores” suponemos que si ocurren (i.e. si la gente es honesta) son buenas y si no ocurren, entonces son malas. Su valor de bondad depende de la existencia de tales acciones. Y en específico, su valor de bondad depende de si existen de manera habitual, constante, en la empresa.

Ahora bien, las acciones buenas que ocurren de manera habitual se llaman virtudes. Son hábitos buenos. Y es aquí donde adquiere sentido el catálogo de “valores” que hacen las empresas.

Cuando se hacen catálogos de virtudes, las empresas pueden orientar esfuerzos muy definidos a lograr una cultura virtuosa. Cuando se sabe que la honestidad es una acción repetitiva, también se sabe cómo puede implementarse en la cultura de la organización. Cuando se piensa que es un valor, ¿cómo medimos, cómo impulsamos, cómo formamos en ella?

Otra ventaja de los catálogos de virtudes frente a las declaraciones de valores es que las empresas pueden decidir más eficientemente cuáles acciones son las que quieren que se vuelvan hábitos y cuáles no. Y como acciones, son identificables, medibles, gestionables, etcétera.

Así pues, sí estoy contra las declaraciones de valores, pero defiendo la necesidad y utilidad de los catálogos de virtudes. Las empresas deben saber qué acciones quieren promover como cultura para hacer mejor las cosas.

¿Qué virtudes ayudan a tu empresa a ser mejor empresa?

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