Historia de la Historia de México

Por: Fernando Villela Aranda

Twitter: @Featum

 

La historia tiene un gran problema, su objeto de estudio no existe. El pasado es lo que fue, lo que ya no es. Es imposible entrevistar a Julio Cesar, repetir el asesinato de Kennedy (ambos) o revivir las circunstancias que marcaron los hechos anteriores. Es por ello que aquellos que nos interesamos en ella debemos recurrir a las fuentes históricas. Todos los registros que dejaron los acontecimientos pasados y que han trascendido en el tiempo al hecho mismo hablando de éste.

Las fuentes históricas van desde registros escritos, pictóricos y orales. Los hay directos, como aquellos que tenían la intensión explícita de registrar el pasado, e indirectos, los que no se crearon con la intensión de registrar hechos anteriores pero que nos muestran el pasado. Incluso los hombres, tanto como en grupos como individuos, somos fuentes históricas. Nuestra existencia, lugar de origen y modo de pensar se encuentran determinados por los acontecimientos pasados.

Como seres incompletos pero determinados por el pasado los hombres encontramos en la historia personal, una fuente de identidad. Lo mismo ocurre con los grupos. Desde las familias hasta los Estados-nación (algunos argumentarían que la misma humanidad) los grupos humanos necesitan un origen común, una misma narración que de sentido y cohesión social.

Se conoce como mito fundador a la historia que los grupos se cuentan sobre el origen de dicho grupo. En él se narran los hechos que llevaron a la formación del grupo, se menciona el sentido y objetivo a seguir, las razones para ello y siempre se justifican los valores fundamentales. Por supuesto que muchos de estos mitos fundadores tienen elementos exagerados, imaginarios o falsos. Siempre y cuando se tenga esto presente no existe mayor problema. La naturaleza del mito fundador lo hace más cercano a su función práctica que a la verdad. No es totalmente falsa pero sí debemos distinguir entre la narración fundacional y los hechos históricos, ya que la toma de  conciencia de ello evita discusiones bizantinas y permite conservar la cohesión social.

Existe un grave peligro en los mitos fundadores. Cuando se confunde la función de cohesión social con la verdad se comente una profunda injusticia a ambas. Ello puede desde confundir o desintegrar a una sociedad hasta servir de justificación para las peores dictaduras y crímenes contra la humanidad. Desde los tiranos griegos hasta Hitler o Idi Amin Dada adaptaron los mitos fundadores y los presentaron como verdades absolutas.

En México nuestro ogro amigable, el Partido Revolucionario Institucional, hizo lo mismo con nuestra historia. Adaptó los hechos desde el pasado prehispánico hasta la postrevolución y presentó una interpretación maniquea donde el PRI era la síntesis de todos los buenos de la historia. Había juicios históricos y el Partido siempre acababa del lado de los salvados, enemigo de todos los condenados.

Ello provocó una terrible ignorancia sobre nuestro pasado. Gran parte de nuestra población, de los más humildes a los más preparados, ignora los hechos acontecidos. Viven en una profunda confusión y desconocimiento. Peor que la ignorancia son las interpretaciones que ella ha causado. Sobretodo porque las interpretaciones han estado determinadas por nuestra posición sobre la dictadura priista y nuestra clase social.

Es muy interesante el efecto péndulo que la historiografía priista causó. Sobretodo ahora que el yugo de la dictadura ha caído. Miles de supuestos historiadores, libre pensadores e intelectuales andan diciendo tanta tontería sobre nuestra historia e interpretándola tan reaccionariamente que uno no puede sino reír.

Sus conclusiones son igual de ridículas que las priistas y suenan más al berrinche de un puberto que a reinterpretaciones serias. Se intentan poner por encima de todos los demás. Predican la originalidad de sus textos e ideas como profetas que vienen a romper nuestras cadenas y sacarnos de la caverna. Quizás deberíamos matarlos como los incautos del mito platónico. Mientras el PRI ponía a Juárez como defensor de leyes especiales para los indígenas, los originales predican a Iturbide como defensor del libre mercado.

No se han dado cuenta que se encuentran pensado desde la misma historiografía priista. Reaccionan contra las conclusiones, pero se encuentran en los mismos lugares argumentativos. Han fallado en proponer una nueva historiografía que haga justicia a nuestro pasado. Sus interpretaciones ni siquiera son tan divertidas como las del PRI.

Los peores de ellos son los que en una supuesta soberbia intelectual se quejan de nuestras fiestas nacionales. Critican nuestros mitos fundadores, sin darse cuenta de la naturaleza de ellos. Quizás sus traumas los han llevado a actitudes antisociales y no encuentran sentido a ser parte de un grupo y la necesidad de integrarse a él.  Como dice Paco Calderón: haiga sido como haiga sido…. Viva México.

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