Carta abierta al ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Fernando Franco

Por: Fernando Villela

Twitter: @Featum

Nota: Nunca encuentro el apelativo adecuado cuando me refiero a un servidor público. Mis prejuicios basados en generalizaciones me evitan iniciar la carta con “Querido”, “Estimado”, “Honorable” y demás eufemismos. Pero antes de ser funcionario público, usted Don Fernando Franco, es un ciudadano y ese simple hecho  merece mi respeto, así que empecemos.

Respetable Fernando Franco.

Ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Me tomo la libertad de escribirle desde la tranquilidad de mi escritorio, preocupado por sus últimas declaraciones sobre el derecho a la vida desde el momento de su concepción. Argumento ello pues supone que el derecho a la vida se opone a la libertad de la mujer, a su igualdad y la reduce a su capacidad reproductiva y factor maternal. Según usted los derechos consagrados en las Constituciones Estatales de 18 naciones considera a las mujeres como simples úteros productores de bebés.

Disiento con usted en ello, es más, creo que la defensa a la vida desde la concepción es congruente con los principios democráticos, liberales y juaristas que inspiran nuestro sistema legal y político.  Para ello tengo tres argumentos.

En primer lugar los derechos tienen una serie de condiciones de contorno o de inicio, es decir, existen una serie de elementos necesarios para que se puedan presentar. Por ejemplo, para tener el derecho a ser elegido como presidente uno necesita ser ciudadano mexicano, mayor de 35 años, haber residido en el país durante todo el año anterior al día de la elección entre otras. El derecho requiere una serie de elementos anteriores.

Dentro de las condiciones de contorno existen derechos anteriores  que son elementos necesarios para los posteriores. El derecho a la libre prensa depende del derecho a poder expresar libremente nuestra opinión, que a su vez depende del derecho a pensar lo que uno quiera.

No se debe ser experto en derecho ni filosofía para poder establecer la mayoría de las condiciones de contorno de un derecho en particular. Es de sentido común que la mayoría de los derechos, tanto los consagrados en la constitución como los que no, dependen de que el sujeto esté vivo. Evidentemente no todos son así, como el derecho al respeto del cadáver o a heredar las propiedades o los órganos, pero el resto de ellos requieren que el ciudadano se encuentre vivo.

Por lo tanto, el derecho a la vida es anterior al derecho a la libre determinación de la maternidad y el  a la libre determinación de la vida sexual. No se puede quedar embarazada o tener relaciones sexuales sin estar vivo.

Usted podrá argumentar que mi primer discurso es verdadero pero inválido para el caso que usted propone, pues está basado en una misma persona. En el caso del aborto es el derecho de una persona sobre el de otra.

De ello parte mi segundo argumento. La discusión sobre el derecho de un individuo sobre el  de otro. En el caso del aborto la discusión como usted señala es entre el derecho a la libre determinación de la maternidad y vida sexual de la mujer contra la vida del feto. Quienes rechazamos el aborto suponemos el derecho a la vida de otro sobre cualquier derecho de uno. Quienes apoyan el aborto suponen que el derecho a la vida de otro es inferior a ciertos derechos de uno.

Ello, señor ministro, es el argumento básico de cualquier régimen dictatorial, no democrático y criminal. Si el derecho a la vida de un grupo es inferior a los derechos de otro grupo, uno puede justificar cualquier crimen genocida, imposición y abuso de autoridad. Tocayo Fernando, no se han dado cuenta que el aborto es el origen de la muerte de nuestro sistema liberal donde todos somos iguales. De aceptarlo y consagrarlo en la Constitución estamos abriendo la puerta a sistemas políticos fascistas.

Defender la vida desde la concepción es defender la democracia misma y la vida de todos los ciudadanos.

Tanto los que apoyan el aborto como aquellos que nos oponemos debemos aceptar que se trata de un embarazo desagradable o indeseado. Sino, ¿para qué eliminar al producto? Así que estamos discutiendo sobre que mal es peor, el embarazo no deseado o la vida de alguien. No quiero vivir en un país donde matar a un inocente es menos malo que cualquier otra cosa, intercambiable ¿Quién me asegura que mi vida se respetará? ¿Si mi vida afecta el derecho de alguien más, me van a matar aun cuando sea inocente?

En el fondo están denigrando a todos los ciudadanos.

Ya para terminar he de aceptar que la penalización del aborto en caso de violación es del todo discutible. La mujer que es la víctima de la violación termina en la cárcel. No suena lógico, congruente, ni humanamente aceptable. Podemos decir que la decisión de abortar de una mujer no es tomada con absoluta conciencia de sus actos, afectada por el trauma de la agresión sexual. Por lo tanto no está sujeta a ser juzgada.

Ello nos obliga como país a dos cosas. El médico, en el mejor de los casos, deberá ser castigado con toda la fuerza de la ley. Pues no sólo mata a un niño, sino que se aprovechan de la desgracia de una víctima inocente, de la inconciencia y desesperación. Por otro lado el Estado deberá tener toda una infraestructura para evitar las violaciones, castigarla, y proteger a la mujer víctima. Por un lado la fuerza para combatir la agresión y al mismo tiempo toda la ternura y cuidado con las víctimas e inocentes.

No quito más su tiempo. Me despido y le mando un cordial saludo.

Atentamente.

Ciudadano Fernando Villela Aranda

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