Más aliados que competidores

Por: Alberto De Legarreta

Twitter:  @albertotensai

 

Todavía hoy en día, incluso en estos tiempos de transparencia y sinceridad, hay empresas y personas que no comprenden que hay muchos más beneficios en la cooperación que en el egoísmo.

Hace algunos ayeres, mientras trabajaba en las cocinas de un restaurante con muchos años de tradición, tuve un jefe de cocina terrible. Yo llevaba un blog privado en aquel entonces, una especie de bitácora con mis impresiones diarias sobre mi trabajo. Ahora leo en los archivos del abandonado blog una entrada en la que hablo de la mentalidad de los jefes intermedios en aquella empresa (incluyendo a mi terrible jefe de cocina) y me cuesta trabajo creer mi propia anécdota.

Leo y recuerdo a cierto capitán de meseros presionando a sus meseros con amenazas y castigos económicos -ilegales- para sus subordinados, para incrementar sus ventas y elevar el consumo promedio por persona al día. Yo me preguntaba: ¿pero cómo van a vender más si no se les enseña a hacerlo? ¿De qué les servirá un castigo cuando lo que les hace falta es un método, una mejor técnica?

El capitán de meseros sabía vender muy bien, pero no estaba dispuesto a compartir su conocimiento con sus meseros y garroteros. Algo similar ocurría con mi ex jefe de cocina. Era muy rápido para criticar y muy lento para enseñar a corregir los errores.

Intrigado (y siempre el empleado incómodo) recuerdo que lo confronté y lo cuestioné sobre esta actitud. Él me respondió de un modo que ahora como consultor de restaurantes no me puedo permitir olvidar, me dijo que la única razón por la que nos medio enseñaba a hacer las cosas bien era porque la compañía le pagaba por ello, pero que de ningún modo estaba dispuesto a enseñarle a alguien más a ser “tan bueno como él” y con ello para “enseñarle cómo ser su competidor”.

Creo que esta actitud, mezcla de miedos, inseguridades y egoísmo, no es exclusiva de los empleados, sino que también se presenta en algunas empresas. Muchas fallan al no ver el valor de la colaboración y sólo piensan en su propio beneficio. Paradójicamente, al buscar el beneficio individual se entorpece o imposibilita el trabajo en equipo que es necesario para que ultimadamente a todos les vaya mejor.

La capacitación de mi compañero de trabajo o de mi empleado no es un problema para mí, sino todo lo contrario. Compartir mi conocimiento no me resta valor, sino que me engrandece. La enseñanza es un también un gran método de aprendizaje y me permite poder delegar responsabilidades y tener un apoyo efectivo en mi equipo.

Es un tema que merece profunda reflexión. ¿Qué beneficios obtengo al guardarme el conocimiento? ¿Qué posibilidades me ofrece, como empleado o como empresario, la cooperación sincera con mis compañeros de trabajo o con mis socios? ¿Qué posibilidades de formar alianzas, de mejorar mi trabajo o de facilitarlo me estoy perdiendo?

En mi opinión, un compañero de trabajo capaz no debería ser visto como un competidor, sino como un aliado. Y es una perspectiva que deberíamos fomentar en y con nuestro trabajo.

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