Sobre la aceptación de las propias capacidades y limitaciones individuales y sociales

Por: Antonio Briseño

Twitter: @Antonio_Bri

 

Recientemente platicaba con una persona en extremo sabia y experta en temas administrativos y económicos. A la luz de algunos tragos de tequila y no de la razón (como de hecho un buen filósofo debería de hacerlo), discutíamos “intelectualmente” sobre el modelo económico estadounidense y el modelo económico chino. La exposición del funcionamiento de ambos modelos es irrelevante para las presentes líneas, bastará con mencionar que la principal diferencia entre estos dos modelos era la aplicación de la ética en el segundo y la ausencia de ésta en el primero. Toda esta plática fue concebida a la luz de otro tema principal: los países que actualmente son potencias económicas. México y Latinoamérica (pues mi interlocutor es colombiano) no lo son. ¿Por qué?

Después de su improvisado discurso sobre China y E.U. como potencias económicas, mi interlocutor me dijo: a ti por la naturaleza de tu profesión (filosofía) te toca sumergirte en el problema y tratar de descubrir el por qué México y Latinoamérica no despegan en la cuestión económica… sin más preámbulos, el verdadero tema de este jueves es la humilde y sencilla exposición sobre lo que piensa éste quien escribe, acerca del origen y la solución de este problema.

Para comenzar, es necesario que me declare ignorante en materia de las leyes del hogar (economía: las leyes del hogar. Del griego Oikos: casa, hogar; y nomos: leyes). Lo poco que sé es por haber leído el capítulo que Aristóteles dedica en la Política a la economía, la crematística y la administración. Diremos también que, para los efectos convenientes del post, economía es en general generar riqueza. Hablaré sólo por y para los mexicanos, puesto que soy inexperto en temas latinoamericanos.

El hombre es un ser complejo, cuyo carácter se forma a partir de la influencia de su entorno y sus cualidades innatas. Sin embargo, el ser humano está siempre inmerso en una tradición. Todo lo que hoy puede hacer  y lo que no puede hacer, corresponde a un proceso evolutivo y aditivo de la tradición. Esto quiere decir que el hombre se encuentra inmerso siempre en la historia, sólo es principio y fin en cuanto a su propia historia, pero el resto de acontecimientos que lo envuelven forman algo llamado tradición. Grosso modo, tradición es todo el conocimiento adquirido por los seres humanos a lo largo de la historia, puesto al servicio del presente, por ejemplo, si yo puedo escribir hoy esto, ha sido gracias a que la tradición, ya que a través de la historia se ha creado un lenguaje con un abecedario y unas reglas ortográficas definidas. La tradición nos permite ver al hombre no sólo como individuo, sino también como especie, puesto que la tradición sobrevive en la especie y no en el individuo, quien sólo la usa y la enriquece.

El hombre en tanto que individuo, al engrosar las filas del ejército llamado especie humana, inevitablemente es moldeado por la tradición. Su carácter en cierta forma es moldeado, por al menos (lo que yo alcanzo a distinguir): 1.- la tradición humana (especie); 2.- la tradición histórico cultural propia de una nación; 3.- la tradición familiar; 4.- la tradición profesional/laboral… etc.

Para el presente tema, nos importa la influencia de la tradición y la historia de nuestra cultura que ha permeado nuestro carácter. Un repaso mental de la historia mexicana de sólo algunos segundos bastará para ponerse en contexto. Históricamente, los habitantes que lo hacen y lo han hecho sobre lo que hoy es territorio mexicano, han vivido durante gran parte de la línea del tiempo mexicana en un estado de sumisión de súbditos:

1.- Tenochtitlan; una ciudad-imperio cuyo ciclo de vida comprendió aproximadamente 200 años. A muy grandes rasgos,  funcionaba con una sola autoridad, absoluta, y el resto de los tenochcas obedecían órdenes, eran subordinados. Tenochtitlan era una potencia económica.

2.- Nueva España; Por 300 años fue una provincia de la más grande y poderosa corona del mundo, donde el rey de la Metrópoli y la nobleza española mandan. El resto de los “ciudadanos” obedecen órdenes. La relación es la misma, son subordinados a una autoridad. Nueva España era una potencia económica.

3.- México independiente; 200 años como nación independiente, soberana, democrática y demás, donde nosotros mismos  tratamos de llevar las riendas. Las cosas no marchan muy bien, existen problemas internos muy delicados para la nación, y lo que nos interesa: la economía, no marcha bien. No somos una potencia económica a nivel mundial.

Quinientos años, poco más, poco menos, en los que la historia se ha encargado de forjarnos un carácter de subordinados, de saber escuchar, seguir órdenes, no saber mandar, no tener iniciativa y carecer de emprendimiento. Quizá por eso los últimos 200 años no sean tan buenos dentro de la historia mexicana. Y es hasta este punto donde quería llegar. La historia influye, moldea y determina. No es nuestra culpa tener el carácter que tenemos, los hechos acontecieron así, nos marcaron y nos hicieron lo que ahora somos. Nosotros no escogimos serlo. Tenemos un carácter y un perfil propio de un obrero y no de un empresario aventurero arriesgado y demás. Y no está mal ser así. Lo que yo pienso que está mal es no aceptarnos como somos. El ser obrero, el ser mano de obra generalmente se ve como un defecto, cuando, si lo aceptamos puede ser una muy buena virtud. El no ser emprendedor lo vemos como un defecto, pero si lo sabemos aprovechar puede convertirse también en una virtud y en una llave para generar riqueza cuando, quienes son emprendedores, líderes o jefes necesitarán mano de obra, aquí estaríamos dispuestos nosotros con un perfil adecuado para serlo, para explotar al máximo nuestro carácter y aptitudes. En México todos queremos ser abogados, doctores, empresarios o ingenieros. Equivocadamente nos han dicho que ese es el camino a seguir. ¿Por qué no pensar en ser técnicos, obreros y demás? Nos han vendido una idea contradictoria: cualquier trabajo es digno, pero nadie quiere ni aspira a ser obrero, mano de obra ni campesino. ¿Hay algún demérito en serlo?

Esa es la propuesta que hoy quiero hacer. Mi teoría es que en la medida en que aceptemos nuestras aptitudes y limitaciones sin ningún prejuicio, en que aceptemos verdaderamente cualquier trabajo importando nuestras capacidades y límites y no el título o el sueldo, y que aceptemos la influencia de la tradición sobre nosotros como nación y como individuos; ese día comenzaremos a generar riqueza, pues haremos lo que por tradición histórico-cultural sabemos hacer.

Los estoicos decían que la libertad consiste en la elección de dos posibles opciones: aceptar nuestro destino y caminar junto con él, o no aceptarlo y entonces ser arrastrados a la fuerza por él. Al día de hoy, bajo las circunstancias y el contexto que nos envuelven valdría preguntar: ¿qué es lo que queremos, seguir siendo arrastrados o ponernos de pie y caminar junto con él?

2 comentarios en “Sobre la aceptación de las propias capacidades y limitaciones individuales y sociales

  1. Duda, Toño: suponiendo, sin conceder, que de hecho el carácter del mexicano le impide, por tradición, el emprendedurismo, ¿cómo explicas la existencia de empresas mexicanas como Concepto Total, Bimbo, Telmex y la misma Eudoxa?

    Concedo en que si las capacidades personales son unas, la comunidad debería velar porque fueran promovidas y no minadas, como sucede con las artes técnicas o las actividades de los obreros y campesinos. Sin embargo, ¿no es igual de reduccionista suponer que todos deberíamos ser empresarios, a que todos deberíamos ser obreros?

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