La decisión más difícil

Rostros, de Escher

Por: Juan José Díaz

Twitter: @zoonromanticon

Cuando de responsabilidad se trata, la decisión más difícil es saber decir adiós a un proyecto en el que participamos o, de plano, decir que no debemos entrar.

En tanto que nuestra primera responsabilidad es con el sano desarrollo de nuestra empresa, es indispensable saber tomar esa difícil decisión. Dos historias ilustran mi punto.

La primera ocurrió hace un par de años. A un buen amigo le ofrecieron un excelente puesto en una institución de mucha fuerza y tradición: querían que fuera subdirector nacional de capacitación y formación. El sueldo era casi tres veces mayor que el que recibía en ese momento y tenía prestaciones muy por encima de las exigidas por la ley. Sin embargo sabía que no era la persona adecuada para el puesto. No por sus talentos, pues cubría el perfil y, además, confiaba en el buen juicio de quien le ofrecía el trabajo. Si le habían dado esa oportunidad era porque debían saber que podría con el paquete.

¿Por qué no sería, entonces, la persona para el puesto? Porque estaba relacionado emocionalmente con una tercera persona dentro de la oficina con la que tendría que colaborar y, por experiencia, sus estrategias y estilos de management eran absolutamente contradictorios. Lo que él hubiera podido aportar, por mejor que fuera, hubiera minado parte del excelente trabajo que aquél tercero había construido. Lo mejor y más responsable fue rechazar ese puesto.

La segunda historia es la de un director divisional de una gran empresa (familiar, sin embargo) que tenía a su cargo a la mayor planta de empleados de toda la organización. Cierto día le avisaron que se había desocupado un espacio en el consejo de administración y que querían ofrecerle ser parte de los socios, que hasta ese entonces habían sido exclusivamente familiares directos del fundador.

La empresa atravesaba un momento de expansión y sus áreas comerciales se encontraban en ese momento riesgoso que puede engendrar o un gran éxito o un terrible fracaso. Las finanzas estaban estables, pero muy por debajo de la meta anual y este director tenía todas las cualidades que buscaban en un consejero. Él, después de mucho pensarlo, decidió aceptar el puesto.

Después de cuatro meses tuvo que retirarse, pues aunque sus habilidades eran ideales, hubo una serie de circunstancias personales que obstruyeron su desempeño en el consejo. Cuando tomó el puesto acababa de casarse y al poco tiempo tuvo un hijo, lo cual le demandó una atención especial a su vida familiar. Esta atención le exigió enfocarse en resultados económicos al corto plazo que no fueron compatibles con la visión de mediano que requiere un consejo de empresa en plena expansión. Por más que lo intentó, su modus vivendi lo terminó por separar del consejo. No pasó a mayores, salvo que se perdió un tiempo valioso en la gestión de la empresa: hoy es un exitoso director divisional (otra vez) y el consejo se mantiene 100% familiar.

Lo que nos enseñan estas dos historias es lo difícil que es tomar una decisión contraria a nuestros propios deseos e intereses. El reto está en velar por los intereses de la empresa y cuidarla incluso de nosotros mismos. Sólo en ese cuidado garantizamos la permanencia y el desarrollo pleno de ese ente que por naturaleza genera riqueza para todos los que se involucren con él.

Esta actitud, contrario a lo que parece a primera vista, no tiene por qué parecer la de un mártir. No es un martirio, sino una decisión prudente lo que aquí se revela. Lo que parece ser una elección contraria a nosotros mismos (¡Cómo podría dejar pasar esta oportunidad!) es, en realidad, una opción a nuestro favor: proteger el futuro de la empresa es protegernos a nosotros, en tanto miembros de ella.

Este cuidado o protección es una de las premisas indispensables para poder avanzar hacia el modo de gestión propio del siglo XXI.

Sé que este modo de decidir conlleva muchos matices que no he revisado aquí, pero quisiera que fueran saliendo poco a poco y, por qué no, ustedes me ayudaran a identificarlos.

¿Has tenido que tomar una decisión que te oriente hacia un bien mayor, aunque sea más remoto?

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