Mnsags d Txto y demás influencias tecnológicas a la lengua

Por: Antonio Briseño

Twitter: @antonio_bri

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Hola, bby. Aquí, trabajando, y tú? (Enviar mensaje)

StOy N lA sKoOl. Q oNdA, pAsAs X meE? SaLgO a La 1! (Send)

Si claro pro ygaría como a la 1ymedia. M spras, va? (Enviar mensaje)

Awww… Xq TaN tArDe nn. OkI t sPeRo PrO nO tArDs, Eh? (Send)

No flaka, nos vmos al rato. TQM (Enviar mensaje)

HaStA aL rAtO bBy IOvE 2! (Send)

Es fácil imaginar una conversación, como la anteriormente recreada, en las pantallas de un par de teléfonos celulares de dos personas que tienen una relación amorosa. La tecnología ha cambiado los modos de comunicarnos, de ponernos en contacto, de convivir y de trabajar. Uno, indirectamente con ayuda tecnológica, puede hablar, escribir y chatear con alguien conocido (o desconocido) que se encuentre razonablemente lejos como para no poder hacerlo de modo directo. Se pueden cerrar negocios, dictar conferencias, estar no presencialmente en juntas y demás actividades humanas que anteriormente tenían como condición de posibilidad la presencia física y la interacción directa entre individuos. Esto (el cambio lento pero constante del paradigma de la interacción humana)  es un tema ya muy discutido por sociólogos, psicólogos, filósofos y demás personas que se han especializado en el tema. Sin embargo, este avance tecnológico también está cambiando otro paradigma, y sobre él quiero hablar hoy. Me refiero al lenguaje.

Existe una institución denominada Real Academia de la Lengua Española (RAE, por sus siglas), la cual se encarga de establecer leyes ortográficas, de sintaxis y significados de palabras y expresiones. Todos estos encargos los hace con el único fin de regular uno de los idiomas más comunes en el mundo: la Lengua Española[1]. En la actualidad, al comunicarnos de un modo menos personal y más tecnológico, solemos violar las reglas de sintaxis, ortografía y significación impuestas por la RAE. Esto queda claro en conversaciones como la recreada anteriormente; y pasa tanto en un mensaje de texto como en un e-mail o en una publicación de Facebook o Twitter. Generalmente quien lo hace lo lleva a cabo conscientemente, ya sea por comodidad, por espacio, etc., y luego por costumbre lo dejan así y se acostumbran a escribir de la misma manera en ámbitos más “formales”, por llamarlos de algún modo.

La respuesta más común a este modo de “depravar” el lenguaje es la crítica negativa y conservadora: escribir así es una ofensa a uno de los idiomas más ricos del planeta. Es una falta de respeto a quienes lo hablan y lo escriben y al lenguaje mismo, pues las reglas (aun las ortográficas) están para respetarse y no para romperse. De ignorantes (eufemismo) son tachados (por los “intelectuales”, cabe aclarar) todos aquellos que no escriben correctamente la Lengua Española.

La RAE, como instituto rector y regulador, ha intervenido ya en casos como éste. Dentro de la Lengua Española existen palabras que provienen de otros idiomas y que están aceptadas dentro de las palabras pertenecientes al idioma. Así por ejemplo, tenemos los galicismos, que son todas aquellas palabras provenientes del francés, como chef. Existen también los anglicismos, cuyo origen es la lengua inglesa: acceder. Otra influencia a nuestro idioma son los germanismos o palabras de origen alemán, como Rodrigo. También nuestros antepasados aportan palabras a la lengua que hoy hablamos, como pasa con chocolate, palabra proveniente del náhuatl.

Todas estas influencias en algún momento debieron generar discordia entre quienes pretendían la pureza del idioma y entre quienes aceptaban sin problema el enriquecimiento de éste mediante el uso de palabras de otros lenguajes. Discordias como las que hoy provoca el tema de la tecnología  al alterar de modo significativo el lenguaje.

La cara contraria de la moneda también está allí, si la Lengua Española ha aceptado influencias de otros idiomas, ¿por qué no aceptar ahora las influencias tecnológicas?

No es que yo esté a favor de esta modificación del lenguaje, simplemente esta cuestión me recuerda mucho a una figura legal llamada “usos y costumbres”, en donde una acción que no se tenía contemplada por la ley para ser regulada, funciona porque la gente la usa así de modo informal y se vuelve un hábito, a tal grado de generar costumbre que tiene como siguiente paso ser contemplada dentro de la ley. Mi entender me dice que algunas palabras han sido incluidas dentro del diccionario de la RAE por Usos y costumbres, por ejemplo: “buey” (con sentido despectivo, no bovino).

Así pues, ¿será el momento de aceptar los cambios dentro del paradigma del lenguaje sugeridos por la tecnología? O, ¿será el momento en el que deben apretar los conservadores para mantener viva esa riqueza y complejidad que caracterizan a la Lengua Española?


[1] El nombre correcto del idioma que hablamos es Lengua Española, y no castellano. El castellano es el idioma originario que dio paso a distintos dialectos como el español, el mexicano, el argentino, etc. La RAE determinó llamar Lengua Española a una lengua influenciada por todos los  dialectos provenientes del castellano, con el único fin de unificarlos y evitar así tener dialectos al infinito.

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