Tres principios de Responsabilidad Social

Daniel Baremboim

Por: Juan José Díaz
Twitter: @zoonromanticon

Hace muchos años, en un lugar del lejano oriente, un maestro Zen llamó a sus alumnos y les contó la siguiente historia:

“Hubo una vez un hombre que plantó un Bambú pues quería verlo crecer grande y fuerte en su jardín. Trabajó la tierra y la regó diligentemente durante días y semanas. Y la planta no salía. Fue al templo y oró por su Bambú. Y la planta no salía. Le preguntó a su maestro, “Maestro, ¿por qué mi bambú no ha crecido alto y fuerte como los del Templo?”, y el maestro, acariciando su largo bigote, le contestó: “las virtudes se ocultan en lo más profundo de la paciencia”. Y la planta no salía. Después de meses de cuidados y trabajo el hombre se desesperó y abandonó a su planta. Dejó el jardín solo y partió a un largo viaje. Cierto día otro hombre pasaba por el jardín y vio un retoño de Bambú abrirse paso hacia el cielo. Se acercó y ayudó a la planta a seguir su camino. La regó y trabajó la tierra, arregló el jardín y, poco tiempo después, tenía un Bambú grande y fuerte”.

Al igual que el Bambú, la RSE es una planta que requiere mucho tiempo y esfuerzo para que brote y dé los frutos que esperamos. Necesitamos ser pacientes y saber que, mientras no vemos los resultados de nuestros programas de RSE, estos están echando raíces profundas y asegurándose así una existencia a prueba de tempestades y ataques de casi cualquier tipo.

Es cierto, esta tardanza requiere mucho compromiso y una gran dosis de confianza en que lo que hacemos vale la pena. Muchas veces estaremos tentados a dejar el jardín y huir en un viaje hacia otros destinos que prometen premios a corto plazo y de menor esfuerzo. Pero si sucumbimos estaremos cambiando lo más por lo menos. ¿Idealismo? No. Realismo: se requiere muchísimo realismo para saber que detrás de los meses de trabajo invisible comenzará a crecer un Bambú que aporte verdadero valor a nuestra empresa.

Otra imagen que me gusta mucho me la contó un poeta griego. Según él los empresarios socialmente responsables son personas poseídas por un fuego tan grande que si no lo ponen al servicio de su comunidad ellos mismos se consumen hasta las cenizas. Dicho fuego es un reflejo del entusiasmo propio de aquellos espíritus emprendedores: espíritus –me decía- arropados por una pasión desbordada y una necesidad innata e ineludible de ayudar a los demás. “Un empresario es un poeta”, afirmó. “Así como yo o como Kavafis o como el inmortal Homero tenemos un arrebato que nos quema cada vez que escribimos nuestros poemas, ustedes los empresarios viven igualmente dentro de una tormenta creativa que los consume cada vez que intentan obviarla. ¿Por qué pueden descubrir un modo y otro modo de satisfacer necesidades de sus clientes? Porque son capaces de empatía y de admiración: admiran la sorpresa y la alegría con la que sus clientes reciben sus productos y servicios, así como nosotros admiramos las lágrimas y risas de nuestros lectores. Ustedes y nosotros somos creadores, poetas, que mejoramos al mundo: nosotros desde el espíritu, ustedes desde la materia”.

Mi amigo poeta griego añadía a la paciencia la pasión. Y estoy de acuerdo con él, pues aunque parezca una contradicción, el empresario socialmente responsable debe saber balancear entre el fuego creativo de su entusiasmo productivo y la paciencia propia de los sabios orientales. Pone su entusiasmo en una válvula que va racionando su fuerza conforme va siendo necesario, para ni quemar al Bambú, ni para matarlo de obscuridad.

Por último, quisiera compartirles una última historia. Cuentan los melómanos que Gustav Mahler y Sibelius se encontraron un día para tomar una cerveza y discutir sobre música. Según Sibelius las sinfonías debían tratar de un solo tema para poder desarrollarlo completamente; por el contrario, Mahler afirmaba que debían ser como un aleph borgesiano y tratar de absolutamente todo: debían contener en sí mismas a todo el universo.

Pues bien, la responsabilidad social empresarial es mahleriana. No puede enfocarse nada más en un aspecto de la realidad y desarrollarlo completamente mientras se olvida de todo lo demás. Debe, al mismo tiempo, velar por las utilidades y el desarrollo de la comunidad; debe cuidar a sus colaboradores e impulsar una cultura del trabajo productiva y eficiente; debe curar al medio ambiente y explotarlo…

Son tres historias y tres metáforas de la responsabilidad social. Paciencia, pasión y visión de la totalidad son tres factores que debemos contemplar para poder comenzar a gestionar la Responsabilidad Social en nuestra empresa. Sin la primera, dejaremos que el proyecto perezca en el olvido; sin la segunda, caeremos en una operatividad rutinaria y aburrida; sin la tercera descuidaremos alguna de las facetas de nuestra empresa y, como un barco demasiado cargado de un lado, nos inclinaremos hacia el océano y naufragaremos.

¿Cómo viven en tu empresa estos tres principios?

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