Un río de ideas

Por: Elizabeth G. Frías

Twitter: @elinauta

Dice un proverbio chino que es más fácil variar el curso de un río que el carácter de un hombre. En ocasiones parece que es verdad: muchas de nuestras acciones son previsibles y tenemos hábitos tan arraigados que parecieran formar parte indiscernible de nuestro carácter.

Lo anterior no necesariamente es negativo, en cierta medida, es lo que nos otorga coherencia y estabilidad. Sólo es negativo cuando olvidamos que el cauce de un río no es inamovible, sino que se modifica de modo incesante y evoluciona al ritmo de la corriente de agua que conduce.

Si imaginamos que ese flujo de agua es el flujo de nuestro pensamiento, comprenderemos la importancia de estar al pendiente de la forma y la dirección de su cauce. Por arriesgada que sea la analogía, podemos imaginar que el lecho del río, el surco en la tierra por el que corre el agua, está formado por todas aquellas experiencias, percepciones e ideas que han cruzado por nuestra mente y que han quedado resguardadas en nuestra memoria.

Las imágenes, los sonidos, las vivencias y los conocimientos que fluyen por ese río no desaparecen sin más de nuestra conciencia, sino que constituyen el marco (el cauce) y el contexto en el que comprendemos y explicamos las nuevas experiencias. Es una influencia recíproca: el agua que corre no puede rebasar los límites del cauce del río, pero lentamente modifica su curso. El conjunto de recuerdos constituye una especie de acervo que nutre y enriquece nuestras vivencias posteriores. Por supuesto, entre más rico y vasto sea el acervo, más variados serán los matices y las sutilezas que seremos capaces de experimentar y de idear.

Esta consideración pone de relieve que es responsabilidad nuestra decidir y vigilar qué queremos que constituya el cauce de nuestro flujo de pensamiento. Ver una escena de violencia explícita, por ejemplo, deja marcas quizá no indelebles, pero sí profundas en nuestra sensibilidad. Las consecuencias pueden ser distintas para cada persona, quizá frente a una nueva situación de violencia algunos le den menos importancia, otros la resientan más y otros más acaso sean capaces de penetrar de forma más aguda en lo que sucede y hallarle nuevas aristas. Lo cierto es que de una u otra manera su sensibilidad se verá modificada.

También somos responsables de ensanchar el cauce de ese río con nuevas experiencias y conocimientos, de modo que podamos darle suficientes elementos a nuestra creatividad para realizar nuevas relaciones y favorecer la aparición de ideas nuevas. Ampliar los límites de nuestro pensamiento permite contemplar los hechos comunes desde nuevas perspectivas.

Viene a cuento una cita de Steve Jobs:

“La creatividad es simplemente conectar cosas. Cuando le preguntas a las personas creativas cómo hicieron algo, sienten un poco de culpa porque en realidad no lo hicieron, sino que solamente lo vieron en algún lado. Después de un tiempo, les pareció obvio. Esto es porque fueron capaces de conectar las experiencias que han tenido y sintetizarlas en cosas nuevas. Y la razón por la cual pudieron hacerlo es que han tenido más experiencias o han reflexionado más acerca de sus experiencias que otras personas. Desafortunadamente, ése es un lujo escaso. Muchas de las personas en esta industria no han tenido experiencias muy diversas, así que no tienen suficientes puntos que conectar y terminan encasillándose en soluciones muy lineales, sin una perspectiva amplia. Entre más amplia es nuestra comprensión de la experiencia humana, mejores serán nuestros diseños.”

Por supuesto, una cantidad desmesurada de experiencias no necesariamente amplía positivamente nuestros horizontes. Ante la enorme cantidad de información a la que estamos expuestos, lo importante es tener criterios claros y realizar un cuidadoso proceso de selección, pues al incorporar de este modo la cultura nos construimos a nosotros mismos.

Quizá la metáfora sea un tanto obvia, pero podría ayudarnos a hacer más claros nuestros criterios. No significa necesariamente que haya que censurar o suprimir algunas partes de nuestra cultura, sino que cada uno de nosotros debe marcar sus límites personales: afirmar la propia libertad al decidir razonadamente qué estamos dispuestos a dejar que forme parte de nuestra sensibilidad presente y futura. Con tal criterio podremos construir un acervo personal, amplio y nutrido con lo más valioso que podamos encontrar y experimentar. Este criterio, a su vez y con un poco de suerte, afectará el flujo de información que recibimos, el que es producido por los grandes medios de comunicación que, no lo olvidemos, producen lo que la mayoría está dispuesta a consumir. Regular personalmente el flujo de ideas y experiencias para modelar su cauce en lo individual, de modo que repercuta en lo colectivo. Hay quien dice que así se construye cultura.

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