Despedida Eudoxa

Por: Fernando Villela Aranda

Twitter: @Featum

Hace más de dos años que Juan José y Emilia me invitaron a ser parte de Eudoxa. Para entonces esto era sólo un proyecto, un borrador de la empresa que debía ser. He de aceptar que me uní a ellos sin mucha noción de la idea que tenían en mente, pero con todo el ánimo del mundo.

Se vinieron horas de trabajo para dar sentido y estructura a lo que se había planteado. Juntas en la casa de Emilia hasta altas horas de la noche, después de trabajar en MAP, sesiones de fotos, proyecciones de videocasts (que regresarán, estoy seguro), buscar oficinas… Se plantearon los productos, se idearon la Cartelera Eudoxa y el presente Blog.

Primero bajo el mando de Juan José y, de un tiempo para acá, con la guía de Emilia. Primero se le dio estructura a la empresa y ahora Emilia, con un toque directivo único, nos ha llevado a lo que somos hoy. No tengo modo de expresar mi admiración para la guía que ha sido ella para con nosotros. Es una jefa que sabe dirigir, cuidar, hacer crecer y afianzar a su gente y empresa… ojo CEOs del mundo.

Vimos los conocimientos y experiencia de Alberto para impulsar distintos proyectos gastronómicos, muchos de los cuales siguen en pie, esperando el momento para explotar. Desde la consultoría gastronómica, como ninguna otra en el mercado, hasta sus aportaciones intelectuales y culturales con una visión global al negocio de la comida, y la planeación de publicaciones.

Hemos creado toda una comunidad virtual que ha logrado generar una red de intercambio de ideas, efemérides y movimientos intelectuales que motivan las bases de nuestras creencias. Eudoxa se convirtió en una casa de demasiados temas. Lo común es nuestra fuerte convicción en la necesidad de un rigor académico, fuerte espíritu crítico y esfuerzo intelectual.

Juan José nos ha mostrado de modo sencillo y accesible la relación de la filosofía, el arte y la cultura con la vida empresarial. Nos ha mostrado cómo su vinculación tiene fuertes repercusiones humanas, sociales y económicas… qué mejor para una empresa.

Pocas instituciones se pueden jactar de tener en sus filas a uno de los mejores pianistas de México. Santiago es amigo, artista y renovador de ideas, que con su buen humor nos lleva de la risa a la reflexión.

El trabajo no tiene mayor sentido sin la participación de todo un equipo. Como decimos en el Baseball “equipo cubre”. Toño, filósofo de conservadoras ideas que en el contexto actual suenan novedosas, tiene mil y un construcciones para transmitir sus ideas y todas las herramientas para hacer que su trabajo sea redituable.

Ana es el trabajo silencioso. Ese trabajo que no se ve, que no se suele reconocer pero que hace tanta falta. Si un día faltara, Eudoxa se vendría abajo. March, por otro lado, es un ejemplo de tenacidad, esfuerzo y buena cara ante la adversidad. Ellas dos son reflejos de lo que debemos lograr.

Todo éxito es la combinación de talento, trabajo y creatividad. Eudoxa tiene a Liz la encarnación de dichas virtudes. Brillante al extremo y con una visión artística única, toca con peculiar perspectiva todo lo que ve. En Liz, Eudoxa encuentra uno de sus mejores miembros.

Desafortunadamente no podré seguir colaborando con Eudoxa por algún tiempo. La vida me ha llevado por otros caminos que me obligan a abandonar este proyecto. El presente es el último texto de mi parte que se publica de modo periódico en arrobaeudoxa. Espero regresar en un tiempo futuro, pero por ahora debo dejar lo que se convirtió en mi primer medio de difusión de ideas.

No tengo sino agradecimiento para la joven pero fuerte institución que hoy es Eudoxa. En primer lugar para Juan José y Emilia, eternos agradecimientos. Para todo el equipo, mi sincera admiración por el trabajo que cada uno realiza. En especial le doy un reconocimiento a Regina Oviedo, quien ha tenido la horrible tarea de apurarme con mis textos y editarlos. Gracias a ella mis faltas de ortografía, sintaxis y semántica no llegan a los lectores; las torpes ideas son culpa mía. Qué más puedo pedir.

Por último agradecer a todos quienes me prestaron su tiempo para leerme. Sepan que al escribir imagino sus rostros, desconocidos para mí. Los voy a extrañar más de lo que ustedes a mí. Prometo, si el tiempo y el padre azar lo permiten, regresar con ustedes.

Gracias a Eudoxa.

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