Delegar… ¿es perder poder?

Por: Ana Belén Díaz

Twitter: @anabee2

 

Conforme una organización crece las funciones que tienen los directivos empiezan a aumentar también, cada vez existen más actividades de las cuales es responsable.

Cuando el trabajo empieza a superar a la persona y, en lugar de permitir un flujo adecuado dentro del  mecanismo que entrama la empresa como sistema productivo, se convierte en un cuello de botella dentro de la organización, es momento de delegar responsabilidades.

Durante un tiempo se pensó que la única forma de mantener el poder era retener todas las actividades, evitar que los subordinados tuvieran acceso a responsabilidades y hacer que todas las decisiones recayeran en el directivo. Sin embargo, se ha demostrado que delegar responsabilidades es positivo para el directivo, el subordinado y la empresa.

Cuando hablamos de ceder autoridad o delegar nos referimos a la decisión del directivo de entregar la realización de ciertas actividades a un subordinado, con la finalidad de tener más tiempo para enfocarse en otras que sean más importantes y trascendentes para la gestión de la empresa y con esto mejorar la eficiencia del trabajo de la organización.

La imposibilidad de que alguien realice todo el trabajo por sí mismo hace que el directivo deba tener y desarrollar dos habilidades: la capacidad de decidir qué actividades son aquellas que puede delegar y cuáles no y, por otro lado, reconocer el talento dentro de su equipo de trabajo para entregar las actividades de acuerdo a la competencia de cada empleado.

Para traspasar las actividades, el directivo tiene que delimitar perfectamente las responsabilidades y explicar el contenido de las tareas a realizar, el tiempo y recursos con los que se cuentan para llegar a los objetivos.

La delegación aumenta el sentido de responsabilidad del empleado,  le permite demostrar todas sus habilidades y muchas veces se descubren destrezas que no se habían hecho presentes anteriormente. Se incrementa el liderazgo del delegado al tener la posibilidad de tomar decisiones y enfrentarse a situaciones nuevas.

Pero sobre todo es una fuente importante de motivación. El empleado siente que el directivo reconoce sus capacidades, se siente apreciado y valorado en la empresa. La confianza de su jefe crea en él un espíritu más fuerte de pertenencia a la compañía, con esto se evita que el empleado sienta la necesidad de buscar otra institución donde pudiera demostrar su valía.

Si se tiene directivos enfocados en las funciones de gestión, dirección y control, y al mismo tiempo empleados motivados y comprometidos con su trabajo, la empresa tendrá un correcto funcionamiento y un mejor rendimiento que lo posicionará sobre su competencia, obteniendo mayores rendimientos.

Sin embargo, ceder responsabilidades no significa entregar las actividades y olvidarse de ellas; supervisar su correcto funcionamiento y la consecución de los objetivos es una tarea fundamental del directivo. Siempre se necesitará al jugador que coloque las piezas y las mueva dependiendo de la situación para lograr el jaque mate.

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