De cuando todos nos convertimos en críticos gastronómicos

Por: Margot Castañeda

Twitter: @martxie

“El trabajo del crítico es sencillo en más de un sentido. Arriesgamos muy poco, y sin embargo usufructuamos de una posición situada por encima de quienes someten su trabajo y su persona a nuestro juicio. Prosperamos gracias a nuestras críticas negativas, que resultan divertidas cuando se las escribe y cuando se las lee.”

Anton Ego ( Ratatouille)

 

 

Érase una vez, no mucho tiempo atrás cuando la gente vivía sin redes sociales. ¿Pueden creerlo? ¡sí! La gente se reunía para conversar y los amigos eran sólo aquellos a los que se conocía en persona. Los teléfonos realmente se usaban para hablar y los novios se escribían cartas a mano. Era un mundo diferente en todos los aspectos y la industria gastronómica por supuesto, también lo era: los restaurantes se anunciaban solo en los medios impresos y las recomendaciones viajaban lentamente entre los comensales.

Ahora esas recomendaciones se mueven más rápido gracias a la facilidad del internet móvil y al poder comunicativo del que gozamos todos con las redes sociales. Estas nuevas plataformas tecnológicas nos han dado la oportunidad de sacar nuestro talento innato para comunicar y opinar sobre todo. Hay que reconocerlo: nos encanta opinar y si de comida se trata, todo mundo quiere hablar. Basta que nos demos una vuelta en nuestros TL y algunos blogs circulando en la red para darnos cuenta de que ha surgido la crítica gastronómica informal. Sólo se necesita un smartphone y una cartera llena para contribuir a dicha actividad.

No estoy hablando del periodismo gastronómico ni mucho menos. Eso se cuece aparte, me refiero a que hoy los comensales comunes como yo, como ustedes (sin importar su profesión) jugamos el rol de críticos al exteriorizar nuestras opiniones en la red.

Por supuesto, estoy a favor de utilizar las redes sociales como medio de expresión libre y confieso que me encanta utilizarlas. Pero también estoy a favor del juicio crítico y creo que es nuestra responsabilidad como comensales y comunicadores saber la diferencia entre ser críticos y ser criticones.

La verdad es que los comensales somos los críticos más exigentes, y los que mostramos menos sensibilidad y misericordia en nuestros juicios. Jugamos con reglas diferentes, porque no tenemos que validar ninguna información antes de publicarla y a veces no nos damos cuenta del posible daño que podemos traerle al restaurante que critiquemos.

Así que, mi intención no es restringirlos de convertirse en críticos gastronómicos (profesionales o no), sino invitarlos a tomar en cuenta algunos aspectos antes de hacerlo.

Primero que nada creo importante reconocer que una buena experiencia gastronómica no sólo depende de que el restaurante sea bueno, sino de que los comensales también lo sean. Es nuestra responsabilidad como comensales no sólo apreciar los errores, sino también los aciertos; así como identificar hasta dónde se vale exigir, y bajo qué parámetros podemos formar nuestros juicios.

Sé perfectamente que no podemos tener juicios objetivos en este caso, pero sí podemos ser conscientes y justos. Por favor, pensemos un poco en el enorme esfuerzo que realiza un restaurantero para crear la mejor experiencia gastronómica para nosotros. Pensemos en que no por pagar nuestra cuenta tenemos el derecho absoluto sobre el restaurante y por último, reconozcamos que la diferencia entre ser crítico y ser criticón es que un crítico además de ser imparcial, ofrece una propuesta constructiva, mientras que el criticón solamente se queja.

Lo que realmente aporta valor es formar un buen juicio crítico y eso se logra cuando nos permitimos a nosotros mismos experimentar con todos los sentidos nuestra esencia en el restaurante. Eso nos permite sensibilizarnos y abrir nuestra percepción a todos los aspectos y detalles, porque recordemos que un buen restaurante ofrece un concepto integral y cultural, no se trata sólo de la comida o del aspecto de los meseros.

Por supuesto, lo más recomendable para lograr lo anteriormente expuesto es prestando toda nuestra atención a la experiencia y dejar descansar nuestros smartphones con acceso a internet. Siempre habrá tiempo de reseñar la experiencia, pero en el momento de vivirla lo importante es compartir con nuestros acompañantes, más que con la comunidad virtual.

 

 

 

 

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